← Abrir la página interactiva

Archivo Quilmes

Historia completa de Quilmes Atlético Club

Relato histórico completo, desde los antecedentes del club hasta la actualidad.

Antes de la ciudad: el pueblo kilmes

Mucho antes de que Quilmes fuera el nombre de una camiseta, una estación de tren o una fábrica de cerveza, fue el nombre de un pueblo indígena. Para comenzar esta historia hay que alejarse de la costa del Río de la Plata y mirar hacia los valles calchaquíes, en el noroeste del actual territorio argentino. Allí vivían los kilmes, en una región de comunidades que resistieron durante largo tiempo el avance de la conquista española. El nombre que terminaría identificando a una ciudad bonaerense llegó desde ese mundo y conserva la memoria de un desarraigo.

La resistencia atravesó décadas de enfrentamientos. A partir de 1630, las rebeliones de los valles dieron lugar a una prolongada guerra contra el dominio colonial. Las campañas españolas buscaron quebrar a las comunidades también mediante la destrucción de sus cosechas: quitarles el alimento era una manera de volver insostenible la defensa del territorio. En 1665, el hambre y el aislamiento terminaron por doblegar a los kilmes.

Tras la derrota, el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta dispuso su expulsión. Familias enteras fueron obligadas a abandonar sus tierras y a recorrer la distancia que separaba los valles de la llanura rioplatense. No se trató de una migración elegida. El traslado forzoso rompió el vínculo cotidiano con sus cultivos, sus viviendas y los lugares alrededor de los cuales habían organizado su vida. Ese episodio es el punto de partida de la presencia kilme en la ribera bonaerense.

La reducción y el nacimiento del pueblo

En 1666 se estableció la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes. Una reducción era un asentamiento donde las autoridades coloniales concentraban a poblaciones indígenas bajo su control y el de la Iglesia. El nuevo nombre reunía la advocación religiosa con la identidad del pueblo trasladado. De esa denominación extensa perduraría, con el tiempo, la palabra Quilmes.

La vida en el nuevo asentamiento estuvo marcada por las consecuencias del destierro. A la pérdida del territorio de origen se sumaron enfermedades como la viruela y la tuberculosis, las dificultades para conseguir sustento y la ocupación progresiva de tierras por otros pobladores. La reducción fue transformándose con la llegada de personas de distintos orígenes, mientras disminuía la población indígena que había sido trasladada allí. La historia urbana posterior se levantó sobre esa experiencia, que el nombre de la ciudad todavía recuerda.

El 14 de agosto es la fecha con la que se conmemora el nacimiento de Quilmes, pero conviene detenerse en su significado. La llegada de los kilmes se sitúa en el segundo semestre de 1666, sin que se conozca con seguridad el día. El 14 de agosto corresponde a otro acontecimiento: en 1812, el Primer Triunvirato dio por terminada la reducción y declaró a Quilmes pueblo libre. El calendario de la ciudad enlaza así el año de su origen colonial con el día y el mes de una transformación posterior.

Entre ambos momentos, Quilmes había ido adquiriendo una importancia territorial mayor. El antiguo partido comprendía una extensión mucho más amplia que la actual; de ella surgieron, mediante sucesivas separaciones, varios de los municipios del sur del área metropolitana. Por eso recibió la expresión de madre de ciudades. Para comprender las referencias antiguas a Quilmes hay que tener presente ese mapa cambiante: un establecimiento situado entonces en el partido puede encontrarse hoy fuera de sus límites.

La tierra, el río y los saladeros

Antes de las grandes fábricas, la ganadería y el aprovechamiento de sus productos dieron forma a la economía regional. Los saladeros fueron parte de ese paisaje de trabajo. Allí se procesaba carne con sal para conservarla y comercializarla como tasajo; también se obtenían cueros. La producción enlazaba la cría de ganado con los establecimientos de procesamiento y las vías de salida hacia otros mercados.

Durante las primeras décadas del siglo XIX, los saladeros se extendieron entre Barracas al Sur y Ensenada. Las Higueritas, vinculado a Juan Manuel de Rosas, Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego, fue uno de los establecimientos de ese circuito situado en el antiguo partido de Quilmes. Su ubicación histórica debe leerse con aquellos límites, mucho más extensos que los actuales.

La sal era un insumo central de esa actividad. Su transporte hasta las playas de Quilmes y Atalaya y la relación con el puerto de Ensenada muestran cuánto dependía aquella producción de las conexiones fluviales. La costa participaba de la economía del trabajo y el intercambio, antes de convertirse también en un lugar de paseo. Los saladeros ayudan a entender esa etapa previa al paisaje fabril que luego distinguiría a la zona.

El ferrocarril y una nueva vida urbana

La llegada del ferrocarril en 1872 abrió una nueva etapa. El tren acercaba personas, trabajos y mercados, y alrededor de sus estaciones se fueron organizando actividades que modificaron la vida de la localidad. La transformación no ocurrió de un día para otro: el mundo rural convivió con un pueblo que ampliaba sus comunicaciones, sus espacios de encuentro y sus posibilidades de empleo.

La historia de Quilmes y la de su club se desarrollaron en una ciudad que, hacia fines del siglo XIX, atravesaba una profunda transformación. El ferrocarril, las fábricas y el crecimiento de la población fueron cambiando sus actividades y su paisaje. La Cervecería Argentina Quilmes, fundada en 1888, comenzó a levantar sus instalaciones cerca de la estación y se convirtió en uno de los grandes centros de trabajo de la localidad. A ese proceso se sumaron otras industrias, como la Papelera Argentina y las instalaciones de Cristalerías Rigolleau.

También cambiaban las costumbres. El alumbrado de las calles mejoró y se extendieron el telégrafo y el teléfono. En ese entorno, las familias de la comunidad británica mantuvieron sus vínculos a través de colegios, iglesias y asociaciones. Los deportes formaban parte de esos encuentros. El fútbol fue creciendo dentro de esa vida social, junto a otras prácticas, antes de convertirse en un espectáculo capaz de convocar a una ciudad.

Cuando el fútbol empezó a reunir a los vecinos

El fútbol necesitó algo más que una pelota para arraigarse. Hacían falta compañeros, un terreno disponible y acuerdos para organizar los partidos. Los colegios ofrecieron grupos de jóvenes que aprendían a jugar; los trabajadores del ferrocarril encontraron espacios junto a las vías. Algunas compañías colaboraron con terrenos, materiales y mano de obra para acondicionar canchas. De esa combinación de educación, trabajo y tiempo compartido surgieron muchos de los primeros equipos.

Entre los primeros promotores estuvo Thomas Hogg, que buscó darle organización a una práctica todavía dispersa. Otro impulso llegó con Alexander Watson Hutton, quien arribó en 1882 para dirigir Saint Andrew’s Scotch School. Dos años después se alejó de esa institución y creó el Buenos Aires English High School. Su aporte fue enseñar el juego a los jóvenes como parte de su educación física: los alumnos podían llevar lo aprendido más allá de la escuela y formar nuevos equipos.

El paso siguiente consistía en transformar los encuentros aislados en una competencia regular. Alec Lamont, jugador y dirigente de Saint Andrews, participó de ese esfuerzo y más adelante actuaría también en entidades quilmeñas. En 1891 se organizó la Argentine Association Football League, que duró una sola temporada. Tras un año sin aquel campeonato, la liga se reorganizó en 1893. Tener rivales establecidos, un calendario y reglas compartidas daba a los clubes un marco para sostener su actividad.

Los primeros clubes y el significado de sus nombres

En ese ambiente aparecieron varias entidades deportivas que llevaban Quilmes en su nombre. Las denominaciones inglesas hablaban tanto de la comunidad que las impulsaba como de sus actividades: Cricket remitía a ese deporte; Football, al fútbol; y Athletic expresaba un campo de prácticas más amplio. Polo también figuró entre los nombres de aquellas asociaciones. No todos esos clubes tuvieron la misma duración ni todos los nombres pueden ordenarse como si fueran cambios sucesivos de una única institución.

Los primeros años presentan una dificultad: distintas instituciones utilizaron el nombre de Quilmes y no está resuelta la continuidad entre todas ellas. El Quilmes Club participó en el campeonato de 1893 y terminó tercero. Después de su desafiliación, el Rover’s Athletic Club representó a la localidad en el torneo de 1895. Estos antecedentes forman parte del surgimiento del fútbol quilmeño, aunque no deben confundirse automáticamente con la trayectoria del club actual.

La dificultad aumenta porque Quilmes Athletic Club fue también el nombre de una entidad anterior, nacida en 1892 para jugar al fútbol. Encontrar esas palabras en una noticia antigua no basta, por lo tanto, para atribuírsela al club que conocemos. Lo mismo ocurre con Rover’s Polo Club, Rover’s Athletic Club y Quilmes Club: pertenecen al ambiente deportivo local, pero la continuidad institucional entre ellos y el posterior Quilmes Cricket Club es discutida.

El viernes 5 de noviembre de 1897 se constituyó el Quilmes Cricket Club, con William Morgan como primer presidente. El fútbol se sumó a sus actividades y en 1900 el equipo participó en la liga. El 14 de octubre de 1901, una asamblea aprobó la denominación Quilmes Athletic Club. En este caso sí se trata de un cambio de nombre dentro de la misma institución: el término Athletic acompañaba una vida deportiva que ya excedía al cricket. Esa secuencia permite seguir el camino hacia el actual Quilmes Atlético Club.

Stevenson: el hombre detrás de la tradición

Joseph Thomas Stevenson ocupa un lugar especial en la memoria del club. Era un religioso sudafricano, ligado a la comunidad británica de Quilmes. Su nombre quedó asociado a la versión que atribuye la fundación del club al 27 de noviembre de 1887. Para entender su papel conviene distinguir esa tradición de los episodios en los que puede situarse concretamente su participación.

Stevenson llegó al país en 1895 para desempeñarse como capellán en la Iglesia de Todos los Santos, en la esquina de las actuales calles San Martín y Alsina. Esa fecha plantea un problema evidente para la atribución de 1887: su llegada ocurrió ocho años después. La discrepancia no elimina su relación con la historia deportiva quilmeña, pero obliga a examinar con cuidado qué se le atribuye y en qué momento.

Su presencia sí aparece en la reunión constitutiva del Quilmes Cricket Club del 5 de noviembre de 1897. Allí le ofrecieron la presidencia, que declinó por sus numerosas ocupaciones. El primer presidente fue entonces William Morgan. El episodio permite reconocer a Stevenson como participante de aquella fundación sin convertirlo, por esa sola intervención, en presidente ni dar por demostrada su actuación en 1887.

Su figura también estuvo vinculada al ámbito educativo: escribió una historia del Colegio San Jorge que abarca el período 1898–1935. La iglesia, el colegio y el club pertenecían a una trama de relaciones en la que se cruzaban personas y actividades. Situarlo en ese ambiente ayuda a comprender por qué su nombre quedó tan presente en los relatos de origen, aunque no resuelve por sí mismo la controversia sobre la fecha fundacional.

Una identidad y varias fechas de fundación

El 27 de noviembre de 1887 es la fecha tradicional y oficial que identifica al club. Junto a ella existe una interpretación histórica que toma el 5 de noviembre de 1897 como el comienzo de la continuidad institucional del Quilmes Cricket Club. La discusión depende de una pregunta concreta: si las entidades anteriores fueron etapas del mismo club o asociaciones distintas que compartieron localidad, deportes y algunos protagonistas.

Una investigación de Jorge Gallego, conocida en 2006, cuestionó la conexión entre aquellas primeras entidades y el Quilmes Cricket Club. Esa interpretación diferencia los antecedentes del fútbol en la ciudad de la institución cuya trayectoria puede seguirse desde 1897. La abundancia de nombres parecidos explica parte del problema: compartir el nombre Quilmes no demuestra una continuidad jurídica o institucional.

A la discusión se suma 1893, año que aparece como fecha fundacional en membretes del club de 1945 y 1946. Se ha propuesto como posible explicación una transferencia de un pequeño saldo de dinero del desaparecido Rover’s Athletic Club al Quilmes Cricket Club. Es una hipótesis, no una prueba suficiente para cerrar la cuestión. Una relación económica entre asociaciones y la continuidad de una misma entidad son problemas diferentes.

Los aniversarios tampoco componen una secuencia libre de contradicciones. Hay referencias a celebraciones del 5 de noviembre y testimonios que remiten a 1897, junto a otros cómputos que conducen a 1887. Tras el ascenso de 1949 se retomaron los festejos con el 27 de noviembre de 1887 como referencia. Estos cambios forman parte de cómo el club fue construyendo y transmitiendo su memoria. Conservar esas diferencias permite contar su historia con mayor precisión, sin quitarle el valor afectivo que la fecha oficial tiene para sus socios e hinchas.

Los primeros equipos y las competiciones

En 1900, Quilmes Cricket Club comenzó a competir en la liga. Su primera campaña terminó en el último lugar, pero el calendario ya lo vinculaba con los equipos alrededor de los cuales se estaba formando el fútbol organizado. Junto al campeonato disputó la Copa Competencia, donde lo eliminó English High School. Liga y copas ofrecían recorridos distintos: la primera permitía medir una campaña a lo largo de varias jornadas; en las segundas, una derrota podía terminar rápidamente con la participación.

Fuera de esos compromisos también había lugar para encuentros de exhibición. El 30 de septiembre de 1900, Quilmes y English High School jugaron en el velódromo de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Las dimensiones del terreno obligaron a presentar ocho jugadores por lado. Ese detalle permite imaginar un fútbol que todavía buscaba espacios para mostrarse y podía adaptar una exhibición a las condiciones del lugar.

English High School adoptó el nombre Alumni y pasó a dominar la competencia. Quilmes jugaba amistosos con ese equipo antes del comienzo de las temporadas y fue tercero en las ligas de 1901 y 1902. William Leslie y Edward Morgan integraron el conjunto argentino en el encuentro internacional de 1902 mencionado en esta etapa de la historia; Morgan fue además autor de un gol.

En 1903, Quilmes avanzó en la Copa Competencia después de superar a Barracas y a Lomas, antes de quedar eliminado por Rosario. Al año siguiente volvió a ocupar el último puesto de la liga. Las dificultades para reunir a los jugadores también podían afectar la competencia: ante Belgrano perdió los puntos por no completar el equipo.

El comienzo de 1905 dejó una victoria excepcional: el 7 de mayo, Quilmes derrotó 12–0 a Reformer, de Campana. Contaba con Spencer U. Leonard, llegado de Alumni. Ese mismo mes, un partido ante Belgrano se suspendió cuando Quilmes perdía 0–3, después de una invasión del campo. Se dispuso repetirlo, pero Belgrano anunció que no se presentaría y los puntos fueron adjudicados a Quilmes. El episodio impulsó una modificación reglamentaria.

Las copas ampliaban el recorrido más allá de la liga. En la Copa de Honor de 1905, Quilmes venció 9–0 a Lomas y 2–0 a Rosario Central antes de caer ante Alumni. En 1908 conquistó la Copa de Honor Municipalidad de Buenos Aires: superó a Argentino de Rosario y Rosario Central, y derrotó 2–1 a Porteño en la final. Como campeón argentino disputó después la Copa de Honor Cousenier en Montevideo, una competencia rioplatense diferente, cuya final perdió 2–0 ante Montevideo Wanderers.

El nacimiento de la rivalidad quilmeña

Mientras Quilmes Cricket Club incorporaba el fútbol, nacía otra institución destinada a darle a la ciudad una rivalidad duradera. Argentino de Quilmes fue fundado el 1 de diciembre de 1899. Con el tiempo, la identificación de unos con la comunidad británica y de otros con los criollos se convirtió en una de las formas de contar el clásico. Los nombres ingleses y criollos, johnnies y mates expresaban pertenencias que iban más allá de un resultado.

La explicación más difundida presenta el nacimiento de Argentino como respuesta a la exclusión de los criollos en Quilmes. Sin embargo, las trayectorias personales vuelven esa imagen menos sencilla: Julio Castellanos, fundador y primer capitán de Argentino, también jugó para el Quilmes Cricket Club en 1900. Ese cruce impide describir ambos ambientes como mundos completamente cerrados. La rivalidad tuvo una dimensión social, aunque sus orígenes no pueden reducirse a una única causa.

Hubo intentos de acercamiento, entre ellos una propuesta de fusión en 1904 que no prosperó. El primer clásico oficial se disputó el 25 de mayo de 1906 en Guido y Sarmiento. Quilmes ganó 3–1 con dos goles de Hooton y uno de Campbell, de penal; Aguirre descontó para Argentino. Quilmes también ganó la revancha y se impuso 9–1 en el encuentro de Copa Competencia de esa temporada.

En 1907 empataron 2–2 en la Barranca y Quilmes ganó 3–0 como local. La recaudación de este último encuentro fue destinada a los fondos de las Fiestas Julianas para los pobres de la ciudad. Argentino obtuvo sus primeras victorias en el clásico al año siguiente, con triunfos de 4–1 y 5–1.

La rivalidad continuó entre cambios de categoría y divisiones de las asociaciones. La reunificación de 1927 permitió volver a disputar el clásico: Argentino ganó 3–2 en Guido y Sarmiento. Quilmes respondió con un 5–1 en 1928. El último partido de Quilmes en el amateurismo también fue un clásico: ganó 1–0 como visitante el 12 de abril de 1931, en el cierre de la temporada de 1930.

El primer campeonato de Primera División

Antes de alcanzar el título, Quilmes alternó actuaciones prometedoras con campañas difíciles. En 1906 terminó segundo en su zona y venció por primera vez a Alumni en un encuentro oficial, 4–2. Hooton compartió el liderazgo de los goleadores del certamen con ocho tantos. En 1909, Quilmes fue tercero en la liga, pero en 1910 quedó anteúltimo y en 1911 terminó en la última posición.

El descenso que correspondía por esa campaña no se concretó. La salida de Alumni dejó un lugar disponible y Quilmes continuó en Primera. Al mismo tiempo, la división de la organización del fútbol modificó el campeonato de 1912: GEBA, Estudiantes de La Plata y Porteño abandonaron la Asociación, sus encuentros fueron anulados y la competencia quedó con seis participantes.

En ese escenario llegó una incorporación decisiva: Ernesto Alejandro Brown, Jorge Gibson Brown y Juan Domingo Brown, provenientes de Alumni. El club que había sido un rival dominante dejaba de competir, y parte de aquella experiencia pasaba ahora a Quilmes. El equipo comenzó su campaña con un 1–0 como visitante ante River, gracias a un penal de Juan Brown. La posterior derrota frente a Estudiantes de Buenos Aires sería la única que conservaría validez en su recorrido hacia el título.

Después llegaron los triunfos 3–2 ante Belgrano y Racing. El encuentro con Racing tuvo una remontada decisiva: Quilmes perdía 0–2, Juan Brown descontó de penal y el capitán S. R. Buck convirtió dos goles sobre el final. La serie continuó con el 11–0 a San Isidro del 18 de agosto y el 3–1 a River. Belgrano no se presentó al encuentro de vuelta y Quilmes recibió los puntos; posteriormente empató 1–1 en San Isidro.

El 13 de noviembre de 1912, Guido y Sarmiento recibió a Estudiantes de Buenos Aires para el encuentro de la consagración. Era, precisamente, el rival que había provocado la única derrota válida de Quilmes. Estudiantes volvió a ponerse en ventaja, pero Hugo Reid empató y W. Weiss convirtió el 2–1. Con esa remontada, Quilmes obtuvo su primer campeonato de Primera División: en apenas una temporada había pasado del último puesto y la amenaza del descenso al título.

El campeonato quedó como el gran acontecimiento deportivo de aquellos años, aunque la actividad no terminaba en la liga. Quilmes también avanzó en la Copa Competencia, donde San Isidro lo eliminó luego de dos encuentros y una definición que se extendió más allá del tiempo suplementario. Las dos competencias muestran las distintas exigencias de una misma temporada y ayudan a situar la consagración dentro del calendario que afrontaba el equipo.

Los recuerdos de los protagonistas muestran la distancia entre aquel fútbol y el que vendría después. El campo estaba rodeado por un alambrado sencillo; algunos jugadores llegaban a caballo y ataban sus monturas junto a los postes cercanos a la calle Solís. El entrenamiento y los partidos convivían con sus trabajos, estudios y obligaciones familiares.

Descenso, Intermedia y regreso a Primera

Después del campeonato, la organización de los torneos siguió cambiando. En 1913 se pasó de un campeonato de todos contra todos a una división en secciones durante la propia temporada. En 1914 se anuló el triunfo de Quilmes ante Ferrocarril Sud tras la disolución de ese equipo. La reunificación de las asociaciones dio lugar en 1915 a un torneo con veinticinco participantes, en el que Quilmes ganó el clásico como visitante.

En 1916, cuatro años después del título, Quilmes terminó último y descendió junto a Belgrano. La caída muestra que la consagración no había asegurado una permanencia entre los equipos de mejor rendimiento. Aun en esa temporada difícil pudo superar a Boca en la Copa Competencia, antes de ser eliminado por Estudiantes de La Plata. Juan Brown, por su parte, seguía representando al club en el seleccionado argentino: las dificultades colectivas convivían con la continuidad de figuras reconocidas.

El descenso lo llevó a Intermedia, la categoría situada por debajo de Primera. En 1917 terminó sexto entre diez equipos de la sección A y en 1918 fue tercero en la sección B. El retorno, sin embargo, no llegó mediante la conquista de ese torneo. En 1919 se produjo una nueva división entre las entidades que organizaban el fútbol, y Quilmes cambió de asociación.

En octubre dejó la Asociación Argentina sin completar su participación en la zona Sur de Intermedia y se incorporó a la Asociación Amateurs. Allí disputó un cuadrangular con Sportivo Buenos Aires, Ferro y Barracas Central; los cuatro jugarían en Primera en 1920. Por eso, para entender el regreso hay que mirar también las decisiones institucionales. En aquel fútbol, las separaciones y reunificaciones de asociaciones podían alterar el recorrido de los clubes tanto como los resultados de una campaña.

El regreso no trajo una estabilidad inmediata. Después de una actuación aceptable en 1920, Quilmes volvió a acercarse a las últimas posiciones. En 1922 terminó último y conservó la categoría por la suspensión de los descensos. En 1924 compartió la penúltima ubicación y quedó último en el triangular de permanencia, pero una nueva suspensión volvió a evitar su descenso.

La vida social y el crecimiento de Guido y Sarmiento

La vida de Quilmes continuaba durante la semana y más allá de las posiciones de su equipo. El Chalet, inaugurado en 1926, dio al club uno de sus espacios sociales más representativos. Ese crecimiento permite mirar la institución desde otro lugar: además de reunir futbolistas y espectadores, sostenía lugares de encuentro para sus socios. En lo deportivo también hubo una mejora respecto de los años más difíciles: terminó noveno en 1926, duodécimo en 1927 y octavo entre treinta y seis participantes en 1928.

Guido y Sarmiento fue el escenario de partidos, celebraciones y transformaciones. Su entorno conservaba calles de tierra y espacios verdes, como muestran las vistas aéreas históricas. Las tribunas y los sectores para espectadores fueron cambiando a medida que aumentaba la concurrencia al fútbol.

El 7 de septiembre de 1932 se autorizó la compra de un inmueble en Solís y Pringles por once mil pesos. El acuerdo contemplaba una parte al contado y el resto en cuotas; la escritura se firmaría el 3 de enero de 1933. Poco después de aquella autorización, el 26 de noviembre, un incendio destruyó la platea techada de Guido y Sarmiento. Varios jugadores, entre ellos Mandile, colaboraron para apagarlo.

Las nuevas tribunas se inauguraron el 2 de abril de 1933, en un encuentro ante Independiente. La capacidad pasó a quince mil ubicaciones. La vida del club también incluía encuentros sociales, noticias de sus socios y festivales: en noviembre de ese año se anunció una celebración en el Salón Cristóforo Colombo con cine de dibujos animados y actuaciones de Teófilo Ibáñez, Edgardo Donato y Azucena Maizani. El aniversario que se le atribuyó a ese festival forma parte de las discrepancias sobre la fundación.

La llegada del profesionalismo

La temporada de 1930 terminó de jugarse en abril de 1931. Ese desfase entre el nombre del campeonato y las fechas de sus partidos ayuda a comprender un calendario que se había vuelto problemático. Quilmes logró en aquella campaña un 4–3 como visitante ante Boca y cerró su etapa amateur venciendo a Argentino de Quilmes. Mientras se disputaban esos encuentros, la organización del fútbol se acercaba a una ruptura.

El amateurismo suponía que los jugadores no cobraban por actuar, pero los pagos no declarados formaban parte del conflicto. A ello se agregaban las restricciones para pasar de un club a otro y el desorden de los campeonatos. La huelga de futbolistas de abril de 1931 volvió urgente la discusión sobre sus condiciones. La separación que siguió dio lugar a una competencia profesional: el cambio alcanzaba la relación entre jugadores e instituciones, además de la organización de los torneos.

Quilmes se sumó a los dieciocho clubes que disputaron el primer campeonato profesional. Conservó buena parte del plantel que venía actuando en el amateurismo, con jugadores como Sandoval, Zito, Arrillaga, Androssi, Mandile, Ramos, Quadrio y Martínez. Entre las incorporaciones estuvieron José Macías y Humberto Caciópoli.

El estreno fue el 31 de mayo de 1931, como local ante Huracán, y terminó en derrota por 0–4. Quilmes se recuperó frente a Lanús: Caciópoli convirtió los primeros dos goles del club en el profesionalismo y Zito añadió otros dos para el 4–1. Adán Cosentino debutó en el arco en ese encuentro.

La campaña tuvo una serie de cuatro victorias consecutivas ante Talleres, River, Chacarita y Gimnasia. El 2–1 a River fue el primer triunfo como visitante en esta nueva etapa. Arrillaga y Ravello marcaron para Quilmes, y Cosentino detuvo un penal de Carlos Peucelle. En el encuentro de vuelta, jugado con Quilmes como local en San Lorenzo, un gol de Ravello volvió a darle la victoria.

El 22 de noviembre llegó una de las actuaciones individuales más recordadas: Arrillaga convirtió cinco goles en el 6–0 a Gimnasia de La Plata. Sandoval anotó el restante. Quilmes cerró el torneo en el decimocuarto puesto, con doce victorias, cinco empates y diecisiete derrotas. José M. Martínez participó en los treinta y cuatro encuentros; el equipo utilizó veinticuatro jugadores.

Los Tucumanos y las figuras del ataque

La segunda temporada profesional trajo un cambio importante en el ataque. Arrillaga, que venía de marcar cinco goles en un mismo partido, fue transferido a River por veintidós mil pesos. Quilmes debía construir su nuevo equipo con esa salida como parte del punto de partida. Entre las incorporaciones llegaron seis futbolistas desde Tucumán: Arsenio López, Carlos Carino, Miguel Santucho, Luis Fernández, Eduardo Leoncio y José Michal.

La presencia de ese grupo dejó una marca en la memoria del club: el conjunto de 1932 pasó a ser recordado como el equipo de los Tucumanos. La denominación conserva la procedencia de aquellos refuerzos, aunque el plantel también reunía a jugadores de otros orígenes. Se sumaron Leopardi Pollola y los uruguayos Adolfo Rodríguez, E. Fierro, Armando Crucci y E. Martínez. Dentro de ese recambio, Fernández y Leoncio adquirirían protagonismo junto a Zito, que ya formaba parte de Quilmes.

Quilmes abrió el campeonato de 1932 con una victoria 3–0 como visitante ante Lanús. Después alternó resultados, incluyendo un 2–1 a Gimnasia en un partido en el que Rodolfo Acerbo se fracturó una pierna. Como no se permitían sustituciones, el equipo debió completar el encuentro con un jugador menos.

Los momentos más destacados estuvieron en la ofensiva. Zito convirtió los tres goles del 3–2 a Huracán y Luis Fernández hizo lo mismo en el 3–2 como visitante ante San Lorenzo. Frente a Independiente, Quilmes ganó 3–1 después de una derrota 0–7 con Boca. Alrededor del encuentro con Independiente circuló un rumor de incentivo de River que no quedó confirmado; no debe confundirse ese rumor con un hecho probado.

Fernández, apodado Ladrillo por su fortaleza, terminó con quince goles en diecinueve presentaciones. Zito y Leoncio fueron otros protagonistas del ataque. Quilmes finalizó duodécimo, con trece victorias, seis empates y quince derrotas. En las copas eliminó a Boca de la Competencia y participó en la Copa de Honor Dr. Beccar Varela. Ese año comenzó también la tarea de Ángel Dellagiovanna como masajista del equipo.

Despedidas y nuevos protagonistas

La temporada de 1933 comenzó con una victoria 2–0 ante Atlanta, con dos goles de Luis Fernández. En la segunda jornada, frente a Talleres, ocurrió una situación inusual: Francisco Angelletti fue expulsado antes del descanso y volvió a jugar el segundo tiempo con la aceptación del árbitro. El encuentro terminó 2–2.

Uno de los cambios que más afectó a los simpatizantes fue la salida de Vicente Antonio Zito. Su apodo, la Bordadora, aludía a la habilidad con la que jugaba y da una idea del lugar que ocupaba en el recuerdo de quienes lo veían. Su última presentación para Quilmes fue el 6–2 a Lanús, una tarde en la que José Michal convirtió tres goles. La despedida de Zito quedó así asociada a una de las grandes actuaciones ofensivas de la temporada.

Zito, Eduardo Leoncio y Demetrio Conidares pasaron a Racing. La salida conjunta causó un fuerte descontento: el equipo perdía a futbolistas con los que sus seguidores se identificaban. Poco después, Quilmes se encontró con Racing y lo venció 2–0, con goles de Páez y Acerbo. Leído junto a aquellas transferencias, ese partido ocupa un lugar particular en la campaña y permite entender por qué una victoria puede recordarse por algo más que los puntos obtenidos.

Arrillaga regresó durante el campeonato, después de su paso por River. También se presentaron dos jugadores que continuarían ligados a la historia del club: el arquero Ezequiel Francisco Aranda y el volante Antonio Felipe Díaz. Ambos debutaron en el empate sin goles frente a Argentinos Juniors. Aranda había comenzado a atajar en el Colegio Nacional de Quilmes; Díaz había nacido en las Islas Canarias y era conocido como Johnny.

Quilmes terminó decimotercero, con ocho victorias, diez empates y dieciséis derrotas. No consiguió triunfos como visitante. Luis Fernández volvió a ser su principal goleador, con diecisiete de los cuarenta y un tantos del equipo. En Copa Competencia superó a Ferro y fue eliminado por Huracán; la participación en la Copa de Honor derivó en un Torneo Consuelo que concluyó al año siguiente.

La reestructuración y el equipo de reservas

En 1934, el proyecto profesional encontró para Quilmes un obstáculo que excedía el rendimiento en la cancha. La organización del campeonato se modificó tomando en cuenta las bajas recaudaciones de los años anteriores. Quilmes y Tigre fueron apartados del torneo principal y debieron competir con las reservas de los clubes que permanecían en Primera. El nuevo certamen no les ofrecía la posibilidad de ascender.

La medida cambió de golpe el horizonte deportivo y económico. No era el descenso habitual al final de una temporada por terminar en el último puesto: respondía a una reestructuración de la competencia. Otras instituciones también quedaron afectadas, con equipos obligados a fusionarse: Atlanta con Argentinos Juniors y Talleres con Lanús. Para Quilmes, la consecuencia inmediata fue tener que reorganizar el plantel con un presupuesto reducido.

La reducción del presupuesto provocó la salida de gran parte de los titulares. Luis Fernández, Domingo Ravignani y David Morales pasaron a San Lorenzo; Androssi, a Gimnasia; Murúa, a Vélez; Máximo Rodríguez, a Racing; Arrillaga, a Fluminense; y Sandoval, al conjunto Talleres-Lanús.

Aranda siguió en el arco, Díaz comenzó a ganar continuidad y aparecieron Amílcar Rosso, Juan Sofía y Jorge Ballejos. El equipo disputó treinta encuentros, ganó once, empató seis y perdió trece. Sumó veintiocho puntos y marcó sesenta y siete goles. Sofía convirtió quince tantos y Mandile, doce. En la Copa Competencia, Quilmes superó a Ferro, Excursionistas y Colegiales antes de caer ante Dock Sud.

Esta etapa dejó una institución obligada a reorganizar su fútbol y una nueva generación de jugadores que empezaba a ocupar el lugar de los protagonistas del comienzo profesional. La experiencia con las reservas sería breve: al año siguiente, otra reorganización abriría las puertas del regreso a Primera.

Volver a Primera y aprender a sostenerse

La experiencia de 1934 duró apenas una temporada. Las fusiones de equipos y el apartamiento de Quilmes y Tigre no habían producido las recaudaciones esperadas, y en 1935 se volvió a una organización semejante a la de los primeros campeonatos profesionales. Quilmes recuperó su lugar en Primera por esa decisión. El desafío consistía en regresar con una base de jugadores que venía de actuar en el torneo con reservas y debía adaptarse otra vez a las exigencias de la categoría superior.

El plantel combinaba juventud y nombres conocidos. Juan Gregorio Arrillaga volvió después de su paso por Brasil; desde Paraguay llegaron los atacantes Martín Flor y José Ibáñez. Ezequiel Aranda seguía en el arco y Amílcar Rosso aportaba un entusiasmo que lo distinguía: celebraba los goles, protestaba los fallos y vivía cada partido con la intensidad de quien también era hincha del club. Aranda, mientras tanto, alternaba el fútbol con sus estudios de Medicina en La Plata.

El estreno en Caballito dejó un empate con Ferro. Los seguidores que acompañaron al equipo llevaron una gran bandera, y una semana después hubo una concurrencia importante para recibir a Huracán. Esa tarde Quilmes usó una camiseta a rayas verticales rojas y blancas y estuvo cerca de ganar: un tiro libre de Alberti sobre el final dejó el resultado en 3–3. Entre los recuerdos de aquel grupo aparece una imagen de la Virgen de Luján que los jugadores llevaban como amuleto. Son detalles de un equipo que intentaba hacerse fuerte mientras recuperaba su lugar.

El triunfo 2–1 ante Tigre cortó una larga serie sin victorias como visitante en Primera. Flor abrió el marcador y Pablo Álvarez amplió la ventaja; Aranda sostuvo la diferencia frente a la reacción rival. Después llegó otra victoria, frente a Chacarita. Por un momento, con siete puntos en seis jornadas, la adaptación parecía encaminada. Pero las derrotas comenzaron a acumularse y el equipo perdió posiciones. Arrillaga todavía fue decisivo en los triunfos ante Gimnasia y Racing, ordenando los avances y participando de las jugadas de gol.

El 2–0 a Lanús que cerró la primera rueda fue la última victoria de la temporada. En los diecisiete encuentros siguientes Quilmes marcó apenas cuatro goles y no volvió a ganar. El cierre, un 0–9 en la visita a Lanús, expuso la profundidad de la caída. Terminó penúltimo, con cinco triunfos, seis empates y veintitrés derrotas. Todavía no había descensos en la competencia profesional, pero conservar el lugar en Primera no resolvía el problema deportivo. En medio de aquella campaña, Juan Carlos Mandile alcanzó sus cien presentaciones profesionales con la camiseta del club.

Dos campeonatos y el regreso de Bottaso

La escasez de goles del año anterior orientó la búsqueda de refuerzos hacia el ataque. Llegaron, entre otros, Antonio Castagna, David Ernesto Camargo, Domingo Fernández, Isidro Sanabria y Paulino López. Seguían figuras como Arrillaga, Antonio Johnny Díaz y Aranda, quien acordó su continuidad después de una negociación contractual. El club buscaba mejorar sin desprenderse por completo de los jugadores que sostenían su identidad.

El calendario también cambió. En 1936 se disputaron dos certámenes de diecisiete jornadas, denominados Copa de Honor y Copa Campeonato. Para seguir la campaña de Quilmes conviene mirarlos por separado: aunque se jugaron dentro de un mismo año, el equipo tuvo comportamientos muy distintos en cada uno. La primera competencia ofreció un comienzo alentador; la segunda volvió a acercarlo al fondo de la tabla.

Después de perder el estreno ante Vélez, Quilmes ganó tres encuentros consecutivos. En la visita a Platense, Roberto Neira aprovechó un rebote del arquero tras un remate de Camargo para decidir el partido. El triunfo ante Atlanta y la remontada frente a Tigre prolongaron la mejoría. Más adelante, Aranda detuvo un penal que ayudó a conservar el 1–0 ante Lanús. Quilmes llegó a compartir el segundo puesto, a un punto del líder, y recibió a Boca en Guido y Sarmiento con una expectativa poco habitual en los años anteriores.

Castagna puso en ventaja al local frente a Boca, pero Delfín Benítez Cáceres empató en el tramo final. La igualdad dejó la sensación de una oportunidad cercana. Quilmes sostuvo siete partidos sin perder antes de caer con Huracán y comenzar a alejarse de la punta. Aun así, tuvo tardes destacadas, como el 6–1 a Argentinos Juniors, con cuatro goles de Domingo Fernández. Cerró la Copa de Honor con dieciocho puntos; la Copa Campeonato, en cambio, comenzó con cinco derrotas seguidas y terminó con once unidades.

Dentro de esa segunda etapa volvió Juan Bottaso, conocido como Cortina Metálica. Había defendido el arco quilmeño en los años veinte y representado a la Argentina en el Mundial de 1930. Su regreso, después de sus pasos por Argentino de Quilmes y Racing, reunió al club con un protagonista de su pasado. Reapareció ante Estudiantes de La Plata y se destacó en el empate sin goles. Su presencia no cambió por sí sola la campaña, pero dio a los hinchas una figura reconocible en un momento de dificultades. Entre los triunfos de ese tramo quedó el 5–3 a Huracán, definido por un remate de Arrillaga desde fuera del área.

El descenso y el final de una generación

En 1937 se estableció un mecanismo que hasta entonces había faltado en la liga profesional: los dos últimos perderían la categoría y el campeón de Segunda podría ascender. La novedad llegó cuando Quilmes atravesaba una situación deportiva muy frágil. El campeonato volvió al formato de todos contra todos a dos ruedas, y esta vez ocupar los últimos lugares tendría una consecuencia inmediata.

El comienzo fue adverso desde la primera fecha. Quilmes perdió sus seis partidos iniciales y recién sumó un punto al empatar con Tigre. Los regresos de Eduardo Leoncio y Demetrio Conidares, junto a otras incorporaciones, no alcanzaron para estabilizar al equipo. La búsqueda de soluciones continuó durante el torneo y trajo nuevos jugadores desde Rosario. Al terminar la primera rueda, el balance era de quince derrotas y dos empates: la distancia con los puestos de permanencia se había vuelto muy difícil de recuperar.

El primer triunfo llegó al comenzar los desquites, un 3–2 frente a Lanús en el que se destacó Antonio Ciraolo. Fue un alivio breve. Las derrotas continuaron y la pérdida de la categoría quedó consumada con cinco fechas por jugar, después del 0–1 ante Vélez. Quilmes cerró el campeonato último, con diez puntos y ciento diez goles recibidos. La cantidad de jugadores utilizados, cuarenta y nueve, muestra cuánto se había modificado la formación sin encontrar una respuesta duradera.

La temporada también reunió despedidas. Bottaso jugó por última vez para Quilmes en junio, frente a Talleres, y Arrillaga lo hizo en julio, ante Argentinos Juniors. Con ellos se alejaban dos nombres vinculados a distintas etapas de la vida del club. Entre los pocos aspectos alentadores apareció Horacio Álvarez, que marcó seis goles en siete presentaciones. El futuro inmediato, sin embargo, ya estaba en Segunda: Quilmes debía reconstruir su equipo y acostumbrarse a un camino de regreso que resultaría mucho más largo de lo esperado.

Una ciudad dividida por el ascenso

Antes de empezar su primera temporada en Segunda, Quilmes volvió a discutir una posible unión con Argentino. Hubo una reunión en enero y luego cada institución fijó sus condiciones. La propuesta de Argentino incluía el nombre Argentino de Quilmes Atlético Club, una camiseta celeste y blanca con bolsillo azul y el traslado de las tribunas de Guido y Sarmiento a Alsina y Cevallos. También establecía un límite para la deuda que Quilmes aportaría. Las diferencias hicieron fracasar el acuerdo: ambos clubes conservaron sus identidades y, pocos meses después, competirían directamente por el ascenso.

El debut ante Acassuso comenzó con un gesto de cortesía: el capitán de Quilmes entregó flores a su rival, recién ascendido desde Tercera. Después llegaron los goles de Pedro Cavillón y la primera victoria. El 4–4 frente a Defensores, tras haber terminado el primer tiempo 4–1 arriba, mostró que el recorrido no sería sencillo. Pero el equipo encontró una serie favorable y se acercó a la punta. Entre sus refuerzos estaban Pedro Lofeudo, Francisco Sponda y Orlando Robustelli.

La campaña se vivía también en los viajes. El club organizaba micros para seguir al equipo: el pasaje en pullman costaba un peso y en las bañaderas, vehículos cubiertos por un toldo, cincuenta centavos. Quienes se quedaban en Quilmes podían esperar noticias que llegaban a la estación mediante palomas mensajeras. Esos medios de transporte y comunicación formaban parte de la experiencia de ser hincha, mucho antes de poder conocer un marcador de inmediato.

El 13 de agosto, Quilmes ganó 1–0 en la Barranca el primer clásico profesional entre los dos clubes. Paulino López convirtió el gol y el triunfo dejó al equipo solo en la punta al terminar la primera rueda. Después hubo un retroceso y una recuperación que incluyó una remontada de 0–2 a 4–2 frente a Dock Sud. A dos fechas del cierre, Quilmes tenía dos puntos de ventaja sobre Argentino. La derrota en Temperley, en un partido marcado por las lesiones de Robustelli y Díaz, borró esa diferencia. El calendario reservaba el clásico para la última jornada.

La ciudad se llenó de banderas y distintivos de ambas instituciones. Doce mil personas acudieron a Guido y Sarmiento para un encuentro que podía decidir el regreso a Primera. Argentino se puso en ventaja con un gol de Pedro Ajamil. Las expulsiones dejaron a Quilmes con diez jugadores y a su rival con nueve. Cuando el título parecía quedar en manos de los visitantes, Jorge Ballejos empató a un minuto del final. El 1–1 dejó a ambos con cuarenta puntos y obligó a disputar dos encuentros de desempate en canchas neutrales.

La definición prolongó la expectativa y terminó en frustración para Quilmes. Argentino ganó 1–0 en Chacarita y repitió el resultado en San Lorenzo. Quilmes tuvo ocasiones para igualar, incluidos remates en el travesaño, pero no pudo convertir. Al terminar el segundo encuentro, los futbolistas se abrazaron en el centro del campo antes de la vuelta olímpica de los vencedores. El rival de la ciudad subía a Primera; Quilmes debía seguir esperando. La tabla de treinta partidos y los dos desempates pertenecen a momentos distintos de esa definición y se conservan separados.

Un campeonato con dos tablas

Después de quedar tan cerca del ascenso, Quilmes encontró un campeonato difícil de seguir. En 1939 se reunieron diecisiete equipos de Segunda y dieciséis reservas de clubes de Primera. Todos participaron de una rueda común, pero los puntos se leían en dos tablas: una general y otra que solo contaba los partidos entre equipos de Segunda. Esta última clasificaba a seis conjuntos a la fase que decidiría el ascenso. Ganar un encuentro podía mejorar la posición general sin acercar al equipo a esa clasificación.

Quilmes no consiguió sostener la campaña del año anterior. Sus mejores resultados tendieron a llegar contra las reservas, mientras que frente a los rivales directos de Segunda ganó apenas cinco veces. Quedó fuera del hexagonal por el título. Entre sus victorias estuvo el 1–0 a Banfield, que hasta entonces no había perdido ante otro equipo de la categoría. Fue un resultado destacado dentro de una actuación que, en conjunto, lo mantuvo lejos de la lucha principal.

En el plantel hubo un cambio sensible: Aranda fue prestado a Lanús, y Quilmes recibió jugadores de ese club, entre ellos el arquero Luis Pergolezzi y el delantero Ángel Alfonso. Alfonso marcó veinte goles en diecinueve partidos; Juan Oscar Lemus hizo dieciocho en quince. Entre ambos reunieron treinta y ocho de los sesenta y un tantos de Quilmes. Su potencia ofensiva sobresalía dentro de un equipo que no alcanzaba la misma regularidad colectiva.

El 25 de noviembre, Lemus convirtió cinco veces en el 7–3 ante Estudiantes de Buenos Aires, igualando la marca lograda por Arrillaga en 1931. Aquel encuentro tuvo otra particularidad: Manuel Martín Mera marcó dos goles en contra en apenas tres minutos. La tarde reunió una actuación excepcional del delantero con una experiencia muy distinta para su compañero. En paralelo, la reserva de Quilmes consiguió una satisfacción propia: ganó el torneo de Tercera de Ascenso al vencer 3–1 a Argentinos Juniors en la final, disputada en Ferro.

Aranda, los penales y la vida del club

La temporada de 1940 empezó con una preocupación compartida por la ciudad. Un temporal de abril obligó a postergar el comienzo del campeonato, y Quilmes y Argentino jugaron un amistoso para recaudar fondos para los damnificados. La rivalidad podía dar lugar también a una acción común. Después del debut oficial, una victoria 2–0 ante Dock Sud, jugadores y socios se reunieron en una cena de camaradería en la sede. El fútbol seguía siendo parte de una vida institucional que continuaba fuera de los noventa minutos.

Aranda regresó de su préstamo a Lanús. También llegaron refuerzos como Agapito Rozas, y Arnaldo Domínguez se presentó convirtiendo los dos goles del estreno. Quilmes tuvo un comienzo que lo acercó a los primeros puestos, pero volvió a perder continuidad. Lemus padecía problemas en las rodillas y Alfonso había pasado a Acassuso. El equipo debía encontrar otras soluciones en ataque después de perder buena parte de la producción que ambos habían aportado en 1939.

Una dificultad se volvió especialmente llamativa: los penales. A los cinco últimos intentos fallados del año anterior se sumaron los cinco primeros de este campeonato. Los ejecutantes cambiaban y los errores continuaban. Frente a Estudiantes de Buenos Aires, después de otro penal desperdiciado por Jesús Manuel Lires López, Quilmes recibió una nueva oportunidad. Esta vez avanzó Aranda desde el arco y convirtió. Su gol ayudó a encaminar el 5–2 y lo convirtió en el primer arquero del club en anotar. Más adelante volvió a hacerlo, también de penal, ante El Porvenir.

Las victorias en los dos clásicos, 1–0 y 3–1, fueron algunas de las alegrías de una campaña irregular. Quilmes terminó con treinta y un puntos, lejos de la definición del título. La tabla publicada lo ubica decimotercero, aunque el relato de esa temporada menciona un decimocuarto puesto; esa diferencia permanece señalada. El campeonato también dejó una advertencia sobre las condiciones del ascenso: Argentinos Juniors obtuvo el título, pero no pudo subir por las exigencias impuestas a su estadio. El resultado deportivo seguía dependiendo de decisiones que se tomaban fuera de la cancha.

La permanencia se juega hasta el último día

El comienzo de 1941 no anticipaba una lucha por evitar el descenso. Quilmes ganó 2–0 el clásico en la Barranca, con un tiro libre y un penal de Pedro Carlos Malvestitti. Entre los debutantes estuvo Pablo Ventura Bazarás, llegado de San Lorenzo. El defensor, que sería una presencia duradera en la institución, se incorporaba a un equipo que volvió a acercarse a la punta durante las primeras fechas. Malvestitti convirtió en sus seis primeras presentaciones, pero aquel impulso inicial no pudo mantenerse.

Después llegaron once fechas sin ganar y, más adelante, otra serie adversa. Quilmes volvió a vencer a Argentino, esta vez 2–1 con un gol tardío de Lemus, pero los triunfos aislados no alcanzaban para alejarlo de la zona de peligro. En ese clásico, Aranda ejecutó un penal y el arquero rival lo detuvo. La escena completaba una faceta poco habitual de su trayectoria: además de atajar, había asumido en varias ocasiones la responsabilidad de patear desde los doce pasos.

La última jornada encontró a Quilmes y Argentinos Juniors con veintisiete puntos y a Argentino de Quilmes con veintiséis. Los otros dos equipos ganaron sus encuentros. El partido de Quilmes frente a Nueva Chicago se había postergado por lluvia, de modo que el 13 de diciembre salió a jugar en Mataderos con una obligación concreta: necesitaba ganar. Un gol en contra de Luis Luciani y otro de Emilio Etcheverry le dieron el 2–1. Quilmes conservó la categoría y Argentino descendió. La permanencia se había resuelto con el último esfuerzo de una temporada agotadora.

Ese encuentro fue también la despedida de Aranda como jugador de Quilmes. Poco antes había debutado Adolfo Luis Titín Montes, quien alcanzó a compartir con él tres partidos. El final de una trayectoria y el comienzo de otra coincidieron en medio de la urgencia deportiva. A fines de año volvieron las conversaciones para fusionar a los clubes de la ciudad, esta vez promovidas desde la AFA. Los socios de Quilmes no acompañaron la propuesta y las negociaciones volvieron a quedar sin efecto.

Santos, Romani y Dmitruk: una nueva base

El 4 de abril de 1942, una victoria 3–0 ante Colegiales abrió una etapa distinta. Debutaron Juan Ramón Santos, César Gabriel Romani y Juan Dmitruk. Romani y el arquero Dmitruk provenían de las inferiores; Santos había llegado desde Sportivo Villa Albino, de la liga platense, por doscientos pesos. Nacido en Ensenada, zurdo y ubicado sobre la izquierda del ataque, pronto sería conocido por los hinchas como el Loco Santos. Los tres comenzarían a darle continuidad a un equipo que venía de salvarse del descenso en la última fecha.

La renovación se había preparado desde enero, con pruebas de jugadores y partidos amistosos. En el debut marcaron Santos, Romani y Ballejos. Después llegó un 4–1 a El Porvenir, aunque las actuaciones siguientes fueron desparejas. Rosario Central tomó ventaja en la pelea por el ascenso y Quilmes debió buscar su mejor rendimiento desde una posición más retrasada. La mejoría existió, pero no alcanzó para discutirle el campeonato al conjunto rosarino.

Una serie de seis triunfos consecutivos mostró lo que podía producir el nuevo equipo. La última victoria de esa cadena fue un 5–1 ante Dock Sud, después de ir perdiendo al descanso. El recuerdo de aquel partido está unido a Justiniano Gallego, hincha habitual de la tribuna de la calle Solís, que pasó por el vestuario para anunciar su cumpleaños. La anécdota cuenta que Santos propuso regalarle cinco goles. En el tramo final llegaron dos de Romani, dos de Santos y uno de Rafael Martínez. La memoria del hincha quedó enlazada con una remontada extraordinaria.

También hubo episodios de violencia. En la visita a Sportivo Alsina se registraron agresiones antes del comienzo y un ambiente hostil alrededor de los vestuarios. El partido terminó 1–1 y el club local recibió una suspensión. Años después, Gallego recordaría aquellos hechos como una de las experiencias más difíciles de sus viajes con el equipo. La vida del ascenso reunía celebraciones cercanas a los jugadores con riesgos que también formaban parte de las jornadas de fútbol.

Quilmes terminó cuarto, con treinta y nueve puntos. Santos aportó veintitrés goles, Romani ocho y Dmitruk estuvo presente en todos los encuentros de la campaña. Mientras ellos se afirmaban, Modesto Vives se despedía después de una larga etapa con la camiseta del club. La reconstrucción empezaba a tener nombres propios: el objetivo ya no era únicamente sostener la categoría, sino formar un equipo capaz de volver a competir por el regreso a Primera.

Un equipo reconocible y un nuevo clásico inolvidable

En 1943, Quilmes pudo conservar a varios de los protagonistas de su recuperación. Seguían Santos, Romani, Dmitruk, Bazarás y Montes, y se incorporó Espina Sívori para reforzar el ataque. Aranda continuó vinculado a la conducción técnica, una función en la que también aparece durante la campaña anterior. La continuidad del plantel permitía que los hinchas reconocieran una base propia, después de temporadas en las que las salidas de goleadores y los cambios de formación habían sido frecuentes.

El comienzo lo llevó otra vez a la punta. Entre sus resultados estuvo el 2–1 como visitante ante Unión en Santa Fe, con goles de Santos y del debutante Espina Sívori. Después del triunfo ante All Boys, Aranda renunció y fue reemplazado por Emilio Ramos, también exjugador del club. El equipo sostuvo por un tiempo su posición, pero una derrota ante Defensores de Belgrano cortó el impulso y puso fin a una larga serie de Dmitruk sin recibir goles.

El clásico en Guido y Sarmiento reunió a diez mil personas y encontró a Quilmes defendiendo el liderazgo. Argentino se adelantó, Montes empató desde lejos y los goles continuaron alternándose. Al descanso, Quilmes perdía 3–2. En el complemento, Lasalle igualó después de una jugada de Santos. A cuatro minutos del final, Lires ejecutó un tiro libre desde unos treinta metros y convirtió el 4–3. El encuentro dejó una remontada que condensaba la intensidad de la rivalidad y la capacidad de respuesta del equipo.

La campaña perdió fuerza en su tramo intermedio y Vélez se alejó en la tabla. Quilmes reaccionó tarde, aunque con una producción ofensiva destacada: ganó nueve de sus diez últimos partidos. Santos y Romani fueron decisivos en ese cierre. El Loco jugaba abierto por izquierda, podía amagar hacia adentro y salir hacia afuera, y aparecía por el segundo palo cuando la acción venía del otro costado. Su aporte incluía asistencias y movimientos que explican su importancia mejor que una cifra de goles aislada.

La renovación generacional siguió avanzando. Johnny Díaz disputó su último encuentro y José Eduardo Castro debutó una fecha después. Dmitruk completó otra temporada con asistencia perfecta. Quilmes volvió a terminar cuarto y también ganó el clásico de la segunda rueda, 2–0 en la Barranca. El equipo había encontrado protagonistas duraderos, aunque seguía sin sostener su mejor nivel durante todo el campeonato.

Romani y la distancia con los candidatos

La competencia de 1944 reunió veintiún equipos y llevó el calendario de Quilmes a cuarenta partidos. Con dos buenas campañas recientes y una base que incluía a Dmitruk, Montes, Baldovino, Santos y Romani, había motivos para esperar que volviera a ser protagonista. El comienzo acompañó esa expectativa: ganó 4–2 en la visita a Colegiales, con dos goles de Santos, uno de Romani y otro de Espina Sívori. El empate siguiente ante Unión se salvó con un gol tardío de Montes y fue seguido por nuevas victorias.

La continuidad defensiva contrastó con cambios importantes en el ataque. Santos jugó nueve encuentros antes de ser cedido a Racing de Montevideo. Lires, recuperado de la fractura sufrida el año anterior, y más adelante Edmundo Bentivegna ocuparon el sector izquierdo. Hermenegildo Germán Antón fue otro aporte ofensivo, con actuaciones como sus tres goles frente a Estudiantes de Buenos Aires. La salida de Santos obligó a distribuir de otra manera el trabajo de una delantera que ya se había vuelto familiar.

El principal límite apareció en los enfrentamientos con los mejores equipos. Quilmes perdió los seis partidos que disputó contra Gimnasia de La Plata, Tigre y Almagro, los tres primeros de la tabla final. Pudo sumar victorias y mantenerse en los puestos altos, pero no descontar la diferencia en los cruces directos. La segunda derrota ante Gimnasia llegó jugando como local en Independiente, porque Guido y Sarmiento estaba suspendido después de incidentes en el encuentro frente a El Porvenir.

El quinto puesto reunió cincuenta puntos y noventa y seis goles a favor. Romani fue el principal goleador del equipo, con treinta y dos tantos; Antón convirtió quince y Espina Sívori once. También hubo una aparición breve y muy productiva de Juan Carlos Gagliardi, autor de siete goles en seis partidos. Quilmes terminó con cuatro victorias consecutivas, repitiendo una característica de aquellos años: un buen comienzo y un cierre fuerte, separados por un tramo en el que perdía terreno frente a los candidatos.

Alma los Blancos y una delantera de grandes goleadores

En 1945 surgió la Agrupación Alma los Blancos, con el propósito de colaborar con la institución. Su primer presidente fue el doctor Juan Fernando Iribarne. Entre sus primeras acciones estuvo el aporte de tres mil pesos para la incorporación de Eugenio Bassino; también colaboró con la llegada del defensor Carlos Roberto Aldabe. Los bonos y las banderas que acompañaban al equipo expresaban esa participación de los socios e hinchas en la construcción del club.

Bassino llegó desde Nueva Chicago con antecedentes de goleador y se sumó a Romani y a Santos, ya de regreso de Uruguay. Su potencia de remate y de cabeza aportó otra forma de resolver las jugadas de ataque. También llegaron Néstor Andrés Paz y Alberto Eusebio García. Este último tuvo un estreno excepcional: convirtió tres goles en el 5–1 ante Estudiantes de Buenos Aires, disputado en Atlanta, y participó en las jugadas de los otros tantos. Una semana después, Bassino marcó cuatro veces en el 6–3 frente a Dock Sud, un partido que Quilmes había terminado perdiendo 3–1 al descanso.

El equipo acumuló goles y resultados que lo llevaron a compartir la punta con Tigre. Las victorias ante Unión, All Boys, Almagro, Argentinos Juniors y El Porvenir integraron una serie de cinco triunfos consecutivos. El arquero Dmitruk también fue protagonista: después del 5–2 ante Argentinos, sus compañeros lo llevaron en andas. Para entonces Quilmes era el único invicto del campeonato, aunque esa condición se perdió frente a Barracas Central, que lo venció 1–0 en la cancha de Boca.

La derrota abrió otro período de irregularidad. Hubo tardes de gran rendimiento, como el 4–1 a Temperley con tres goles de Bassino, pero en la parte intermedia se acumularon la mayoría de los tropiezos de la campaña. Tigre ganó en Guido y Sarmiento y cortó tanto el invicto local como una serie de once victorias consecutivas en esa condición. Quilmes seguía teniendo una delantera capaz de marcar diferencias, pero volvía a ceder puntos que lo alejaban del ascenso.

En el cierre recuperó fuerza y encadenó seis triunfos. Uno de ellos fue el 3–2 ante Argentino de Rosario, en Racing, después de estar dos goles abajo. Cano descontó y Bassino convirtió los dos tantos de la remontada. El último partido de la temporada se jugó el 6 de enero de 1946: Quilmes ganó 3–2 en Mataderos, con dos goles de Bassino y uno de Romani. La fecha del encuentro pertenece a 1946, pero sus puntos forman parte del campeonato de 1945.

Quilmes terminó quinto con cincuenta y cuatro puntos, seis menos que el campeón Tigre. Convirtió ciento siete goles: Bassino hizo treinta y cuatro, Romani dieciocho y Santos trece. Había recuperado un lugar entre los protagonistas del ascenso y reunido nombres que quedarían ligados a su memoria. El regreso a Primera todavía no llegaba, pero el club ya era distinto del que había afrontado la angustiosa permanencia de 1941: tenía una base reconocible, grandes goleadores y nuevas formas de participación de sus hinchas.

Un equipo entre los primeros, lejos de Banfield

La temporada de 1946 encontró a Quilmes instalado entre los equipos fuertes de Segunda, aunque todavía sin resolver el regreso a Primera. Hubo cambios en una formación que conservaba nombres conocidos: César Romani pasó a Ferro, mientras llegaron Francisco Páez, Remigio Custodio y Aldo Octavio Murúa. También comenzó a jugar Jorge Raúl Carboni. Su incorporación tuvo una importancia que se extendió más allá de ese campeonato: empezó como centro de la línea media y luego pasó al sector izquierdo, en un año en el que Julio Baldovino no participó.

El comienzo no permitió entusiasmarse de inmediato. Quilmes empató con Almagro, venció a Central Córdoba y perdió con Argentinos Juniors. La cuarta jornada dejó una situación que muestra cuánto podían diferir las condiciones de aquellos torneos de las actuales. Ante Tiro Federal, la lluvia obligó a suspender el encuentro a los 65 minutos, cuando el visitante ganaba 3–2. Los veinticinco minutos restantes se disputaron el 1 de mayo. Quilmes consiguió ponerse adelante con dos goles de Páez, pero Julio Corcuera empató sobre el final. El 4–4 fue el resultado de un único partido repartido en dos días.

El regreso de Argentino de Quilmes a la categoría volvió a poner el clásico de la ciudad en el calendario. En la Barranca, el local ganó 3–1 pese al empate transitorio de Bassino. Para Quilmes fue un golpe: el rival había sido superior y la tabla lo encontraba más cerca del fondo que de Gimnasia, el puntero de ese momento. La reacción comenzó una semana después, con un 4–0 a Barracas Central, y se prolongó durante nueve partidos sin derrotas. Esa recuperación lo devolvió a una posición expectante, pero terminó con un 0–3 en el Bosque.

Banfield fue construyendo una ventaja que los demás no pudieron reducir. Ganó los veinte partidos que disputó en su cancha y terminó con catorce puntos más que el segundo. Quilmes no estuvo en condiciones de discutirle el título, aunque tuvo tardes importantes. Una de ellas fue el 4–2 ante Gimnasia, cuando dos goles de Bassino dieron una ventaja que los platenses alcanzaron a igualar. Santos, de cabeza, y Rojo resolvieron el encuentro en los minutos finales. Esa derrota de Gimnasia coincidió con la jornada en que Banfield aseguró el campeonato.

En Temperley, pocos días después, la historia tomó el sentido inverso. Quilmes llegó a ganar 5–2 y parecía encaminado a quebrar una larga serie sin triunfos en esa cancha. Sin embargo, el local marcó tres veces en los últimos cuatro minutos y el encuentro terminó 5–5. El primer punto conseguido allí dejó una frustración difícil de separar de la abundancia de goles. La tarde también estuvo atravesada por hechos de violencia fuera del juego, con un simpatizante quilmeño herido y trasladado al hospital.

El torneo se extendió hasta enero de 1947. Quilmes finalizó cuarto, con 19 victorias, 12 empates y 9 derrotas. Sus 77 goles a favor no lo situaron entre los ataques más productivos, pero los 52 recibidos constituyeron la segunda mejor marca defensiva. En casa perdió una sola vez. Bassino volvió a ser el principal goleador, con 24 tantos, y Francisco Páez aportó otros doce. Había una base competitiva y una presencia sostenida entre los primeros; faltaba convertir esa regularidad en una campaña capaz de disputar el ascenso hasta el final.

La potencia goleadora y el ascenso que estuvo cerca

En 1947, Quilmes reunió un equipo de gran capacidad ofensiva bajo la conducción de Manuel Fleitas Solich. José Eduardo Castro se había marchado a Independiente, pero el ataque recibió a Héctor Raúl Séptimo Rógora, que venía de destacarse en Acassuso. También regresó César Romani desde Ferro. La combinación produjo un comienzo extraordinario: cuatro victorias y un empate en las primeras cinco fechas, con 26 goles convertidos. No era solamente una buena cosecha de puntos; el equipo mostraba que podía resolver los partidos por la cantidad y variedad de sus llegadas.

El 1 de mayo, Defensores de Belgrano sufrió la expresión más contundente de esa superioridad. Pérez Berot convirtió al minuto de juego y volvió a marcar a los cuatro. A los ocho, Fedencrini hizo el tercero. El encuentro terminó 11–0, con seis goleadores distintos: Pérez Berot, Fedencrini, Santos, Paz, Rógora y Carboni. Rógora anotó tres veces. La magnitud de la victoria se entiende mejor al seguir su desarrollo: Quilmes tomó una ventaja temprana y mantuvo la producción ofensiva hasta el último minuto.

La euforia no evitó dos golpes consecutivos. Primero llegó una derrota ante Estudiantes de Buenos Aires; después, el 0–6 contra Gimnasia en Guido y Sarmiento. Ese segundo encuentro fue también el debut de Pedro Rodolfo Dellacha, un defensor llegado desde Boca que todavía buscaba ritmo de competencia. Quilmes terminó jugando con diez por la lesión de Pérez Berot. La derrota expuso dificultades que el ataque había disimulado, aunque la reacción fue valiosa: el equipo encadenó nueve partidos sin perder.

Algunos empates pesaron tanto como las derrotas. Frente a Ferro, en Caballito, Quilmes estuvo 3–1 arriba y recibió dos goles en pocos minutos. Contra Temperley volvió a dejar escapar una ventaja de dos tantos. La situación más dolorosa se produjo en la segunda rueda, ante Gimnasia en La Plata. Montes y Santos pusieron el 2–0, pero Julián Gutiérrez descontó a los 87 minutos y volvió a marcar en el cierre. El 2–2 privó a Quilmes de una oportunidad concreta de acercarse al líder. Estos partidos ayudan a explicar por qué el equipo que más goles convirtió no terminó primero.

La pelea continuó. Quilmes venció a Talleres por 5–0, ganó en la cancha de Nueva Chicago y derrotó 3–1 a Ferro. Gimnasia, sin embargo, sostuvo una serie de triunfos que le dio la distancia necesaria para consagrarse. Para el Cervecero quedó la disputa por el segundo puesto. En la última fecha le ganó 2–1 a Argentino de Quilmes: Rógora empató antes del descanso y Néstor Paz resolvió el clásico con un tiro libre. Paz completó esa tarde cien presentaciones consecutivas, una continuidad que venía sosteniendo desde julio de 1945.

La tabla final dejó a Quilmes con 54 puntos, tres menos que Gimnasia. Fueron 23 victorias, 8 empates y 7 derrotas, con 104 goles a favor y 48 en contra. Rógora terminó con 26 tantos; Santos, con dieciséis; Paz, con catorce, y Pérez Berot, con trece. El subcampeonato confirmó la calidad del equipo, pero también dejó la sensación de una oportunidad perdida en los enfrentamientos más ajustados.

La vida del club siguió moviéndose fuera de la tabla. En noviembre, Quilmes y Argentino formaron un combinado para enfrentar a la selección argentina en la Bombonera. La selección ganó 4–2; fue una experiencia compartida por dos instituciones que mantenían una fuerte rivalidad local. Ese año también se compró un inmueble en Rivadavia 25, cerca de la estación, destinado a una nueva sede social. La inversión fue de 200.000 pesos. Mientras el ascenso seguía pendiente, el crecimiento institucional encontraba otra forma de avanzar.

De candidato a una lucha por la permanencia

El subcampeonato de 1947 no tuvo una continuación sencilla. Para 1948 cambió la organización del torneo: los veintidós participantes fueron repartidos en dos zonas de once equipos. Después de dos ruedas, los seis primeros de cada grupo pasarían a disputar el ascenso; los diez restantes tendrían que luchar por conservar la categoría. La primera etapa, por lo tanto, era una clasificación que podía cambiar por completo el objetivo de una temporada.

Quilmes también renovó su equipo. Néstor Paz fue transferido a Boca y dejó interrumpida su serie de cien presencias consecutivas. César Romani pasó a El Porvenir y Pablo Bazarás dejó de jugar. Entre los recién llegados estaban Norberto Luis Ferrari, Juan Carlos Lorenzo y Victorio Cantatore. Lorenzo todavía era un futbolista, lejos del reconocimiento que alcanzaría después como entrenador. Cantatore, un puntero derecho que había compartido las inferiores de Boca con Dellacha, empezaba una etapa que tendría un papel central en el ascenso del año siguiente.

El inicio hizo pensar que Quilmes volvería a estar entre los candidatos. Tras quedar libre en la primera fecha, empató 2–2 con Dock Sud gracias a dos goles de Ferrari. Luego goleó 5–0 a Colón en Guido y Sarmiento. Lorenzo abrió el marcador al minuto, y la ventaja creció con dos tantos de Santos, uno de Ferrari y otro de Cantatore. En sus primeras cinco presentaciones, el equipo sumó tres triunfos y dos empates. La derrota 1–3 frente a Argentino de Quilmes quebró ese impulso: el clásico, esta vez en cancha cervecera, dejó un golpe que la campaña no consiguió absorber con regularidad.

Hubo una tarde que pareció anunciar una recuperación: el 8–0 sobre Unión. Seis jugadores de Quilmes marcaron, y el equipo dominó desde el comienzo a un rival que había llegado como líder de la zona. Pero esa capacidad para golear convivió con derrotas que lo alejaron de la clasificación. En agosto debutó Carlos Rubens Tosta. Su vínculo con el club tenía una singularidad: había nacido en 1929 en las propias instalaciones de Guido y Sarmiento, donde vivía su familia mientras su padre también era arquero de Quilmes.

El partido con El Porvenir agregó una dificultad administrativa a los problemas deportivos. Quilmes ganaba 1–0 por un gol de Leguizamón cuando el encuentro fue suspendido, a los 23 minutos, por falta de garantías. El Tribunal concedió los puntos al visitante y el gol cervecero permaneció en la tabla. Por eso el episodio no puede leerse como una victoria 1–0: una cosa fue el marcador al interrumpirse el juego y otra, la resolución que determinó el reparto de puntos. Quilmes terminó séptimo en la Zona A y quedó fuera de la rueda por el ascenso.

La Rueda Descenso comenzó en canchas neutrales. Quilmes empató con Unión y luego ganó 2–0 a Temperley, pero encadenó cinco derrotas. Mientras tanto, el conflicto entre futbolistas y dirigentes alteraba todo el campeonato. Los reclamos incluían el reconocimiento de Futbolistas Argentinos Agremiados, la libertad de contratación y un salario mínimo. Tras una protesta simbólica y la ruptura de las negociaciones, se declaró la huelga general. La AFA dispuso continuar con jugadores amateurs, de modo que las formaciones que disputaron aquellas jornadas ya no eran las mismas que habían iniciado el año.

Finalmente, el torneo de Segunda fue suspendido. Quilmes había sumado apenas tres puntos en siete partidos de la fase por la permanencia, pero esa rueda no llegó a una definición deportiva. Ferro y Atlanta ascendieron por resolución de la AFA, en su condición de últimos descendidos de Primera. Para el Cervecero terminó así un año de retroceso e incertidumbre: los resultados habían sido preocupantes, aunque el desenlace de su temporada quedó ligado a un conflicto que excedía largamente al club.

La formación de un equipo campeón

En 1949, Quilmes volvió a Primera después de doce años fuera de la máxima categoría. La conquista quedó asociada a una delantera que los hinchas aprenderían a recitar: Cantatore, Santiago, Paraja, Cerioni y Santos. Sin embargo, ese equipo no apareció completo desde la primera fecha. Bajo la conducción de Ángel Diottalevi, fue tomando forma a lo largo del torneo, mientras el fútbol argentino todavía atravesaba las consecuencias de la huelga y la salida de jugadores hacia el exterior.

La categoría, ahora denominada Primera B, recuperó el sistema de todos contra todos a dos ruedas. Había veintiún clubes, de modo que cada equipo disputaría cuarenta partidos y tendría dos fechas libres. Quilmes comenzó con un 1–1 ante Colón en cancha de Ferro, porque Guido y Sarmiento seguía suspendida. La formación de ese día difería mucho de la que terminaría siendo campeona: de los cinco delanteros recordados, solamente Santos estaba en el debut.

Las incorporaciones fueron encontrando su lugar. Adolfo Paraja se presentó ante Defensores de Belgrano; Cantatore regresó al equipo poco después. Osvaldo Méndez, Jorge Marcilla y Julio Baldovino consolidaron la línea media. Rubí Cerioni debutó en la jornada trece y José Santiago lo hizo en la diecisiete, en Rosario frente a Tiro Federal. Santiago, que había pasado por las inferiores de Quilmes y luego por Gimnasia, aportó un gol en ese 3–2. Fue la primera ocasión en la que coincidieron los cinco integrantes de la delantera que definiría la campaña.

Hasta entonces, el recorrido había tenido altibajos. Quilmes goleó 7–1 a Argentinos Juniors, en una tarde en que Santos llegó a cien goles en el club, pero también perdió contra Estudiantes, Colegiales, Barracas Central y All Boys. Otros delanteros tuvieron una contribución importante antes de consolidarse el ataque titular: Rógora, Malachane y Carmen de Jesús Contreras marcaron goles que sostuvieron al equipo en ese período. El campeonato no fue solamente obra de los once nombres más recordados.

Al finalizar la primera rueda, Quilmes tenía 27 puntos y estaba a uno de Dock Sud, Unión y Colón. El empate sin goles en Santa Fe ante Colón abrió los desquites. Después comenzó una larga serie de triunfos: Nueva Chicago, Argentinos Juniors, Defensores y otros rivales fueron cayendo ante un equipo cada vez más seguro. En el 7–1 a Defensores anotaron los cinco delanteros titulares. La ofensiva tuvo continuidad, pero detrás de ella había una línea media estable y una defensa que permitió sostener el impulso del conjunto.

El 6–3 frente a Barracas Central dejó a Quilmes solo en la punta, con un punto más que Unión. La fecha siguiente lo llevó a Santa Fe para enfrentar precisamente a su perseguidor. Unión se puso dos veces en ventaja; Cantatore y Cerioni igualaron. Sobre el final, un tiro libre lejano de Baldovino terminó en el ángulo y selló el 3–2. El triunfo tuvo una enorme importancia deportiva, aunque quedó seguido por agresiones e invasiones que obligaron a jugadores e hinchas visitantes a buscar resguardo y complicaron su regreso.

La serie alcanzó once victorias consecutivas antes del 1–1 en el clásico de la Barranca. Quilmes mantuvo después su marcha y llegó al encuentro con Tiro Federal rodeado por un clima de consagración. Ganó 5–1 y aseguró, como mínimo, el primer puesto. El título quedó confirmado el 18 de diciembre, antes de comenzar el partido con Central Córdoba en Rosario: Dock Sud había derrotado a Colón, el último rival que conservaba posibilidades de alcanzarlo. Quilmes salió a jugar sabiendo que ya era campeón y que el regreso a Primera estaba conseguido.

Todavía quedaban fechas por disputar. El equipo venció a El Porvenir, empató 4–4 con Los Andes y cerró el campeonato el 7 de enero de 1950 con un 5–0 a Dock Sud, con cuatro goles de Paraja. No perdió en toda la segunda rueda. La tabla final registró 28 triunfos, 7 empates y 5 derrotas, 118 goles a favor y 53 en contra. Sus 63 puntos le dieron diez de ventaja sobre Colón. José Santiago fue el máximo anotador del equipo con 23 tantos, seguido por Santos con dieciocho, Cerioni con diecisiete, Paraja con dieciséis y Cantatore con trece.

Los festejos llevaron la conquista de nuevo a Guido y Sarmiento. Hubo recibimiento al campeón, vuelta olímpica y un banquete sobre el campo de juego, con futbolistas, dirigentes e hinchas. El presidente Jesús Castro abrió los discursos. La celebración reunía el alivio de terminar una larga espera con la admiración por un equipo que había hecho del ataque su rasgo más reconocible. El ascenso era el final de una etapa; sostenerse en Primera sería el desafío de la siguiente.

La Bomba Q y una permanencia sufrida

El ascenso de 1949 devolvió a Quilmes a una categoría en la que no jugaba desde 1937. La expectativa era grande y el equipo conservaba buena parte de la base campeona, incluida su delantera. Ángel Diottalevi siguió como entrenador. Entre las novedades estaban el arquero Leoncio Favalli y Alberto Gallo, un atacante llegado desde River. La vuelta también exigió obras: Guido y Sarmiento comenzó a ampliarse y refaccionarse para cumplir las condiciones de Primera, con la colaboración de numerosos socios.

Por esas reformas, el debut como local se disputó en la Bombonera. Quilmes empató 2–2 con Independiente: Cantatore abrió el marcador y Paraja consiguió la igualdad definitiva de cabeza. Una semana después llegó una prueba todavía más exigente, River en el Monumental. El local tenía una formación llena de figuras y estrenaba ante su público al uruguayo Walter Gómez. Quilmes, en cambio, presentaba a Gerónimo Parra y José Coccellato, y no podía contar con Cerioni por una cláusula contractual.

Loustau adelantó a River, pero Gallo empató y el ataque quilmeño empezó a encontrar espacios. En el segundo tiempo, Paraja convirtió tres goles en diecinueve minutos. El primero llegó tras un rebote de Carrizo; los otros dos culminaron jugadas de Cantatore. El 4–1 del 9 de abril de 1950 fue una de las tardes más recordadas del club. La noticia hizo delirar a los hinchas que habían viajado y a quienes los recibieron en la estación de Quilmes. La expresión La Bomba Q quedó asociada a la sorpresa de aquel resultado.

El equipo sostuvo ese comienzo con un 4–2 a Newell's, nuevamente en cancha de Boca. El 18 de mayo volvió a Guido y Sarmiento y venció 3–2 a Atlanta. Las obras habían llevado la capacidad del estadio a unas 35.000 personas, y la reapertura reunió una multitud pese a jugarse un jueves por la tarde. Después de seis fechas, Quilmes compartía con San Lorenzo el segundo puesto, detrás de Racing. La ilusión del ascenso parecía encontrar continuidad en Primera.

La campaña cambió bruscamente. Llegaron cinco derrotas consecutivas y un largo tramo de rendimiento irregular. El plantel tenía poco recambio y empezó a sentir el desgaste. Las victorias aisladas, incluso el 2–1 sobre San Lorenzo, no alcanzaban para despegarse de los últimos lugares. Bernardo Gandulla reemplazó a Diottalevi desde la fecha 21. A siete jornadas del final, Quilmes estaba comprometido con el descenso; el 0–4 frente a Boca volvió a mostrar su fragilidad después de haber goleado a Rosario Central.

La recuperación se apoyó en Rubí Cerioni. Sus goles ayudaron a rescatar empates ante Gimnasia y Chacarita; después llegaron el 4–1 a Vélez y el 1–0 en cancha de San Lorenzo. La última fecha encontró a Quilmes dependiendo de sí mismo: debía recibir a Tigre, otro equipo en peligro. Paraja abrió el marcador antes del descanso y Cerioni amplió de penal. El resultado terminó siendo un contundente 5–1, con tres goles de Cerioni y otro de Santos. Los hinchas celebraron la permanencia en una cancha desbordada de emoción.

Quilmes finalizó decimoquinto con 30 puntos, uno más que Huracán y Tigre. Había obtenido ocho de los últimos diez puntos disponibles. Sus 34 partidos dejaron 11 triunfos, 8 empates y 15 derrotas, con 57 goles a favor y 65 en contra. El regreso había combinado la euforia de vencer a River con la angustia de luchar hasta el cierre para seguir en Primera.

Una reacción que esta vez no alcanzó

Quilmes empezó 1951 con la esperanza de evitar otra campaña al límite. Regresó Néstor Paz y llegaron José Luis Lanza e Isaac Scliar, dos atacantes que tendrían continuidad. En cambio, Coccellato y Armándola se marcharon a Colombia. El torneo reunió a diecisiete equipos: Lanús había ascendido y ya no estaban Tigre ni Rosario Central. Cada club disputaría 32 encuentros y tendría dos fechas libres.

El comienzo fue adverso, con derrota ante San Lorenzo, pero la segunda fecha dejó un triunfo 3–2 sobre Atlanta y una actuación decisiva de Favalli. El arquero atajó dos penales, a Antú y a Buján, y sostuvo una ventaja que Quilmes había llegado a tener por 3–0. Su capacidad en los penales volvió a aparecer durante el torneo. En una campaña con frecuentes dificultades defensivas, esas intervenciones permitieron conservar puntos o evitar derrotas más amplias.

La irregularidad se transformó pronto en una lucha por la permanencia. Quilmes ganó a Huracán en la décima fecha, pero volvió a atravesar una larga serie sin triunfos. Sufrió goleadas ante Banfield, Independiente, Gimnasia, Vélez y Lanús. Rodolfo Orlandini tomó la conducción desde la fecha 18, en reemplazo de Gandulla. El 6–0 de Lanús fue, además, el último partido de Julio Baldovino con la camiseta del club, después de una trayectoria que había atravesado buena parte de la década anterior.

La reacción se hizo visible en las últimas jornadas. Quilmes venció 3–1 a Independiente con goles de Paraja, Santiago y Gallo, y luego ganó 3–2 en la cancha de Platense. Esos resultados le permitieron salir momentáneamente de la zona de descenso. Frente a Gimnasia, un rival directo, volvió a ponerse dos goles arriba, pero recibió el empate en el segundo tiempo. Era una oportunidad perdida para ganar distancia justo cuando cada punto empezaba a definir la temporada.

En la anteúltima fecha, Boca se adelantó 2–0 en la Bombonera. Quilmes reaccionó con un cabezazo de Paraja y un gol de Santiago. A los 86 minutos, Paraja completó la remontada y puso el 3–2. El triunfo parecía una hazaña capaz de cambiar el final del campeonato, pero Borello volvió a marcar a los 88 y el partido terminó 3–3. Quilmes había conseguido un punto en una cancha donde arrastraba una larga serie de derrotas, aunque el empate también dejaba escapar una victoria que necesitaba desesperadamente.

El último día, Quilmes cumplió su parte: venció 4–0 a Vélez con goles de Paraja, Paz y dos de Santos. Debió esperar entonces el desenlace de Huracán–Gimnasia. El empate habría obligado a Quilmes y Huracán a jugar un desempate, pero un gol de Huracán a los 88 minutos cambió todo. Huracán terminó con 24 puntos, Quilmes con 23 y Gimnasia con 21. Los dos últimos descendieron.

Como en 1950, Quilmes había obtenido ocho puntos en las cinco fechas finales. Esta vez la recuperación llegó demasiado tarde para compensar lo perdido. La tabla resumió una campaña de 7 victorias, 9 empates y 16 derrotas, con 52 goles a favor y 79 en contra. Dellacha fue el único jugador presente en los 32 partidos. Dos temporadas después del ascenso, el club debía reorganizar otra vez su camino en Primera B.

Un nombre en castellano y el final de una generación

Volver a Primera B en 1952 significó empezar otra vez. El recuerdo del campeonato de 1949 y del triunfo en el Monumental todavía estaba cercano, pero el descenso había desarmado buena parte del equipo. Dellacha, Baldovino y Favalli pasaron a Racing. Leguía se fue a San Lorenzo, mientras Gallo regresó a River. Osvaldo Méndez, Carboni y Santos quedaron entre los nombres que daban continuidad a una formación cada vez más renovada.

La temporada comenzó con un clásico en Guido y Sarmiento. Seis jugadores debutaron en Quilmes, y uno de ellos, Teodoro Maidana, abrió el marcador. Argentino empató, pero Santos resolvió el partido sobre el final con un remate desde un ángulo cerrado. El 2–1 permitió empezar con una alegría, aunque no anticipó una campaña de protagonismo. Los empates y las derrotas fueron alejando al equipo de los candidatos, y solamente una vez consiguió ganar dos partidos seguidos, ante Unión y Excursionistas.

En medio de ese comienzo se produjo un cambio institucional que permanece en la identidad del club. El 17 de abril de 1952 se castellanizó la denominación Quilmes Athletic Club y pasó a utilizarse Quilmes Atlético Club. No se trataba del nacimiento de otra entidad, sino de un cambio de nombre dentro de la trayectoria de la misma institución. La expresión en inglés conservaba la huella de sus orígenes; la nueva forma reflejaba una vida social que ya estaba plenamente integrada a la ciudad.

El torneo tuvo algunos resultados destacados que no alcanzaron para cambiar su rumbo. Quilmes empató las dos veces con Gimnasia, el futuro campeón. En la segunda, Luis Landi convirtió tres goles y el visitante igualó cerca del final. También ganó 2–1 en la cancha de Colón, con tantos de Vidal y Revello. Pero entre esas actuaciones hubo derrotas amplias, como las sufridas frente a Sarmiento y Dock Sud. Paraja, una de las figuras del ascenso y del regreso a Primera, se marchó a préstamo al fútbol uruguayo durante la campaña.

El 28 de diciembre, ante All Boys, se cerró algo más que un campeonato. Juan Ramón Santos y Jorge Carboni jugaron por última vez para Quilmes. Carboni continuaría su carrera en Gimnasia; Santos terminaba una etapa inseparable de la memoria del club. Sus goles, su permanencia y el afecto de los hinchas lo habían convertido en un símbolo de aquellos años. La derrota 0–2 fue el marco poco feliz de esa despedida.

Quilmes concluyó undécimo, con 30 puntos, producto de 10 victorias, 10 empates y 14 derrotas. Convirtió 59 goles y recibió 71. La distancia con Gimnasia, campeón con 51 puntos, mostraba que el regreso a la categoría superior no había estado cerca. El equipo necesitaba reconstruirse y encontrar nuevos referentes para una etapa que empezaba sin varias de sus figuras más queridas.

Villegas y Maschio devuelven el brillo al ataque

Después de la despedida de Santos, la campaña de 1953 presentó a un futbolista que se ganaría rápidamente un lugar especial entre los hinchas: Ismael Liborio Villegas. Había nacido en Bigand y llegaba después de pasos por Newell's y Jorge Newbery de Venado Tuerto. En su debut con Quilmes, ante Colón en Santa Fe, necesitó apenas unos minutos para dejar una impresión duradera: el local se adelantó y Villegas empató con un remate desde lejos.

El nuevo plantel también recibió a Humberto Maschio, Vladislao Cap y Natalio Sivo desde Arsenal de Llavallol. Maschio reunía capacidad de definición y manejo de pelota; podía retrasarse para participar en la creación sin perder presencia cerca del gol. Cap ocupó un lugar importante en la línea media y Sivo aportó recorrido por la izquierda. Entre otras incorporaciones estuvieron el arquero Héctor Giambartolomei, Ricardo Monti, José Néstor Vitaldi, Néstor Barrera y Ventura Mazariego.

La renovación no produjo resultados inmediatos. Quilmes llegó a la sexta fecha sin ganar, después de tres empates y dos derrotas. Una de ellas fue el 3–4 frente a Argentino de Quilmes, un clásico en el que las respuestas ofensivas no alcanzaron para compensar lo recibido. Maschio, ausente varias jornadas por enfermedad, volvió a jugar en el 3–2 a All Boys y comenzó una serie de partidos convirtiendo. El equipo todavía perdía demasiado, pero ya había señales de una delantera capaz de cambiar el curso de la campaña.

Desde el 5–1 a Talleres de la fecha doce, Quilmes encadenó once encuentros sin derrotas. Villegas tuvo una actuación sobresaliente en el 5–3 a Temperley: convirtió cuatro goles, uno de ellos de chilena. La relación futbolística con Maschio se hizo visible en paredes, pases y definiciones que devolvieron entusiasmo a la gente. El equipo podía ganar por amplitud, pero también sostener resultados ajustados mientras mejoraba su posición.

El punto más celebrado de esa racha fue el 5–1 a Argentino de Quilmes en la revancha del clásico. Villegas, Maschio, Barrera por duplicado y Sivo marcaron los goles. Después de la caída en la Barranca, el triunfo tuvo un valor especial para los hinchas. La serie invicta se cortó ante All Boys, aunque Quilmes todavía logró otra secuencia de cinco victorias consecutivas en el tramo final.

La campaña terminó con derrotas frente a Atlanta y Excursionistas y con el ascenso en manos de Tigre. Quilmes quedó quinto en la tabla, igualado en 39 puntos con Argentinos Juniors y Colón. Sus 75 goles a favor reflejaron el cambio respecto del año anterior: Villegas aportó 25 y Maschio, 23. No alcanzó para disputar el único ascenso hasta el final, pero el equipo había recuperado capacidad ofensiva y dos protagonistas alrededor de los cuales podía volver a ilusionarse.

1954: reconstruir el equipo después de las partidas

La sociedad que había ilusionado a los hinchas durante 1953 duró poco. Racing incorporó a Humberto Maschio, Vladislao Cap y Natalio Sivo, y Quilmes tuvo que buscar reemplazos para tres protagonistas de su recuperación. La continuidad de Ismael Villegas sostenía una parte importante del ataque, pero ya no alcanzaba con conservar la idea del año anterior: había que volver a construir las conexiones entre la defensa, la línea media y los delanteros. Carlos Roberto Aldabe siguió al frente del equipo en ese proceso.

Entre los recién llegados estaban Juan Alberto Stefanoni, procedente de Nueva Chicago, y Héctor Dufruka, un delantero con una trayectoria goleadora destacada en Dock Sud. Para la defensa se sumaron Juan Antonio Rupar y Nito Osvaldo Veiga. Las incorporaciones abrían posibilidades, aunque las primeras fechas mostraron que la formación todavía no encontraba estabilidad. El debut terminó con un 0–6 ante Central Córdoba en Rosario: un golpe especialmente duro para un club que había cerrado la temporada anterior con expectativas de crecimiento.

La respuesta llegó una semana después, en Guido y Sarmiento. Quilmes venció 4–0 a Nueva Chicago en un partido que cambió con las expulsiones de dos visitantes y el penal convertido por Villegas. El alivio, sin embargo, no se convirtió en una marcha regular. Después perdió el clásico en la Barranca por 3–1 y goleó 6–1 a Los Andes. En esos cambios de una fecha a otra se iba dibujando el carácter de la campaña: un equipo capaz de resolver una tarde con varios goles, pero sin la continuidad necesaria para acercarse a la punta.

Villegas siguió siendo una referencia mientras Carlos Horacio Delfino ganaba presencia en la delantera. La primera victoria como visitante tardó hasta la novena fecha y llegó ante un rival de peso: Estudiantes, que disputaba el ascenso por primera vez y terminaría siendo campeón. Ventura Mazariego puso el 1–0 a los diecinueve minutos. Antes del descanso, César Raúl Stoyachansky desvió un penal de Juan Eulogio Urriolabeitía, y en el cierre volvió a intervenir ante un cabezazo de Pelegrina. El arquero y Alfredo Luraschi fueron dos figuras de una victoria que quedó entre los mejores recuerdos del año.

Quilmes terminó la primera rueda con 18 puntos, a cinco de Colón. La distancia todavía permitía mirar hacia arriba, pero la segunda mitad no produjo la racha que necesitaba. Hubo una revancha favorable ante Central Córdoba y un 1–0 en el clásico de vuelta, con gol de Manuel Araujo. También hubo caídas muy amplias: Dock Sud ganó 6–3 en Quilmes, Talleres se impuso 5–1 y Argentinos Juniors, 6–0. Los resultados hacían difícil sostener una formación y una expectativa durante varias semanas seguidas.

En septiembre volvió Rubí Orlando Cerioni, después de jugar en Colombia para Sporting de Barranquilla y Deportivo Cali. Su regreso tuvo un escenario especial: el encuentro contra Atlanta, por la fecha veinticuatro. Quilmes empezó perdiendo, pero Vitaldi, Barrera y Delfino dieron vuelta el resultado. A los ochenta y cinco minutos, Cerioni aprovechó un rebote y marcó el cuarto. Para los hinchas fue el reencuentro con uno de los delanteros del ascenso de 1949, celebrado además con un gol en la tarde de su vuelta.

El equipo todavía intervino en la definición del campeonato. En la fecha treinta y uno recibió a Colón y lo derrotó 1–0 con un gol de Hipólito Alegre al comenzar el segundo tiempo. Ese resultado favoreció a Estudiantes en la lucha por el ascenso. Quilmes, en cambio, cerró su propia campaña con tres derrotas consecutivas y 35 puntos: quedó décimo en la tabla, igualado con Sarmiento y Excursionistas. Había utilizado treinta y un jugadores. Las victorias recordadas y el regreso de Cerioni convivieron así con un problema que atravesó todo el año: encontrar un equipo capaz de sostener su rendimiento.

1955: una ilusión que no alcanzó a sostenerse

El comienzo de 1955 volvió a traer despedidas. Néstor Barrera siguió su carrera en Racing, y Ludovico Héctor Avio llegó desde Argentino de Quilmes para ocupar un lugar en la creación y la definición. Su nombre era conocido en Guido y Sarmiento: había marcado cuatro goles frente al Cervecero en los clásicos de 1953. También cambiaron piezas de la defensa y del ataque. Giambartolomei pasó a Estudiantes, mientras Domingo del Rosario Noguera y Alejandro Omar Pires hicieron el camino hacia Quilmes. Desde Los Andes llegaron Luis Ristuccia y Agustín Manuel De La O. Luis Calafell tuvo que ensamblar esas incorporaciones alrededor de Cerioni y Villegas.

La primera fecha terminó en una remontada. Nueva Chicago se puso 2–0, pero Cerioni descontó y empató antes de que Manuel García, recién llegado de All Boys, convirtiera el gol del triunfo. La derrota siguiente ante El Porvenir no cortó el entusiasmo: Quilmes venció 4–2 a Banfield, que acababa de descender de Primera, y 1–0 a Talleres. La delantera respondía y el equipo empezaba a acercarse a los primeros puestos.

Una de las tardes más recordadas fue la visita a Atlanta. Quilmes tuvo que jugar todo el segundo tiempo con diez por la lesión de Ristuccia; además, Navarro y Noguera continuaban con dificultades físicas. Aun así llegó al cierre ganando 4–3. Villegas, que ya había convertido dos goles, tomó la pelota por la izquierda y envió una asistencia de rabona hacia el segundo palo. Noguera apareció para cabecear el 5–3. La jugada reunió la capacidad técnica de Villegas con el esfuerzo de un equipo que sostenía la ventaja en condiciones adversas.

El 4–0 posterior a All Boys dejó a Quilmes con diez puntos sobre doce y diecinueve goles convertidos. La expectativa movilizó a numerosos hinchas hacia Junín, incluso en un tren especial, aunque Sarmiento ganó 2–0. El equipo se recuperó frente a Defensores de Belgrano y, después de una derrota ante Unión, volvió a ganar contra Dock Sud y Temperley. Al completar la fecha once había alcanzado a Argentinos Juniors en la punta, con dieciséis puntos. El ascenso parecía una posibilidad concreta.

La suspensión de Guido y Sarmiento obligó a jugar varios encuentros en otras canchas. El clásico de la primera rueda se trasladó a Boca: Argentino abrió el marcador y Manuel García empató para establecer el 1–1. Quilmes también recibió a Dock Sud y Argentinos Juniors en la Barranca. Ante este último logró un valioso 2–0, pero entre esos triunfos aparecían derrotas que impedían consolidar la candidatura. Almagro ganó 5–3 en cancha de Atlanta, con dos goles de José Vitaldi, quien había sido jugador cervecero.

La primera rueda terminó con 21 puntos, a cuatro de los líderes. En las revanchas la producción bajó: Quilmes sumó solamente doce unidades y casi nunca pudo mantener el arco en cero. Cerioni sostuvo su aporte y cerró el año con dieciséis goles en treinta y una presencias; Villegas marcó catorce. El 4–2 a Temperley, con tres tantos de Cerioni, fue una de las últimas alegrías. Después llegaron seis partidos sin ganar hasta el cierre del calendario, el 30 de diciembre.

Los 33 puntos finales dejaron a Quilmes en el grupo intermedio, igualado con Nueva Chicago y Temperley y lejos del campeón Argentinos Juniors. La temporada había mostrado que podía competir con los mejores, pero también la dificultad para mantener un conjunto estable. Hubo veinticinco debutantes y cambios de formación durante buena parte del torneo. La distancia entre aquel comienzo goleador y el cierre irregular explica por qué una campaña que había encendido expectativas terminó sin pelea por el ascenso.

1956: la partida de Villegas y una recuperación insuficiente

La salida de Ismael Villegas abrió otro vacío importante. Después de tres temporadas y cuarenta y nueve goles, el delantero pasó a Gimnasia en un intercambio por Horacio Reymundo. Quilmes perdía a un jugador que podía organizar un ataque y resolverlo, como había demostrado frente a Atlanta. Llegaron también Juan José Karaba, Sergio José García, Tulio Orlando González y Emilio Rada. El equipo volvía a cambiar cuando todavía no había encontrado continuidad en los años anteriores.

El campeonato comenzó con una derrota por 2–1 frente a Talleres. Las fechas siguientes no trajeron el alivio esperado: Quilmes perdió contra Almagro, Platense y All Boys. El empate en Santa Fe ante Colón dejó una sensación amarga, porque había estado 2–0 arriba a los catorce minutos con goles de Cerioni y Manuel García. Frente a Dock Sud ocurrió lo contrario: el 3–3 se consiguió con una reacción final, después de ir perdiendo 1–3. García descontó y Pires convirtió un gol olímpico para igualar. El equipo podía rescatar un partido, pero seguía sin ganar.

La visita a Banfield mostró hasta qué punto costaba sostener las ventajas. Tulio González abrió el marcador y luego puso el 2–1 de penal, pero Quilmes sufrió la salida de Rada, que no pudo continuar tras una infracción. Banfield aprovechó la superioridad numérica y terminó ganando 3–2. La primera victoria llegó recién en la novena fecha: Luraschi y González hicieron los goles del 2–0 a El Porvenir. Habían pasado catorce partidos de campeonato sin triunfos, contando el cierre de 1955. Más que un impulso hacia la punta, fue una forma de interrumpir una racha que pesaba sobre el equipo.

Entre las fechas once y veinte apareció el mejor tramo del año: cinco victorias y cinco empates. Esa serie permitió tomar distancia de los últimos puestos, aunque el mal comienzo dejaba muy lejos a los candidatos al ascenso. Hubo resultados ajustados, como el 1–0 a Excursionistas, y una victoria especialmente difícil de conseguir: el 1–0 ante Almagro en José Ingenieros. Ballesteros definió a los ochenta y un minutos, después de una combinación de Delfino y Borra. Fue el único triunfo de Quilmes como visitante durante todo el campeonato.

Ni siquiera en la recuperación desaparecieron los problemas para cerrar los partidos. En el clásico de la Barranca, García, Ballesteros y Sila construyeron un 3–0. Argentino reaccionó en el segundo tiempo y llegó al empate con goles de Beghelli, Posas y Esteban López. Los encuentros de seis goles se repitieron: Quilmes igualó 3–3 contra Unión, Dock Sud, Sarmiento y Excursionistas, además de aquel clásico. La capacidad para convertir no siempre encontraba respaldo en la defensa de la ventaja.

La caída por 3–2 ante Platense terminó con el invicto. En las últimas catorce fechas Quilmes ganó solamente dos veces, ambas en casa y con amplitud: 4–0 a Colegiales y 4–1 a Central Córdoba. El clásico de vuelta terminó 1–1 y el torneo se cerró con una derrota por 4–2 frente a Temperley. Tulio González fue la principal referencia estadística, con quince goles y veintisiete presencias. El equipo terminó decimotercero, con 29 puntos, ocho triunfos y trece empates.

Aquella campaña tendría consecuencias más allá de diciembre. En 1957 comenzaría a utilizarse el promedio de puntos para definir el descenso, y lo obtenido en 1956 pasaría a formar parte de esa cuenta. El problema ya no sería solamente mejorar para intentar volver a Primera: Quilmes tendría que recuperar terreno para asegurar su permanencia en la categoría.

1957: aprender a mirar otra tabla

El campeonato de 1957 introdujo una preocupación nueva. El descenso ya no se resolvería únicamente por los puntos de esa temporada: para los clubes que habían participado en ambos torneos se sumarían los de 1956 y 1957 y se dividirían por dos. Los recién llegados, Chacarita y San Telmo, contarían solo su campaña actual. Quilmes comenzaba con los 29 puntos del año anterior, una carga que lo colocaba entre los equipos comprometidos. Una buena tarde podía mejorar la posición del campeonato sin borrar de inmediato el peso de la tabla acumulada.

A esa situación se sumó la despedida de Rubí Cerioni. Tras una discusión con el entrenador recibió el pase libre y continuó su carrera en el Atlas de Guadalajara. El club perdía otro vínculo con el equipo campeón de 1949. La renovación fue muy amplia: llegaron Julio Marañgelo, Abel Pacheco y Ángel Tulio Zof, entre otros. Pacheco venía de San Lorenzo de Mar del Plata y aportaba presencia en la zona media y un remate fuerte. En el primer partido debutaron diez jugadores; Jorge González fue el único integrante de aquella formación que había actuado en Quilmes el año anterior.

El inicio fue alentador. Antonio Ángel Gentile convirtió los dos goles del triunfo sobre San Telmo y luego Quilmes ganó 3–1 en Temperley. Dos empates extendieron el comienzo sin derrotas, pero pronto aparecieron las dificultades: Colón ganó en Guido y Sarmiento, Almagro se impuso 6–4 y Excursionistas goleó 4–0. Después de esa última caída asumió Saúl Ongaro. La necesidad de mejorar no admitía demasiada espera, porque la pelea por la permanencia incluía lo ocurrido en dos temporadas.

El cambio coincidió con el mejor momento del equipo. Quilmes venció 4–1 a Sarmiento, empató con Dock Sud y encadenó tres triunfos amplios: 5–2 a Banfield, 5–1 a El Porvenir y 4–1 a Chacarita. Carlos Esteban Morales hizo cuatro goles contra Banfield; Delfino marcó tres en la visita a El Porvenir. En cinco encuentros el equipo convirtió diecinueve tantos y obtuvo nueve puntos sobre diez. El ataque había encontrado una respuesta que permitía alejar por un tiempo la angustia de los últimos puestos.

La mejoría volvió a ser breve. Después de un empate sin goles ante Unión llegaron tres derrotas duras: 1–6 con All Boys, 1–4 con Platense y 1–4 con Central Córdoba. Las revanchas trajeron más caídas que victorias. Entre los momentos favorables quedó el 2–0 en la Barranca, con goles de Morales y Panelo, que cortó cinco clásicos sin vencer a Argentino. También hubo una tarde excepcional de Pedro Oscar Borra: convirtió los cuatro tantos del 4–3 a El Porvenir.

La permanencia quedó asegurada en la fecha treinta y dos, con el 1–1 ante All Boys. Las dos últimas presentaciones terminaron en derrotas ante Platense y Central Córdoba; este último se consagró campeón en Guido y Sarmiento. Quilmes cerró con 28 puntos y un promedio de 28,5 al sumar los del año anterior. Argentino y Excursionistas quedaron por debajo y debieron definir entre ellos el descenso. El 2–0 del clásico había cobrado un valor que iba más allá de la rivalidad.

Morales, con diecinueve goles, y Delfino, con quince, sostuvieron una parte importante de la campaña. Pacheco disputó los treinta y cuatro partidos. Sin embargo, el conjunto volvió a cambiar mucho: treinta jugadores tuvieron participación y solo siete habían actuado en 1956. La salvación permitía continuar en Primera B, pero todavía faltaba transformar los buenos pasajes individuales en una mejora duradera del equipo.

1958: Carreño, Figueroa y una delantera para recordar

El promedio seguía condicionando el comienzo de 1958. Esta vez, para Quilmes, la cuenta incluiría tres campeonatos: los dos anteriores y el que estaba por empezar. Las incorporaciones buscaron mejorar un equipo que había terminado cerca del descenso. Bernabé Córdoba llegó desde Talleres con capacidad para gambetear y encontrar el pase; Mario Scianca se sumó a la defensa desde Dock Sud; Horacio Torres aportó técnica a la línea media y Martín Rosales, velocidad por la derecha. Pero los nombres que quedarían más asociados a esa temporada fueron los de dos tucumanos: José Roberto Carreño y Héctor Alberto Figueroa.

Carreño y Figueroa ya habían compartido la delantera de la selección de su provincia. En Quilmes se entendieron por el costado izquierdo del ataque. Carreño, apodado Malambo por su facilidad para salir hacia cualquiera de los dos lados, ocupaba una posición interior y llegaba con frecuencia al gol. Figueroa desbordaba, manejaba bien la pelota y también definía. Sus paredes y cambios de ritmo no necesitaban empezar cerca del área: podían nacer desde la mitad de la cancha y hacer avanzar al equipo en pocos toques.

El debut fue un 2–2 en Caballito ante Ferro, que terminaría siendo campeón. Quilmes estuvo cerca de ganar, pero recibió el empate en los minutos finales. La primera demostración contundente de la nueva pareja llegó frente a El Porvenir. El local se puso 2–0 en ocho minutos, y la reacción cervecera transformó el encuentro: Figueroa marcó tres goles y Carreño, dos, para ganar 5–2. El equipo también venció a Temperley con un recordado tiro libre de Pacheco. Después de cinco fechas permanecía invicto y cerca de la punta.

La derrota con Sarmiento interrumpió ese comienzo. Hubo altibajos, pero la producción ofensiva siguió ofreciendo tardes intensas: 6–4 a Dock Sud, 5–1 a All Boys y 4–2 a Los Andes. Córdoba, Pacheco, Morales y Delfino acompañaban a los dos tucumanos y repartían los goles. Esa variedad explica que Quilmes terminara con cuatro futbolistas en los dos dígitos: Carreño convirtió dieciocho; Figueroa, quince; Córdoba y Pacheco, diez cada uno.

La campaña tuvo además una dificultad poco habitual. Los incidentes posteriores a la derrota ante Chacarita provocaron la suspensión de Guido y Sarmiento. En sus cinco localías siguientes Quilmes fue pasando por las canchas de Argentino, Huracán, Atlanta, Ferro e Independiente. La condición de local seguía figurando en el calendario, pero el equipo y sus hinchas debían trasladarse de un estadio a otro. En medio de ese recorrido logró triunfos importantes, como el 5–1 a El Porvenir y el 3–2 a Temperley.

El regreso a Guido y Sarmiento ocurrió en octubre, frente a Nueva Chicago, que peleaba el título. Figueroa y Pacheco marcaron en los primeros nueve minutos y Quilmes ganó 2–0. El resultado favoreció a Ferro en la definición. En el cierre hubo más victorias amplias, entre ellas el 5–3 a Excursionistas y otro 5–3 a Colón. Con 40 puntos, Quilmes terminó cuarto, igualado con Los Andes, y sus 85 goles compartieron con Chicago la mayor cifra del campeonato. El promedio dejó de ser una amenaza inmediata: la recuperación había sido real, aunque el ascenso todavía quedara lejos.

En 1958 también se sumó una expresión musical a la identidad del club. Bruno Emilio López, compositor de tangos radicado en Quilmes, escribió la marcha Alma los Blancos a pedido de Osvaldo Senté. El título retomaba una arenga que Brígido Pozzoni había popularizado desde las tribunas en los primeros años del profesionalismo. La grabación, cantada por Omar Dionelli, dio otra forma a una voz que ya pertenecía a los hinchas. La memoria de aquel año quedó así unida tanto a las combinaciones de Carreño y Figueroa como a una canción nacida del vínculo cotidiano con el club.

1959: el regreso de Villegas y un ascenso que estuvo cerca

Después de la recuperación de 1958, Quilmes pudo comenzar otra temporada mirando hacia arriba. El promedio ya no absorbía toda la atención y el regreso de Ismael Villegas aumentó las expectativas. Para los hinchas, reunirlo con Carreño y Figueroa significaba imaginar una delantera de gran calidad. Retener a los dos tucumanos exigió un esfuerzo económico: el club organizó una colecta pública y recibió, entre otros aportes, una donación del boxeador Felipe Campolo, simpatizante cervecero.

La formación recibió además a los hermanos Juan Carlos y Víctor Hugo Doval, a Víctor Posocco y a David Bianchini. En el arco regresó Carlos Tosta y se incorporó Rubén Mario Levi. Quilmes empezó el campeonato el 2 de mayo con un 5–3 a Los Andes. Después venció a Chacarita, Colón y Almagro: cuatro partidos, cuatro victorias y la punta de la tabla. El equipo había transformado la ilusión previa en resultados concretos.

La derrota ante All Boys cortó esa marcha, pero Quilmes respondió con triunfos frente a Excursionistas y Defensores de Belgrano. En el primero se produjo una novedad reglamentaria: ante la lesión de Levi ingresó Victorio Impalá, en el contexto de la autorización de cambios de arquero por lesión. La temporada también confirmó el peso de Pacheco. Su remate, sus tiros libres y sus penales eran un recurso decisivo; frente a Sarmiento convirtió el único gol, y Levi sostuvo la ventaja al atajar un penal casi sobre la hora.

El equipo perdió regularidad durante la primera rueda, aunque permaneció cerca de los líderes. Florencio Doval dejó la conducción y José Santiago asumió desde la fecha quince. Quilmes cerró esa mitad con 21 puntos, a dos de Banfield. Al comenzar las revanchas ganó en Los Andes, pero cayó frente a Chacarita y Colón. La derrota con el futuro campeón fue particularmente costosa: Tosta reemplazó al lesionado Levi, convirtió un gol en contra y disputó, sin saberlo entonces, su último partido en Quilmes.

La candidatura volvió a fortalecerse en octubre. El triunfo 2–1 sobre Banfield, con goles de Marcos Conigliaro y Carreño a partir de intervenciones de Córdoba, dejó a Quilmes y Chacarita con 34 puntos. El empate siguiente ante Temperley alcanzó para pasar momentáneamente al frente. Quedaba poco campeonato y el ascenso dependía de sostener resultados que el propio equipo estaba consiguiendo construir.

Los dos empates posteriores dejaron una marca profunda. Ante Unión, Quilmes ganaba 3–0 a los treinta y cuatro minutos y terminó 3–3. En Junín se repitió la historia: Carreño hizo tres goles en poco más de media hora, pero Sarmiento igualó sobre el final. Esos puntos perdidos en partidos que parecían encaminados permitieron que Chacarita recuperara la ventaja. El 1–0 a Nueva Chicago mantuvo a Quilmes a una unidad, pero las derrotas con Platense y Tigre terminaron de alejarlo del título.

Quilmes cerró como subcampeón, con 42 puntos frente a los 45 de Chacarita. Carreño marcó dieciséis goles y Pacheco, trece; Breccia disputó todos los encuentros y fue una referencia de la defensa. Los 43 goles recibidos fueron la menor cifra del torneo, aunque el equipo había concedido demasiado en algunas tardes decisivas. Después de varios años de campañas discretas, volvió a competir por el regreso a Primera hasta las últimas fechas. Esa mejora convivió con la frustración de haber dejado escapar ventajas que podían haber cambiado el desenlace.

1960: dos equipos dentro de una misma temporada

El comienzo de los años sesenta volvió a modificar el plantel. Ismael Villegas partió al Everton de Chile y llegó otro delantero de su mismo apellido: José Néstor Villegas, procedente de Independiente. No eran la misma persona ni ocupaban el mismo lugar en la memoria de los hinchas. Ángel Eduardo del Moro se incorporó desde Los Andes; también llegaron Rodolfo Luca, Osvaldo Nemiña y Orlando Nappe. Víctor Hugo Doval pasó a River y Bernabé Córdoba a All Boys. La continuidad de Carreño, Figueroa, Pacheco y Breccia debía convivir con una nueva reorganización.

La primera fecha puso a Quilmes frente a Deportivo Morón, que debutaba en Primera B. El encuentro se jugó en cancha de Ferro y terminó 0–0. La oportunidad más clara para cambiar el resultado fue un penal de Del Moro que detuvo Julio Elías Musimessi. Los dos cruces de aquel año, acompañados por una fuerte presencia de hinchas e incidentes fuera del campo, quedaron en el comienzo de una rivalidad que continuaría creciendo con el tiempo.

El rendimiento inicial fue irregular. Quilmes perdió 3–0 en casa con Almagro, ganó en Rosario ante Central Córdoba y alternó victorias con nuevas caídas. La conducción también cambió: Mario Fortunato dejó su lugar, Miguel Marzano dirigió un encuentro como interino y después asumió Juan José Negri. El equipo no encontró una marcha estable. En la fecha quince goleó 4–1 a Talleres, con tres tantos de Hugo Carro, y debutó Roberto Rodolfo Aguirre, un futbolista que más adelante tendría una larga presencia en el club.

El final de la primera rueda expuso todos los problemas. Tras la salida de Negri, el propio Nappe dirigió interinamente dos partidos. Uno fue el 5–7 contra Sarmiento, disputado en el Gasómetro de San Lorenzo. Hubo doce goles, dos penales convertidos por Pacheco y ventajas que las defensas no conseguían controlar. Quilmes llegó al descanso del campeonato con catorce puntos, lejos de Los Andes. La cercanía del ascenso de 1959 parecía haberse perdido en pocos meses.

Con Pedro Rodríguez comenzó una segunda rueda distinta. El 4–1 ante Morón tuvo otra tripleta de Carro, aunque Quilmes volvió a desperdiciar un penal y tuvo que remontar el gol inicial del visitante. Después de caer con Almagro encadenó seis triunfos: Central Córdoba, Excursionistas, Defensores de Belgrano, El Porvenir, Banfield y Temperley. Carreño marcó dos veces ante Banfield; Coraglio hizo lo mismo en Temperley. El equipo convirtió con frecuencia y, durante varios encuentros de esa serie, también sostuvo el arco en cero.

La recuperación permitió escalar posiciones, pero Los Andes llevaba una ventaja demasiado grande. El empate con All Boys y la derrota con Chicago interrumpieron la racha. Quilmes volvió a sumar victorias y empató 2–2 con el campeón en la anteúltima fecha. El cierre fue un 2–1 a Sarmiento, muy diferente al desordenado partido de doce goles de la primera rueda. En las revanchas obtuvo 26 puntos: casi el doble de lo conseguido en la primera mitad.

El cuarto puesto final, igualado en 40 puntos con Morón, reflejó una recuperación importante. Carro terminó con quince goles y José Néstor Villegas con once. Breccia, capitán en la segunda rueda, sostuvo su papel como referencia del equipo; Pacheco y Nemiña se alternaron en la zona central. Quilmes no llegó a pelear el campeonato, pero cerró la temporada con una base de rendimiento mucho más firme que la que había mostrado al comenzar.

1961: una campaña de punta hasta la última tarde

A diferencia de tantas temporadas anteriores, Quilmes comenzó 1961 conservando una base reconocible. La recuperación del año anterior y la continuidad inicial de Pedro Rodríguez permitían pensar en otra disputa por el ascenso. Llegaron Oscar Villalba, Alberto Ducca, Rubén Porporatto y Hugo Rivero desde Rosario Central; Felipe Bracamonte se incorporó desde All Boys y Juan Carlos Giamelo, desde Unión. La ausencia más importante fue la de Abel Pacheco, cedido a Sarmiento. El equipo tenía que reemplazar su peso en la mitad de la cancha, pero no necesitaba reconstruirse por completo.

La derrota del debut ante All Boys contrastó con una buena preparación. Quilmes se repuso con tres victorias: 4–1 a Banfield, 3–1 a Dock Sud y 3–1 a Platense. Bracamonte convirtió cinco goles en esos tres encuentros. Después hubo caídas ante Tigre y Unión, pero desde la octava fecha comenzó una serie de trece partidos sin perder. No fue una racha de goleadas: hubo seis triunfos y siete empates, sostenidos en buena medida por la defensa y el trabajo de Levi en el arco.

En ese recorrido llegó el primer cruce con Newell’s, que disputaba por primera vez la segunda categoría. Bracamonte adelantó a Quilmes y Zucca empató para el visitante. El 1–1 interrumpió una larga secuencia de minutos sin goles recibidos por Levi. Quilmes cerró la primera rueda con un 1–0 a Nueva Chicago y 22 puntos, uno menos que Tigre. Al vencer a All Boys en el comienzo de las revanchas alcanzó la punta.

La visita a Banfield dejó uno de los recuerdos más fuertes de la campaña. Las tribunas recibieron al equipo con una lluvia de etiquetas de cerveza, llevadas en bolsas por los hinchas. Del Moro convirtió un tiro libre a los setenta y ocho minutos y Quilmes ganó 1–0, pese a terminar con nueve por las expulsiones de Nemiña y del propio goleador. El triunfo cortó una larga serie sin victorias en esa cancha. Detrás del fútbol también estaba la vida social: las cenas de camaradería, los homenajes y las campañas de colaboración acompañaban la marcha del equipo.

El empate con Dock Sud y la derrota ante Platense terminaron con el invicto. Emilio Quadrio asumió la conducción y su primer partido trajo un triunfo decisivo ante Tigre, con gol de Del Moro. Siguieron victorias contra Central Córdoba, Unión y Almagro. Quilmes volvió a encabezar el campeonato, aunque no logró escapar. La caída con Morón y la sorpresa de Deportivo Español en Guido y Sarmiento mantuvieron abierta la pelea. Esta última derrota cortó una serie de veintitrés encuentros sin perder como local.

El 1–0 a Excursionistas, con gol de Porporatto, dejó a Quilmes tres puntos por encima de Newell’s cuando faltaban tres jornadas. Ese encuentro acabaría teniendo una importancia que nadie podía medir todavía: la AFA comenzó a investigar un incentivo ofrecido desde el club rosarino a jugadores de Excursionistas. Mientras avanzaba esa investigación, el campeonato siguió en la cancha. Newell’s ganó 3–0 el enfrentamiento directo y Quilmes solo pudo empatar con Sarmiento. Ambos llegaron a la última fecha con 44 puntos; Chicago y Banfield también conservaban posibilidades.

En Mataderos, Bracamonte puso en ventaja a Quilmes, pero Chicago dio vuelta el partido. Carreño empató en el segundo tiempo; después Salomón adelantó otra vez al local y Carreño volvió a igualar un minuto más tarde. El 3–3 dejó a Quilmes con 45 puntos. Newell’s ganó su partido y terminó con 46. En ese momento el ascenso parecía resuelto a favor de los rosarinos, aunque la investigación abierta por el encuentro con Excursionistas todavía no había concluido.

La campaña había mostrado una solidez poco frecuente en los años anteriores: dieciocho victorias, nueve empates y apenas treinta goles recibidos. Breccia y Villalba jugaron todos los partidos, y Aguirre, treinta y tres. Del Moro y Bracamonte marcaron catorce goles cada uno. Quilmes había quedado a un punto en el campo de juego; la resolución definitiva del título llegaría cuando el equipo ya preparaba la temporada siguiente.

El fallo que confirmó el regreso a Primera

Durante el verano de 1962 siguió abierta la investigación sobre el incentivo a Excursionistas. El 21 de febrero, el Tribunal de Disciplina resolvió descontarle diez puntos a Newell’s. La decisión consideró acreditado el ofrecimiento realizado por un representante de la institución rosarina. La sanción modificó la tabla de 1961: los 46 puntos obtenidos por Newell’s pasaron a ser 36, por debajo de los 45 de Quilmes.

Quilmes pidió que se reconociera su ascenso. Banfield, Nueva Chicago y Platense pretendían disputar un cuadrangular para determinar quién ocuparía el lugar, pero finalmente el 28 de febrero Quilmes fue proclamado campeón. La definición llegó casi tres meses después del último partido. No se cambiaron los resultados que había conseguido el equipo: lo que se alteró fue la clasificación por la sanción a su rival.

El festejo tenía una dificultad inmediata. Faltaba aproximadamente un mes para que comenzara el campeonato de Primera y gran parte de las decisiones sobre el nuevo plantel se había tomado pensando en volver a competir en la B. El club debía adaptar esa preparación a una categoría más exigente. El empate de Carreño en Mataderos, que había permitido conservar el segundo puesto, adquirió entonces un significado distinto: terminó siendo una pieza decisiva del regreso a Primera.

1962: un regreso sin tiempo para afirmarse

El equipo que volvió a Primera fue muy diferente del que había peleado el campeonato de ascenso. Levi pasó a Platense, José García a Tigre y Juan Carlos Doval a San Telmo. Carreño disputó los primeros encuentros antes de partir a Dock Sud junto con Giamelo. Llegaron Carlos Rico, Norberto De Sanzo, Rafael García Fierro, Antonio Villamor, Ricardo Scialino y Jacinto Merayo, entre otros. La cantidad de cambios dificultaba conservar las conexiones que habían sostenido la campaña anterior.

Las primeras cuatro fechas terminaron en derrotas contra Independiente, Vélez, Atlanta y San Lorenzo. El alivio llegó ante Rosario Central: un gol de Luis Ángel Vizzo permitió ganar 1–0. Después hubo una larga interrupción del campeonato por el Mundial de Chile. Al reanudarse, Quilmes perdió en La Plata con Gimnasia y, tras quedar libre, rescató un empate en Avellaneda. Racing había estado 2–0 arriba, pero Del Moro descontó e Itamar Monteiro igualó sobre el final.

El 3–1 a Ferro fue la segunda victoria. Merayo abrió el marcador y Milton Dos Santos convirtió dos veces en el segundo tiempo. Los empates con Argentinos Juniors y Huracán completaron cuatro partidos sin perder. Por un momento el equipo pudo imaginar una recuperación, aunque seguía cerca del fondo y el promedio de descenso solo computaba su campaña de ese año, mientras los demás clubes acumulaban temporadas anteriores.

Fuera de la cancha, julio dejó un episodio trágico en la vida del club. El día 14 una avioneta se estrelló contra la cancha número uno de tenis y murió el teniente de aviación Julio César Fracchia, vinculado desde joven a la institución. El accidente ocurrió en un espacio de intensa actividad social, junto al mundo cotidiano del Chalet, los deportes y las reuniones de socios. Es un recuerdo de aquella temporada que excede por completo los resultados del fútbol.

La mejoría deportiva se cortó con las visitas a River y Boca, que terminaron 0–4 y 1–5. Comenzó una racha de catorce partidos sin ganar. Los cambios de entrenador no lograron revertirla y la distancia con los rivales por la permanencia fue creciendo. Quilmes recién volvió a vencer el 4 de noviembre, con un 4–2 a Argentinos Juniors y dos goles de Del Moro y otros dos de Vizzo. Fue una alegría aislada: una semana después, el 1–4 frente a Huracán confirmó el descenso.

En las últimas cinco presentaciones solo sumó un punto, en el empate con Estudiantes. La despedida fue una derrota por 6–2 ante Chacarita. Quilmes terminó último con trece puntos, tres victorias, siete empates y dieciocho caídas. Aguirre disputó todos los encuentros; Del Moro fue el goleador con nueve tantos. El regreso había durado una temporada y dejaba nuevamente la tarea de reorganizarse para buscar el ascenso.

1963: sombras, recambio y una campaña irregular

José Santiago volvió a dirigir al primer equipo, con la memoria del ascenso de 1949 y del de 1961 como respaldo. El plantel sumó a Hugo Carro, José Antonio Perillo, Dardo Migone y Daniel Sosa, mientras Genisson de Oliveira dos Santos aportó una novedad brasileña en el ataque.

La campaña alternó alegrías y golpes desde el comienzo: triunfos como local ante San Telmo y Los Andes, derrotas fuera de casa y un empate con Español marcaron una primera rueda de rendimiento cambiante. El equipo llegó a vencer a Lanús, Central Córdoba y Sarmiento, pero no pudo sostener la cercanía con los líderes.

La segunda rueda profundizó la irregularidad. Tras un conflicto entre los atacantes titulares y el entrenador Imbelloni, Quilmes presentó frente a Ferro una delantera de juveniles de quinta división. Debutaron Julio Mesa, Carlos Clavellino, Oscar Pérez y Heriberto Pasturenzi, junto a Néstor Garello, que tenía un partido en Primera. El arquero Nicolás D’Angelo también debutó al reemplazar al lesionado José García y recibió los seis goles del 0–6 en Guido y Sarmiento. Más adelante, con Pedro Rodríguez en la conducción, la expulsión de Minutti cambió un partido hasta entonces parejo contra Nueva Chicago. Quilmes perdió 7–2 en Mataderos; Juan Carlos Cárdenas convirtió cinco goles para el local.

Quilmes cerró el torneo con 32 partidos: once victorias, seis empates y quince derrotas. Sumó 28 puntos, convirtió 44 goles y recibió 61, para terminar decimotercero. Gennison y Hugo Carro fueron sus máximos goleadores, con diez tantos cada uno. En la última fecha, dos goles del brasileño permitieron despedir el año con un 2–0 a Platense. Ferro, Unión, Sarmiento y San Telmo terminaron igualados en la punta y disputaron un cuadrangular de desempate. Ferro ganó sus tres encuentros y obtuvo el ascenso.

1964: una reestructuración que cambió el escenario

En 1964, la reorganización del fútbol argentino cambió la escala de la Primera B: pasó de diecisiete a veinticuatro participantes. Los clubes se dividieron en dos zonas de doce. Los seis primeros de cada grupo avanzarían a una rueda de ascenso; los restantes disputarían una rueda de honor sin descensos. Quilmes quedó en la Zona Sur. Para volver a Primera debía superar primero esa clasificación y después competir en una etapa decisiva en canchas neutrales.

Juan José Negri comenzó el año como entrenador. Hugo Carro pasó a All Boys y el ataque recibió a Oscar Vicente Aguirre, Carlos Rodolfo Ramírez y Hugo Chávez. También llegaron el arquero Miguel Ángel Zappino y el defensor Héctor Osvaldo Abril. El debut frente a Lanús terminó 0–0. Antes del segundo encuentro, Osvaldo Nemiña se incorporó a Newell’s, y Roberto Aguirre ocupó el puesto de volante central que dejaba vacante. Miguel Ángel Sernia pasó a la defensa. Quilmes perdió 3–2 con Central Córdoba pese a los dos goles de Ramírez.

Después de dos nuevos empates, el equipo encontró una manera de jugar que dio resultados. Goleó 4–0 a San Telmo, 4–1 a Unión y 6–2 a Talleres de Escalada. Sernia, Migone y Ramírez tuvieron un papel importante en un fútbol de pases precisos, movilidad y juego a un toque. Ante El Porvenir remontó un comienzo adverso y ganó 3–1, con un gol de Ramírez y dos del paraguayo Ramón Benítez Oviedo.

La visita a Temperley concentró la expectativa de los hinchas: salió un tren especial y se vendieron casi ocho mil entradas. Roberto Aguirre abrió el marcador a los treinta segundos y Sergio Cantú igualó para el local. Glavocich se lesionó y cambió de posición con Eduardo Pimentel do Barro. Cerca del final, Sernia lo encontró desmarcado y el defensor, convertido en atacante, definió por encima del arquero. El 2–1 dejó a Quilmes y Temperley con trece puntos en lo alto de la zona.

Dock Sud cortó la buena serie con un 2–0. Luego llegó una derrota 1–0 ante Argentino de Quilmes en la Barranca, con gol de Lorenzo Novoa. La revancha se disputó al cerrar la primera fase: Quilmes, ya dirigido por José Ramos y clasificado para la rueda de ascenso, ganó 4–1. Benítez Oviedo convirtió el último tanto y terminó esa etapa con once goles; tres de ellos habían llegado en el 3–2 a Italiano.

Roberto Aguirre dejó una marca especial. Alcanzó los cien partidos consecutivos durante aquella temporada, igualando el registro de Néstor Paz, y después lo superó. La serie había comenzado el 22 de julio de 1961 y llegó a 105 encuentros sin faltar. Su continuidad acompañó los cambios del equipo: en 1964 jugó principalmente como volante central, tras la salida de Nemiña.

La rueda de ascenso mostró las limitaciones de Quilmes. Solo consiguió tres victorias y terminó antepenúltimo. Hubo alegrías como el 5–3 a Italiano y el 3–1 a Morón, pero perdió contra los siete equipos mejor ubicados, incluido el campeón Lanús, que lo venció 1–0 en cancha de Independiente. Platense obtuvo el segundo ascenso después de un pentagonal de desempate. Para Quilmes, el principal aporte del año fue reunir jugadores que tendrían un papel importante en la campaña siguiente.

1965: construir un equipo para volver a Primera

El campeonato de 1965 exigía una resistencia poco habitual: veintitrés equipos, dos ruedas y cuarenta y cuatro partidos para cada participante. Los dos primeros ascenderían y no habría descensos. Quilmes debía sostener una candidatura durante más de nueve meses. La base que había empezado a reunirse en 1964 recibió nuevos jugadores y terminó encontrando en la defensa su principal punto de apoyo.

Desde Racing llegaron Eduardo Pellico, Jorge Raúl Sivina, Julio Alberto Bavastro y Miguel Ángel Basílico. Para los jóvenes con pocas oportunidades en Avellaneda, Quilmes ofrecía continuidad. Basílico aportaba una experiencia distinta, adquirida también en Vélez y Boca. Se incorporó además Eusebio Nunes, conocido como Cacique, otro brasileño que pasó por el equipo. Ernesto Luciano Lencina y Vicente Héctor Lombardo comenzaron a ocupar lugares que serían importantes en la campaña.

El debut fue un 3–2 a Almagro como visitante, con dos goles de Hugo Chávez y uno de Pellico. Horacio Collazo dirigió aquel encuentro; Vicente Castagnani estuvo al frente desde la segunda fecha. En el triunfo 1–0 sobre Italiano se despidió Roberto Aguirre, transferido a Newell’s en una operación que incluyó el pase de Pedro Manuel Espíndola. Quilmes comenzó a reorganizarse sin uno de sus jugadores más constantes.

El arranque fue muy bueno: seis victorias y tres empates en nueve fechas. Quilmes venció a Arsenal en el primer cruce entre ambos, rescató un empate sin goles en Santa Fe ante Colón y ganó 3–0 el clásico con Argentino de Quilmes. Sosa, Ramírez y Bavastro marcaron en esa tarde de tribunas llenas. Luego, otro gol de Sosa cerca del final dio la victoria ante Central Córdoba en Rosario. El equipo encabezaba la tabla y había recibido apenas cuatro goles.

La derrota 1–3 con Defensores de Belgrano abrió un período de dificultades. Entre las fechas diez y veinte, Quilmes sufrió seis de las siete caídas que tendría en todo el torneo. Perdió en casa frente a Temperley y Unión, y fuera ante All Boys, Talleres y Sarmiento. La distancia con Los Andes llegó a ocho puntos. José Santiago volvió a la conducción durante ese tramo, mientras el equipo buscaba recuperar la solidez del comienzo.

La reacción tomó forma con el 1–0 a Tigre de la fecha veintiuno. Desde entonces, Quilmes encadenó triunfos y empates hasta volver a discutir los primeros puestos. En las revanchas venció 2–1 a Los Andes, uno de sus competidores directos. La victoria 2–1 sobre Colón fue otro paso decisivo: Lencina hizo los dos goles, uno con un tiro libre lejano y otro después de que Sernia le tocara un indirecto dentro del área. Quilmes llegaba al clásico en la Barranca a un punto del líder.

El tiro libre de Lencina y la definición del ascenso

El 2 de octubre, Argentino de Quilmes recibió al Cervecero en un estadio repleto. El contraste deportivo era grande: los Mates apenas habían ganado un encuentro y Quilmes peleaba arriba. Sin embargo, la rivalidad convertía el partido en una prueba particular. A los dieciséis minutos, Lencina ejecutó un tiro libre fuerte y bajo que venció a Héctor García. Ese gol decidió el 1–0. El arquero local le atajó después un penal y evitó que la ventaja creciera, pero el triunfo ya tenía un significado enorme.

La derrota de Colón frente a Sarmiento permitió que Quilmes alcanzara la punta junto a Los Andes, ambos con cuarenta puntos. El remate de Lencina quedó asociado al ascenso porque resumía una virtud del equipo: resolver partidos difíciles con un recurso preciso. Aun así, faltaba una parte larga del campeonato. Quilmes debía mantener su regularidad mientras varios rivales seguían cerca.

No siempre lo hizo con comodidad. Igualó 2–2 con Defensores de Belgrano gracias a dos goles de Chávez en el tramo final. En Mataderos, Ramírez marcó a los ochenta y siete minutos para rescatar otro 2–2 ante Nueva Chicago. Aquel encuentro estuvo atravesado por enfrentamientos en las tribunas y una intervención policial con gases que interrumpió el juego. La pelea deportiva por el ascenso convivía con episodios de violencia que afectaban a jugadores e hinchas.

El 1–0 sobre All Boys, por un gol en contra de Gerardi, sostuvo la ventaja ante un perseguidor directo. Más adelante, Basílico convirtió sobre la hora frente a Villa Dálmine y Ramírez hizo el único tanto ante Sarmiento. Eran victorias trabajadas, muchas veces defendidas con el equipo retrasado. Quilmes sumaba puntos, aunque no conseguía alejarse definitivamente. Colón pasó al frente después del empate cervecero con Tigre.

El 14 de diciembre, Colón aseguró el primer ascenso. Quilmes venció 2–0 a Excursionistas con dos goles de Ramírez y quedó a un paso del segundo. Solo All Boys podía alcanzarlo: necesitaba ganar a Arsenal y esperar una derrota de Quilmes en Morón. La última jornada se disputó el sábado 18 por la mañana, con atención simultánea a lo que ocurría en el Oeste y en Sarandí.

Morón abrió el marcador y cortó una prolongada racha de Palmintieri sin recibir goles. Ramírez empató de cabeza tras una intervención de Basílico, pero el local volvió a adelantarse y ganó 3–1. La tranquilidad llegó desde la otra cancha: Sciancalépore convirtió de penal para Arsenal, que venció 1–0 a All Boys. Quilmes conservó el segundo puesto y ascendió. Los incidentes en el estadio obligaron a concentrar buena parte de la celebración en el vestuario.

El balance fue de 59 puntos, con veintidós victorias, quince empates y siete derrotas. Quilmes convirtió 55 goles y recibió 38. Ramírez terminó como goleador con once tantos; Lencina y Basílico aportaron nueve cada uno. Palmintieri disputó cuarenta y tres partidos y mantuvo el arco en cero en veintitrés. Lencina, Sernia, Espíndola, Pellico y el arquero jugaron todos los encuentros de la segunda rueda. La continuidad de esa base y la capacidad para defender ventajas pequeñas hicieron posible el regreso a Primera.

1966: volver a Primera y buscar una nueva formación

El ascenso de 1965 había devuelto a Quilmes a Primera después de tres temporadas. La decisión sobre cómo afrontar el regreso modificó rápidamente al equipo: José Santiago no continuó y la dirigencia eligió a Luis Antonio Ferreyra. La noticia sorprendió al entrenador del ascenso durante sus vacaciones en Villa Gesell, donde se enteró por una conversación con el pintor Aldo Severi. La salida de una figura tan ligada al club marcó el comienzo de otra etapa.

La renovación también alcanzó al plantel. Arena y Pellico pasaron a Italiano; Sivina se fue a Talleres de Escalada, de donde llegó Alberto Lucas D’Errico. Se sumaron Héctor Vitale y Roberto Mammoli desde Unión, el arquero Carlos Michelena desde San Telmo y el defensor Juan Carlos Valentino desde Argentinos Juniors. Isaac Andrade y Edelmiro Torres llegaron de Atlanta; Pedro Cubilla, de Huracán. Juan Carlos Touriño, con pasos por divisiones inferiores de Dock Sud y River, tendría su oportunidad durante la segunda rueda. Lencina y Lombardo permanecieron, pero el equipo que había ascendido debía acomodarse a muchas caras nuevas.

El torneo reunió veinte participantes y preveía un descenso por promedio. Quilmes empezó con un 2–2 en Platense, donde Vitale hizo los dos goles y Palmintieri atajó un penal sobre el final. Después llegaron tres derrotas contundentes: 0–3 con Boca, 1–4 frente a Gimnasia y 0–5 ante Racing. Contra la Academia, Jaime Martinoli convirtió cuatro goles. La diferencia con varios rivales de Primera quedó expuesta desde las primeras fechas.

José María Peneles reemplazó interinamente a Ferreyra y dirigió la primera victoria, un 3–1 a San Lorenzo en el Gasómetro. Quilmes presentó siete cambios, incluido el debut de Andrade. El local se adelantó y dominó la primera parte, pero Basílico empató de cabeza; D’Errico y Vitale completaron la remontada. El contragolpe se convirtió en un recurso para aprovechar los espacios que dejaba un adversario obligado a atacar.

Carmelo Faraone asumió en la octava fecha y debutó con un 4–0 a Newell’s. Quilmes ganó también a Chacarita, Ferro y Rosario Central durante la primera rueda, aunque no encontró regularidad. Ante Estudiantes igualó 2–2 con otro tiro libre potente de Lencina y un gol de Bavastro. Mientras tanto, el Departamento de Estadio impulsaba mejoras en Guido y Sarmiento con materiales donados por firmas locales. La revista La Espumita, fundada el año anterior, acompañaba esa vida institucional además de la campaña del primer equipo.

La amenaza del descenso y un final resuelto fuera de la cancha

La segunda rueda comenzó con una victoria 1–0 ante Platense y un empate 1–1 en la Bombonera. Bavastro abrió el marcador con un envío desde el córner que terminó directamente en el arco de Roma. Rattín igualó dos minutos después. Quilmes había conseguido un resultado valioso frente a uno de los protagonistas del campeonato, pero desde allí atravesó una larga serie sin triunfos.

La derrota 3–5 ante River correspondía a un encuentro de la primera rueda, postergado por la participación del conjunto de Núñez en la Copa Libertadores. Sernia marcó dos veces y Espíndola completó los goles cerveceros, insuficientes frente a la mayor capacidad ofensiva del rival. En la visita a Atlanta debutó Touriño, un defensor técnico que podía ocupar ambos laterales. Las incorporaciones y los cambios no alcanzaban para sacar al equipo de los últimos puestos.

En la revancha contra River, un gol de D’Errico por encima de Carrizo permitió empatar 1–1 y cortar cinco derrotas consecutivas. El triunfo esperado llegó ante Huracán: Miguel Ángel Cottón debutó y convirtió el primer gol; Basílico hizo el segundo, de penal. La aparición de un jugador de las inferiores dio una alegría en medio de una campaña difícil. Cerca del cierre, Carlos Della Savia también debutó, en el empate sin goles con Rosario Central.

Quilmes llegó a las últimas fechas comprometido en los promedios, junto a Colón. El encuentro entre ambos en Guido y Sarmiento tenía un valor decisivo. Una mano de Cardozo Crespo frente a un remate de Sernia dio el penal que Basílico convirtió para el 1–0. Quilmes volvió a retrasarse para defender la ventaja y resistió los intentos de recuperación santafesinos. El triunfo le permitió afrontar la última jornada con una pequeña diferencia sobre su rival directo.

Antes de ese último partido, la AFA anunció la suspensión del descenso. La medida acompañaba una nueva reorganización: desde 1967 se disputarían los campeonatos Metropolitano y Nacional. La permanencia quedó resuelta y el 3–4 ante Lanús ya no puso en riesgo la categoría. Della Savia marcó dos veces en aquel cierre, mostrando otra aparición de la cantera.

Quilmes terminó decimonoveno, con 26 puntos: ocho triunfos, diez empates y veinte derrotas. Convirtió 39 goles y recibió 59. Basílico fue el máximo anotador del equipo, con siete. La temporada dejó la continuidad en Primera, pero también la necesidad de mejorar: una defensa vulnerable, escasas victorias y la dependencia de decisiones reglamentarias habían hecho del regreso un recorrido mucho más angustioso que el ascenso.

1967: un nuevo formato y un equipo que crecía

La transformación de 1967 comenzó a sentirse antes del primer partido. El 23 de diciembre de 1966, Quilmes había inaugurado la iluminación de Guido y Sarmiento con un amistoso ante Boca. Cuatro columnas de hormigón sostenían los reflectores que permitirían jugar de noche y recibir los encuentros televisados. También se techó la cancha de básquet, con el respaldo de integrantes de Alma los Blancos. El crecimiento de las instalaciones acompañaba la continuidad del fútbol en Primera.

El calendario se dividió en Metropolitano y Nacional. En el primero, veintidós clubes se distribuyeron en dos zonas de once y jugaron también encuentros interzonales. Los dos primeros de cada grupo disputarían el título; los seis mejor ubicados de cada zona entrarían al Nacional. Para Quilmes, esa clasificación tenía un doble valor: abría la participación en un torneo nuevo y aseguraba la permanencia. Quedar en los últimos puestos, en cambio, llevaba a un Reclasificatorio con equipos de Primera B.

La renovación del plantel fue importante. Desde Chacarita llegaron Andrés Bertolotti, Oscar Laginestra y Luis Leeb. Se incorporaron Roberto Santiago, Oscar López, el arquero Oscar Cavallero y José Luis Yudica, junto a Cavoli, Mattera, Llanos, Prospitti y Catalano. Varios de esos nombres quedarían ligados al club durante años. López, Cavallero y Yudica volverían a ocupar un lugar decisivo como entrenadores en la historia del campeonato de 1978; en 1967 eran parte de un equipo que buscaba afirmarse.

El comienzo fue exigente: Quilmes empató sin goles con Boca y perdió frente a Racing y Vélez. El 3–1 a Newell’s dio el primer triunfo, seguido por un 3–0 a Español en cancha de Tigre. Después se sucedieron empates y derrotas hasta que Leeb marcó el gol del 1–0 a Atlanta. Quilmes cerró la primera rueda con una candidatura posible a entrar al Nacional, aunque todavía debía ganar regularidad.

El 21 de mayo llegó una victoria largamente esperada. Quilmes venció 2–1 a Boca en Guido y Sarmiento y cortó una serie de veintiún encuentros sin ganarle en el profesionalismo. Roberto Santiago abrió el marcador de tiro libre. Ángel Rojas empató, pero un penal cometido a Leeb permitió que Basílico pusiera el 2–1 a diez minutos del final. Fue una tarde de tribunas llenas, juego intenso y expulsiones. La victoria también fortaleció la posición del equipo en la tabla.

Quilmes siguió sumando, con un 3–0 a Argentinos entre sus mejores resultados, pero la clasificación llegó a complicarse. En la anteúltima fecha perdió 7–2 con Lanús, con cinco goles de Bernardo Acosta. El golpe lo dejó fuera de los seis primeros por diferencia de gol y provocó protestas de los hinchas. Para recuperarse debía ganar en Atlanta y esperar los resultados de sus rivales.

En Villa Crespo, Leeb y Mattera marcaron en los primeros veintidós minutos. Atlanta descontó en el segundo tiempo y obligó a sostener el 2–1 hasta el final. El empate entre Huracán y Colón permitió que Quilmes superara al Globo por un punto. Terminó sexto, con 21 unidades, y obtuvo el lugar en el Nacional. El Metropolitano dejó seis victorias, nueve empates y siete derrotas, además de la satisfacción histórica del triunfo frente a Boca.

El primer Nacional: nuevos viajes y victorias frente a Racing y River

El Nacional reunió a los doce clasificados del Metropolitano con cuatro equipos del interior: Chaco For Ever, Central Córdoba de Santiago del Estero, San Martín de Mendoza y San Lorenzo de Mar del Plata. Se disputó a una rueda, sin la presión del descenso. Horacio Amable Torres reemplazó a Carmelo Faraone y recibió prácticamente el mismo plantel. El nuevo entrenador conocía a Bertolotti y Laginestra, a quienes había promovido en Chacarita.

Quilmes abrió el torneo el viernes 8 de septiembre con un empate sin goles en San Lorenzo, en el partido nocturno televisado. Después perdió con Rosario Central y Boca. La primera alegría llegó ante Racing: Oscar López convirtió el único gol del encuentro al aprovechar una pelota que le quedó después de un centro de Leeb. La Academia, que preparaba su participación en la Copa Intercontinental, presentó a sus titulares. Quilmes encontraba una victoria valiosa en un inicio difícil.

Las derrotas con Independiente, Vélez y Estudiantes devolvieron las dificultades. River llegó invicto a Guido y Sarmiento y se adelantó con un gol de Oscar Mas. Quilmes respondió en el segundo tiempo con una actitud ofensiva: Yudica empató al recibir un centro corto de Basílico y Oscar López puso el 2–1 con un remate desde fuera del área. La remontada fue una de las actuaciones más recordadas del torneo y dejó al equipo con triunfos sobre Racing y River en el mismo Nacional.

La competencia abrió también un mapa distinto de viajes. En Mendoza, Quilmes empató 2–2 con San Martín, en cancha de Godoy Cruz. Luego venció 3–0 a Central Córdoba de Santiago del Estero, con goles de Leeb, Laginestra y López en los últimos veinte minutos. En Resistencia obtuvo su único triunfo como visitante del torneo: 2–1 a Chaco For Ever, con dos tantos de López. La participación acercaba al club a rivales que no formaban parte de su calendario habitual.

Quilmes cerró con una victoria sobre San Lorenzo de Mar del Plata y una derrota frente a Ferro. Terminó undécimo, con trece puntos: cinco triunfos, tres empates y siete caídas. Oscar López fue el goleador cervecero con seis tantos. Basílico disputó todos los encuentros de los dos torneos del año; Bertolotti y Llanos también completaron los quince del Nacional. Los resultados siguieron siendo irregulares, pero el equipo había mostrado capacidad para ganar partidos importantes.

La vida institucional acompañó ese año de cambios. En el terreno donde había estado el chalet comenzó un proyecto de ampliación de la sede, con comedor, confitería, salón de actos, gimnasio, vestuarios y oficinas. Allí se preparó también la celebración del octogésimo aniversario del club. Las nuevas obras expresaban la voluntad de crecer, mientras el costo de sostener un plantel más competitivo abría una preocupación económica que cobraría fuerza en los años siguientes.

1968: conservar las figuras y afrontar otra campaña difícil

Después de dos temporadas en Primera, Quilmes debía resolver un problema que acompañaba a muchos clubes de presupuesto limitado: conservar a sus mejores jugadores. Bertolotti, Laginestra y Touriño recibían propuestas de otras instituciones. La dirigencia consiguió retenerlos y compró el pase de Roberto Santiago a Estudiantes. Touriño y Francisco Casal viajaron a España para una prueba en el Atlético de Madrid, pero regresaron. José Luis Yudica, en cambio, partió al Deportivo Cali.

José D’Amico comenzó como entrenador. Llegaron Marcos Zarich, Raúl Páez, Juan José Valiente y Néstor Canevari; el plantel contaba también con Miguel Ángel Reguera. La incorporación de mayor trayectoria era Juan José Rodríguez, el Yaya, que venía de ser campeón intercontinental con Racing. Quilmes buscaba combinar esa experiencia con la continuidad de su defensa y de jugadores como Leeb, López y Santiago.

El debut fue alentador: un penal de Rodríguez dio el 1–0 frente a Independiente, campeón del Nacional anterior. La ilusión inicial no se sostuvo. Quilmes perdió 4–2 con Vélez, empató con Lanús y cayó ante Los Andes y Rosario Central. D’Amico dejó el cargo para incorporarse a Boca; después de un interinato de Alberto Álvarez, Adolfo Pedernera asumió en la séptima fecha. La campaña siguió atravesada por derrotas que mantuvieron al equipo cerca del Reclasificatorio.

Hubo reacciones aisladas, como los triunfos sobre Chacarita y Rosario Central, pero no una serie que permitiera salir de esa zona. El encuentro con Tigre previsto para el 23 de junio fue postergado tras la tragedia de la Puerta 12, ocurrida ese día en River. Se disputó el 3 de julio en cancha de Atlanta y Quilmes ganó 2–0. La alteración del calendario quedó asociada a una jornada dolorosa para el fútbol argentino.

Sobre el final reapareció la posibilidad de alcanzar a Argentinos Juniors y evitar el Reclasificatorio. Quilmes venció 2–1 a Chacarita, pero empató 2–2 el enfrentamiento directo con los de La Paternal. Después igualó 3–3 en River: López, Leeb y Rodríguez lo pusieron en ventaja sucesivamente y Oscar Mas respondió cada vez para el local. El equipo mostró capacidad para lastimar de contragolpe, aunque no pudo sostener ninguno de los tres resultados parciales.

El cierre frente a Gimnasia fue otro empate, esta vez 2–2. Quilmes terminó noveno en la Zona B, con dieciocho puntos, uno menos que Argentinos. Sus seis victorias, seis empates y diez derrotas lo obligaron a disputar nuevamente la permanencia. La diferencia había sido pequeña, pero el objetivo del segundo semestre cambiaba por completo: ya no habría Nacional y el lugar en Primera debía ganarse en otra competencia.

Del último puesto a una recuperación que aseguró la permanencia

El Reclasificatorio reunió a seis equipos de Primera y cuatro de la B. Los diez disputarían dieciocho fechas y solo los seis primeros tendrían una plaza en la máxima categoría en 1969. Quilmes empezó con dos derrotas: 0–2 ante Gimnasia y 1–2 con Atlanta. Pedernera dejó la conducción después del primer encuentro y Marcos Zarich asumió interinamente mientras seguía jugando. Ante Atlanta convirtió el descuento. El mal comienzo provocó protestas de los hinchas junto a la salida del vestuario de Guido y Sarmiento.

En ese contexto debutó Miguel Ángel Benito. Su llegada pasó inicialmente a segundo plano por la preocupación de la tabla, pero pronto se convertiría en una de las claves de la recuperación. El empate en Santa Fe ante Unión dio el primer punto. En la cuarta fecha asumió Florencio Doval y Quilmes venció 4–0 a Nueva Chicago. Bertolotti abrió el marcador y Oscar López convirtió los otros tres goles. La victoria cortó el largo invicto del rival y permitió comenzar a salir del fondo.

Quilmes ganó confianza sin transformarse de inmediato en un equipo arrollador. Empató con Almagro y Ferro, venció 2–0 a Morón y volvió a igualar con Platense, Tigre y Gimnasia. La acumulación de puntos lo mantuvo en carrera en una tabla muy pareja. En la visita a Atlanta, dos goles de Benito dieron el 2–0. Sus apariciones en el área llamaron la atención del relator Crespón Ayala, de Radio Real de Colonia, que lo apodó Fantasma por comparación con el personaje de historieta.

La defensa también se afirmó. Oscar Cavallero atravesó una serie de 551 minutos sin recibir goles, entre los encuentros con Platense y Almagro. Tras empatar con Unión, Quilmes ganó 2–0 en Mataderos, 3–1 a Almagro y 4–1 a Ferro en Caballito. Benito, Leeb y López dieron mayor contundencia al ataque. Esa secuencia llevó al equipo al primer puesto y cambió el ánimo de una temporada que había comenzado entre dudas.

El 23 de noviembre, el empate sin goles frente a Morón aseguró la permanencia. Quedaba todavía la posibilidad de cerrar primero. Quilmes igualó con Platense y venció 2–0 a Tigre en cancha de Racing, con goles de Benito y López en el tramo final. Terminó con 23 puntos: siete triunfos, nueve empates y solo las dos derrotas iniciales. Fueron dieciséis partidos consecutivos sin perder. El primer puesto no equivalía a un título de campeón de Primera, pero premiaba una recuperación importante.

Benito marcó ocho goles en el Reclasificatorio, López seis y Leeb cuatro. Cavallero disputó los cuarenta partidos de los dos torneos del año. El plantel fue agasajado en el restaurante El Dorado, sobre la avenida Calchaquí, después de conservar su lugar en Primera. También hubo una alegría en Reserva, que ganó su competencia y tuvo a Canevari como goleador. El cierre dejó una base más firme para la temporada siguiente.

1969: conservar el equipo y volver al Nacional

La recuperación de 1968 dejó una base que Quilmes quería conservar. Independiente se interesó por Bertolotti y Touriño, mientras Estudiantes miraba a Benito. La dirigencia consiguió retenerlos para afrontar la cuarta temporada consecutiva en Primera. Hubo, de todos modos, movimientos: Zarich pasó a Racing, Juan José Rodríguez a Estudiantes de Buenos Aires, Bavastro a Tigre y Francisco Casal a Argentinos Juniors. Llegaron Miguel Ángel Maní Gómez desde Argentino de Quilmes, José María Martínez desde San Lorenzo, Jorge Álvarez desde Racing de Montevideo y Carlos Maguna desde Atlanta. Florencio Doval continuó inicialmente como entrenador.

El año comenzó con la eliminación de la Copa Argentina ante Rosario Central, que ganó los dos encuentros por 3–2 y 4–0. En el Metropolitano, Quilmes integró la Zona B y tuvo a Lanús como rival interzonal. Clasificarse entre los seis primeros daba acceso directo al Nacional. Los puestos séptimo y octavo ofrecían una segunda oportunidad mediante un cuadrangular; más abajo aparecía otra vez el riesgo de tener que disputar la permanencia.

El 1–0 frente a Huracán, con un cabezazo de Cottón después de un córner de Santiago, prolongó el buen cierre del año anterior. La derrota siguiente, 3–1 ante Platense, cortó una serie de diecisiete partidos sin perder en Primera. Después llegaron resultados alternados: victorias sobre Unión y Morón, empates y derrotas que impidieron consolidarse arriba. Al terminar la primera rueda, Quilmes tenía nueve puntos y compartía una posición intermedia con Unión y Morón. La clasificación estaba al alcance, pero todavía debía construirse.

Bertolotti fue decisivo en esa búsqueda. Además de ordenar la defensa, aportó diez goles en el Metropolitano. Sus penales y sus llegadas al área resolvieron partidos cerrados. Ante Morón, cuando se agotaba el tiempo, el arquero Eduardo Ucha le desvió un cabezazo; en el córner siguiente insistió y convirtió el único gol. Ese aporte ofensivo de un zaguero ayudó a sostener al equipo cuando los delanteros encontraban menos espacios.

La última parte del torneo mantuvo la incertidumbre. Quilmes venció a Argentinos y Los Andes, y rescató un 1–1 en River con un tiro libre de Martínez cerca del final. La derrota ante Newell’s dejó pendiente la clasificación para la última jornada. El rival era Estudiantes, que acababa de volver a ganar la Copa Libertadores. Quilmes respondió con un 2–0, gracias a Bertolotti de penal y Santiago, y aseguró el sexto puesto de su zona. Cerró con ocho triunfos, seis empates y ocho derrotas: veintidós puntos y un lugar en el Nacional.

Fillol: de una prueba en Hudson a un debut difícil

La historia de Ubaldo Matildo Fillol en Quilmes había comenzado en 1964. Viajó desde Monte para acompañar a su amigo Néstor Busto, conocido como Pandito, a una prueba en la cancha de la maltería de Hudson. Busto quería mostrarse como volante; Fillol decidió probar suerte también. Cuando preguntaron en qué puesto jugaba, respondió que podía actuar de cinco y de arquero. La oportunidad llegó cuando los encargados de la prueba pidieron un ocho y un guardameta: los dos amigos entraron juntos.

Bastaron unos minutos para que les pidieran los pases. Busto tenía el compromiso de su club, El Porvenir de Monte, de dejarlo ir si quedaba seleccionado. Fillol debía resolver una situación distinta: en San Miguel no sabían que había ido a probarse. Un dirigente se resistía a perder a un muchacho en el que veía condiciones, pero la intervención de su hijo, amigo de Fillol, ayudó a destrabar la salida. Así empezó su formación en las inferiores de Quilmes.

El camino hasta Primera llevó cinco años. Durante parte de ese tiempo, Fillol trabajó en una metalúrgica de Antonio Vázquez, presidente del club. Entre sus tareas estuvo pintar unos arcos de fútbol que luego se utilizaron en Guido y Sarmiento. Su vida cotidiana combinaba trabajo y aprendizaje deportivo, lejos todavía de la notoriedad que alcanzaría más adelante.

El debut llegó el 1 de mayo de 1969, frente a Huracán, en cancha de Boca. Reemplazó a Teté Sánchez y se encontró con una tarde muy difícil: Quilmes perdió 6–3. El golpe fue colectivo, pero para el joven arquero tuvo un peso especial. Volvió llorando desde La Boca, después de una presentación que había esperado durante años. Entre los goles de Quilmes quedó un remate de Touriño al ángulo, una de las pocas alegrías de aquella jornada.

Fillol quería una revancha inmediata, aunque Carmelo Faraone dispuso su regreso a Reserva. Sánchez volvió al arco ante Platense y más adelante Cavallero recuperó la titularidad. El estreno no le aseguró un lugar estable: tuvo que continuar esperando y formándose. Contar ese comienzo permite entender que su llegada a Primera fue un proceso de aprendizaje, con frustraciones y retrocesos, antes de convertirse en una de las grandes trayectorias nacidas en el club.

Un Nacional para ilusionarse: cinco victorias y la punta

Quilmes preparó el Nacional con Faraone y la continuidad del plantel. Antes del torneo enfrentó dos veces a Peñarol: perdió 2–1 en casa y empató sin goles en Uruguay. El campeonato reunió a dieciocho equipos y se disputó a una sola rueda. Los viajes al interior y los cruces con los grandes de Buenos Aires componían un calendario distinto al Metropolitano, en el que cada resultado tenía mayor peso porque no habría revancha.

El comienzo fue contundente. Quilmes venció 6–3 a San Lorenzo de Mar del Plata, con dos goles de Leeb, dos de Bertolotti y dos de Benito. En Tucumán ganó 1–0 a San Martín gracias a Benito cerca del final. Luego superó 2–0 a Racing, con goles de Martínez y Bertolotti. La expectativa crecía: frente a la Academia se vendieron 9.406 entradas, muy por encima de las poco más de tres mil de la primera jornada.

La visita a Vélez exigió sostener dos veces una ventaja que el local consiguió igualar. Bertolotti abrió el marcador de penal y Benito convirtió los otros dos tantos del 3–2. El último llegó al recoger el rebote de su propio remate. Quilmes quedó como único puntero. La quinta fecha confirmó el entusiasmo: derrotó 4–1 a Chacarita, campeón del Metropolitano, con dos penales de Bertolotti, un gol en contra de Bargas y otro de Benito. Había ganado los cinco primeros encuentros del Nacional; sumado el cierre del Metropolitano ante Estudiantes, llevaba seis triunfos consecutivos.

El equipo tenía una forma de jugar reconocible. Bertolotti y Siciliano ocupaban el centro de la defensa; Touriño se proyectaba por la derecha y Laginestra ofrecía firmeza en el otro lateral. López, Martínez, Santiago y Della Savia componían el medio. Los envíos de Bertolotti y Touriño buscaban aprovechar la velocidad de Benito y la potencia de Leeb. El contragolpe resultaba especialmente eficaz cuando el rival adelantaba sus líneas. Ese funcionamiento explica mejor la serie ganadora que la simple enumeración de sus resultados.

Independiente frenó la marcha con un 2–0 en Guido y Sarmiento. La convocatoria alcanzó las 19.638 entradas vendidas. Quilmes tuvo ocasiones para reaccionar: Martínez remató al travesaño, Santoro contuvo un penal de Bertolotti y Benito encontró un poste. Después llegó un 0–4 ante Lanús. La respuesta fue el 7–1 a San Martín de Mendoza, con dos goles de Santiago, dos de López y uno de Della Savia, Leeb y Benito. El posterior 1–0 ante Unión en Santa Fe mantuvo al equipo cerca de los primeros puestos.

Cuatro derrotas seguidas, frente a Huracán, Boca, River y San Lorenzo, terminaron por alejarlo de la pelea por el título. En el tramo final venció a Estudiantes, empató 3–3 con Platense en Atlanta y ganó 4–2 a Desamparados, antes de cerrar con una derrota 3–2 ante Talleres en Córdoba. Terminó sexto, con nueve triunfos, un empate y siete derrotas, treinta y cinco goles a favor y treinta en contra. El campeonato no tuvo el desenlace que había prometido su inicio, pero dejó el recuerdo de un conjunto capaz de ocupar la punta y enfrentar con confianza a los mejores.

1970: las deudas desarman al equipo

El comienzo de 1970 encontró a Quilmes ante las consecuencias económicas del esfuerzo por conservar a sus figuras. Había deudas por transferencias y casi seis meses de sueldos atrasados. La gira por Centroamérica, organizada para conseguir recursos, estuvo en riesgo por el conflicto entre el plantel y los dirigentes. La intervención de la AFA permitió un acuerdo parcial: se pagó un mes y se aumentaron los viáticos. Quedaron pendientes el resto de los salarios y la renovación de contratos. Bertolotti, desconfiado de las posibilidades de cobrar, decidió no viajar.

La gira combinó dificultades y resultados que fueron mejorando. En Costa Rica, Quilmes perdió con Cartaginés y venció a Alajuelense; Fillol sufrió una lesión en una mano que le impidió seguir jugando durante el viaje. En Guatemala cayó ante Comunicaciones y derrotó a Municipal. Después llegaron victorias en Honduras y Panamá y otro triunfo frente a la selección juvenil venezolana. El recorrido dio actividad al equipo, pero al regreso la deuda seguía sin resolverse.

La necesidad de dinero terminó por separar a tres jugadores importantes. Bertolotti pasó a Independiente, Benito a Vélez y Santiago a Gimnasia. En las operaciones llegaron Jorge Osvaldo Pérez y José Carlos Magliolo. Se incorporaron también Marcos Cominelli y Guillermo Murillo, a préstamo de Racing, Roberto Jesús Puppo y el arquero Jorge Traverso. Faraone debía reconstruir un conjunto que había perdido, al mismo tiempo, liderazgo defensivo, capacidad de creación y gol.

La dimensión de la crisis excedía aquellas ventas. En marzo se dio a conocer una deuda de un millón setecientos mil pesos, mientras el ingreso total por transferencias rondaba los doscientos mil. Los jugadores aceptaron documentos de pago en cuotas y viajaron a Córdoba para disputar la Copa Argentina: empataron sin goles con Instituto y perdieron la revancha 4–1. El campeonato que ilusionaba pocos meses antes quedaba atrás; ahora la continuidad cotidiana del plantel dependía de acuerdos económicos frágiles.

Del Metropolitano a una clasificación que se escapó al final

El Metropolitano reunió a veintiún equipos y se jugó a una rueda. Quilmes comenzó con encuentros de muchos goles: perdió 5–3 con Atlanta, remontó un 0–3 para empatar en River y cayó 4–3 ante Platense. Cottón y Della Savia aportaban goles, pero la defensa recibía demasiados. La situación se agravó antes de visitar a Rosario Central, cuando reapareció el desacuerdo sobre los descuentos impositivos de los salarios.

El 5 de abril, Faraone presentó juveniles en Rosario. Viajaron el mismo día en autos particulares y perdieron 2–0, con los goles recibidos en el tramo final. Doce jugadores debutaron en Primera; Fillol era el único que ya había actuado en la categoría. El episodio abrió una distancia entre el entrenador y el plantel profesional: los jugadores defendían sus reclamos y Faraone sostenía que su contrato lo obligaba a presentar un equipo. El conflicto no podía quedar afuera de la cancha.

Con el regreso de los titulares llegó el primer triunfo, 2–0 ante Huracán. La campaña siguió siendo irregular. Contra Racing, un gol de Della Savia dio una ventaja que Quilmes no pudo ampliar: hubo un remate al palo y un penal desviado por Cottón. El empate visitante llegó al final. Después, Jorge Pérez convirtió sobre la hora para ganar en Santa Fe ante Unión. Esas victorias ofrecían alivio, aunque no alcanzaban para establecer una continuidad.

Quilmes terminó con seis triunfos, cinco empates y nueve derrotas, veinticuatro goles a favor y treinta y dos en contra. Los diecisiete puntos lo dejaron decimosexto. Faraone se alejó después del 2–0 final ante Gimnasia en La Plata. El puesto obligaba a disputar un reducido con Estudiantes, Chacarita y Huracán: dos equipos irían al Nacional y asegurarían la permanencia; los otros dos pasarían al Reclasificatorio.

El reducido se jugó en estadios neutrales. Quilmes venció 1–0 a Huracán en Racing, con un gol de Cottón, e igualó sin goles con Chacarita en Atlanta. En la última jornada enfrentó a Estudiantes en Boca. Della Savia abrió el marcador y Fillol sostuvo al equipo con sus atajadas. El empate de Manera todavía dejaba a Quilmes clasificado mientras Chacarita y Huracán también igualaban. Pero un gol de Puntorero a los 89 minutos dio el triunfo a Chacarita y cambió el desenlace.

Estudiantes, Chacarita y Quilmes terminaron invictos e igualados en cuatro puntos. El desempate por goles a favor favoreció a los otros dos: Estudiantes había convertido cuatro, Chacarita tres y Quilmes dos. Sin perder un partido, Quilmes quedó afuera del Nacional y tuvo que continuar la pelea por la categoría. Aquel 1–1 fue también la despedida de Touriño, que pasó al Real Madrid. Su salida quitaba otra figura al equipo en el momento más delicado del año.

Las últimas oportunidades y el regreso a Primera B

El Reclasificatorio ofrecía otra posibilidad. Siete equipos se enfrentarían a dos ruedas: los tres primeros conservarían la categoría, los dos últimos descenderían y los ubicados cuarto y quinto tendrían que disputar un reducido con dos clubes de la B. Antes del comienzo volvió a estallar el conflicto por las deudas y los premios. La negociación se hizo pública, con comunicados de la dirigencia y acusaciones contra jugadores. Quilmes afrontaba la permanencia en un clima de enfrentamiento.

Los juveniles disputaron las primeras dos fechas. El 6 de septiembre, Huracán los venció 5–0 en cancha de Boca. Ese día debutaron Ricardo Julio Villa y Dougall José Montagnoli, entre otros. Villa comenzaba una trayectoria que ganaría protagonismo en los años siguientes. En la segunda jornada, Quilmes perdió 1–0 con Los Andes; José Luis Dino, delegado del club, ocupó formalmente el banco de entrenador. Los profesionales regresaron para la visita a Unión, pero otra derrota dejó al equipo sin puntos después de tres partidos.

El primer triunfo fue el 2–0 a Argentinos Juniors, con goles de Cottón e Ibáñez. Hubo cambios de conducción hasta la llegada de Ángel Allegri y una recuperación entrecortada. Quilmes empató con Colón, venció a Huracán y goleó 3–0 a Unión, aunque las derrotas ante Lanús, Los Andes y Argentinos limitaron sus posibilidades. Los últimos triunfos sobre Lanús y Colón lo llevaron a once puntos y al cuarto puesto: cinco victorias, un empate y seis derrotas. Había evitado el descenso directo, pero todavía no estaba a salvo.

El reducido final reunió a Quilmes, Colón, Ferro y Almirante Brown, con dos plazas en Primera para 1971. Los partidos serían neutrales. Quilmes comenzó el 12 de diciembre con un 2–1 a Almirante en Atlanta, gracias a dos penales de Magliolo. Tres días después volvió a jugar en ese estadio y empató 1–1 con Colón. Della Savia igualó la ventaja inicial de Borgogno. Con tres puntos, Quilmes llegaba a la última fecha dependiendo de sí mismo: un empate ante Ferro bastaba para conservar su lugar.

La definición se disputó el 19 de diciembre en Huracán. Arregui puso a Ferro en ventaja a los cuatro minutos. Quilmes buscó la igualdad y Leeb tuvo una oportunidad frente al arquero, pero no consiguió convertir. El segundo gol, de Weber, llegó en la parte final; Aimonetti agregó otros dos. El encuentro se suspendió a los 89 minutos por una invasión de público, con el 4–0 que quedó registrado. La victoria de Colón sobre Almirante Brown completó la combinación que mandó a Quilmes a la B.

Así terminaron cinco temporadas consecutivas en Primera. Quilmes había atravesado cuatro etapas en un mismo año y estuvo cerca de resolver la permanencia antes de la última jornada. La pérdida de la categoría no puede entenderse únicamente por ese partido frente a Ferro: las ventas de figuras, los salarios pendientes, la inestabilidad en la conducción y la ruptura entre dirigentes y jugadores habían acompañado todo el recorrido. El descenso abrió una etapa en la que reconstruir el equipo y ordenar la institución serían problemas inseparables.

1971: una institución en conflicto y un equipo por reconstruir

El descenso no cerró la crisis. A fines de 1970, la asamblea que debía tratar la memoria y el balance quedó atravesada por la disputa electoral. La conducción saliente consideró que la Lista Albiceleste se había presentado fuera de término y dejó como única opción habilitada a la Lista Azul, encabezada por Marcos Budeisky. Las impugnaciones y los recursos posteriores prolongaron el enfrentamiento. Budeisky asumió el 30 de diciembre, pero la validez del proceso siguió cuestionada.

La Dirección General de Personas Jurídicas determinó que la elección no se había ajustado al estatuto y dispuso una intervención entre febrero y mayo de 1971. Durante ese período se ratificó a Budeisky y se convalidó lo actuado por su comisión. Para los socios, el regreso a la B coincidía así con una discusión sobre la conducción del club, en un momento en el que ordenar las cuentas y reunir un plantel exigían decisiones urgentes.

El pase de Della Savia expresó parte de ese desorden. Una operación inicialmente acordada con Huracán quedó sin efecto y después se anunció su transferencia a River. Huracán inició acciones judiciales porque los documentos entregados para asegurar la compra todavía no habían sido devueltos; Quilmes ya había utilizado una parte. La venta de un jugador importante, que debía aportar recursos, agregaba otro conflicto.

El equipo perdió buena parte de la base que había competido en Primera. Cottón y Reguera pasaron a Vélez; Laginestra a Huracán; Leeb a Ferro; José María Martínez a Gimnasia; y Jorge Pérez al fútbol chileno. Fillol, pese al interés de otros clubes, permaneció. El nuevo entrenador fue Julio Ángel, que venía de dirigir a Argentino de Quilmes. Con poco presupuesto se incorporaron futbolistas como Jaime Donald Martinoli. El objetivo de volver rápidamente a Primera chocaba con la necesidad de reconstruir casi todo el conjunto.

Un campeonato para alejarse del fondo

Primera B recuperó un formato sencillo: quince equipos, dos ruedas y ascenso para el campeón. Cada club jugaría veintiocho partidos, con una fecha libre en cada mitad. Quilmes debutó el 20 de marzo con una derrota 1–0 ante Excursionistas en Guido y Sarmiento. El partido se jugó al mediodía y fue televisado por Canal 7. Entre los nuevos jugadores estuvo Juan Generoso Carrizo, llegado desde Argentino de Quilmes, que comenzaba una permanencia de nueve temporadas con la camiseta cervecera.

El 3–2 en Morón ofreció una primera alegría, con un gol de Calvo y dos de Espinosa. Fillol tuvo una actuación destacada mientras cumplía el servicio militar en la IMPA y debía conseguir permisos para entrenarse y jugar. La vida del arquero transcurría entre esas obligaciones y un equipo que necesitaba sus intervenciones. Sus atajadas fueron una de las certezas de una campaña con pocas continuidades.

Después de Morón, Quilmes pasó cuatro partidos sin convertir: empató sin goles con All Boys, Temperley y Lanús, y perdió 2–0 con Almirante Brown. Espinosa interrumpió la sequía con un penal en la derrota 2–1 ante Arsenal. El problema no era únicamente defensivo: el equipo tenía dificultades para producir y sostener situaciones de gol. Antes de la visita a Nueva Chicago, Julio Ángel dejó el cargo. Roberto Puppo, todavía integrante del plantel, dirigió interinamente ese encuentro sin incluirse en la formación. Luego asumió Roberto Iturrieta.

La recuperación fue gradual. Puppo aportaba experiencia, Villa ofrecía talento en el medio y Espinosa encontraba el arco con mayor frecuencia. Quilmes venció a San Telmo, Excursionistas y Morón, y goleó 4–1 a Temperley. Después rescató un 1–1 en la cancha de Lanús, que terminaría campeón. Espinosa abrió el marcador y Fillol sostuvo el empate cuando el local dominó la segunda parte. Eran puntos valiosos para tomar distancia del fondo, aunque el ascenso ya quedaba lejos.

Las derrotas ante Arsenal y Comunicaciones volvieron a acercar la preocupación por la categoría. El 2–2 con Nueva Chicago y el empate sin goles ante Estudiantes no resolvieron de inmediato esa incertidumbre. Durante el torneo se decidió reducir de dos a uno los descensos previstos, modificación que alivió la situación de Quilmes. El cierre, además, se disputaría en condiciones excepcionales por una huelga de futbolistas.

La huelga y los primeros goles de Bertoni

En noviembre, Futbolistas Argentinos Agremiados convocó una huelga para reclamar el reconocimiento de los derechos laborales de sus afiliados. Los campeonatos continuaron con juveniles. En Quilmes, doce jugadores debutaron en las últimas tres jornadas. La dirigencia tampoco permitía entrenarse a los profesionales, de modo que el conflicto alteraba tanto los partidos como la actividad cotidiana del plantel.

El 6 de noviembre, en el 3–0 frente a Talleres de Remedios de Escalada, Ricardo Daniel Bertoni ingresó a los 79 minutos por César Bourrás. Tenía dieciséis años. Había compartido las inferiores con Omar Hugo Gómez y ahora encontraba una oportunidad en un contexto que nadie había previsto como una incorporación gradual al primer equipo. En la fecha siguiente convirtió de penal ante San Telmo y en el cierre marcó dos goles más frente a Defensores de Belgrano.

La última tarde terminó 6–2: Bourrás anotó los primeros cuatro goles y Bertoni los dos restantes. El resultado condenó a Defensores y dejó a Quilmes décimo, con veintiséis puntos: siete victorias, doce empates y nueve derrotas, treinta y siete goles a favor y treinta y cuatro en contra. Espinosa fue el goleador del equipo con trece. El balance deportivo estaba lejos del regreso a Primera, pero Carrizo, Villa y Bertoni empezaban a ofrecer nombres alrededor de los cuales se construirían las siguientes temporadas.

1972: la despedida de Fillol y otra reconstrucción

La segunda temporada después del descenso comenzó sin que Quilmes hubiera dejado atrás sus problemas económicos. Volvieron a partir jugadores: Puppo pasó a Defensores de Belgrano, Martinoli a Talleres de Remedios de Escalada y Juan Carlos Rodríguez a Atlético Tucumán. También se alejaron Casal, Ferreyra, Espíndola y Domínguez. El movimiento era amplio y obligaba a reorganizar un equipo que todavía no había encontrado estabilidad en Primera B.

La salida de mayor peso fue la de Ubaldo Fillol. Varios clubes se interesaban por un arquero que había sostenido a Quilmes en medio de campañas difíciles. Finalmente lo incorporó Racing por doce millones de pesos. Después del debut de 1969, de la lucha por la permanencia y del año en la B mientras cumplía el servicio militar, el Pato regresaba a Primera con otra camiseta. Quilmes debía reemplazar una de sus principales certezas. Llegó Osvaldo Mario Pérez, con antecedentes en Boca y Ferro; Pedro Omar San Miguel fue el otro arquero utilizado durante el campeonato.

Roberto Iturrieta continuó como entrenador. Entre las incorporaciones estuvieron Oscar Alberto Gatto, Héctor Edmundo Abritta, Daniel Rubén Lichene, Rodolfo Domingo Motta y Mario Sarmiento. No se trataba de reunir grandes figuras, sino de formar un conjunto con los recursos disponibles. El torneo tendría diecisiete participantes y treinta y dos partidos por equipo: el campeón ascendería y los dos últimos bajarían de categoría.

El fútbol de ascenso ganó una nueva forma de atención con la aparición del Prode. Sus boletas incluían encuentros de Primera B junto a los de la máxima categoría, y los pronósticos acercaban esos resultados a personas que no seguían habitualmente el torneo. Para Quilmes, sin embargo, el problema inmediato seguía siendo deportivo: transformar un plantel renovado en un equipo capaz de competir con regularidad.

Las goleadas, los cambios y una permanencia trabajosa

Quilmes comenzó con un 1–1 ante Excursionistas en cancha de All Boys y luego goleó 4–1 a Estudiantes de Buenos Aires en Guido y Sarmiento. Espinosa marcó a los pocos segundos y Reynoso convirtió dos veces. Después de perder con Nueva Chicago, el equipo ganó 4–3 a Arsenal y 2–1 a Comunicaciones. Villa ofrecía buen juego y el ataque encontraba el arco, aunque los resultados todavía no componían una campaña firme.

La derrota 7–1 ante Almagro expuso la debilidad de la defensa. Quilmes recibió goles de distintas formas y no pudo frenar a su rival. Iturrieta permaneció tres fechas más, en las que solo sumó un punto, y fue reemplazado por Rubén Marino Navarro, conocido como Hacha Brava por su trayectoria como defensor. El nuevo técnico debutó con otra derrota, 2–1 ante Los Andes. Cerca del cierre de la primera rueda, Quilmes ya miraba los puestos de descenso.

Los triunfos sobre Español y Excursionistas ofrecieron una reacción. En el 4–1 ante este último, Bertoni convirtió dos goles y fue una de las figuras. Pero la mejoría duró poco. Una serie de cuatro derrotas consecutivas volvió a comprometer al equipo: perdió con Comunicaciones, Temperley, Platense y Almirante Brown. El 4–7 ante Platense en Guido y Sarmiento fue el golpe más duro de esa secuencia. Quilmes había recibido siete goles por segunda vez en el mismo campeonato, ahora en su propia cancha.

Con diecinueve puntos después de la jornada 26, la cercanía de Estudiantes y Excursionistas mantenía la preocupación. La recuperación comenzó con un 2–1 a Talleres, siguió con el empate sin goles ante Tigre y se afirmó con un 1–0 a Almagro, gracias a Bertoni. No borraba lo ocurrido en la primera rueda, pero ese triunfo permitía tomar distancia del fondo. Más adelante, Lichene convirtió el único gol frente a San Telmo.

La seguridad llegó en la penúltima fecha. Navarro ya había dejado el cargo y Quilmes, conducido por la Subcomisión de Fútbol, venció 1–0 a Los Andes con un gol de Motta. El equipo cerró el año con una derrota 3–2 ante Español y terminó duodécimo: diez victorias, ocho empates y catorce derrotas, con cuarenta y ocho goles a favor y sesenta en contra. Fue la defensa más vencida del campeonato. La permanencia estaba conseguida, aunque quedaba pendiente construir un equipo capaz de aspirar a algo más.

Villa, Bertoni y los jóvenes que empezaban a afirmarse

Dentro de una campaña irregular hubo trayectorias que empezaban a crecer. Villa fue el jugador con más presencias, veintiocho, y continuó distinguiéndose por su habilidad. Bertoni pasó de las tres apariciones del cierre de 1971 a disputar veintisiete encuentros y convertir nueve goles, con los que terminó como goleador del equipo. Se movía por distintos sectores del ataque y sumaba potencia a su capacidad para definir.

Uno de sus goles dejó una anécdota particular. En el 2–2 ante Nueva Chicago, Bertoni perdió un botín durante la jugada y convirtió inmediatamente después. El árbitro convalidó el tanto. Dos años antes, un episodio similar en el partido entre Quilmes y Banfield había terminado con un gol de Pellegrini incorrectamente anulado. El episodio de Bertoni mostraba que aquella situación ya tenía una interpretación arbitral aclarada.

También comenzaron a jugar Miguel Ángel Filardo, Ricardo Daniel Lupo y Eduardo Juan Carranza. Filardo ingresó frente a Talleres el 29 de abril; Lupo debutó ante Morón el 20 de mayo; Carranza apareció el 15 de julio contra Estudiantes. Este último mostró condiciones para desempeñarse como volante central o zaguero y tuvo una actuación destacada en la victoria sobre Almagro. Sus primeras participaciones pertenecen a esta etapa de dificultades, antes de convertirse en nombres importantes para la recuperación del club.

La vida social continuaba mientras el fútbol intentaba recomponerse. Los festejos de aniversario incluyeron la inauguración de un salón de seiscientos metros cuadrados y el comienzo de la construcción de un gimnasio. La confitería y cuatro canchas de bowling quedaban proyectadas para otra etapa. Esas obras convivían con tribunas menos concurridas y con la urgencia de ordenar el equipo: el club seguía siendo un espacio de encuentro, aun cuando sus resultados deportivos estaban lejos de los mejores años.

1973: Quilmes vuelve a pelear arriba

Después de dos temporadas pendientes de la permanencia, Quilmes recuperó protagonismo en 1973. Lo hizo sin Bertoni, transferido a Independiente tras treinta partidos con la camiseta cervecera. La operación aportó dinero y los pases de los hermanos Daniel Horacio y Humberto Rafael Bravo. También llegaron Obdulio López, de larga trayectoria goleadora en Excursionistas; el arquero Eduardo Casarino; y los atacantes Daniel Arrivillaga y Hugo Lizarraga. La conducción inicial estuvo a cargo de José Domingo Marino.

El campeonato reunió a diecinueve equipos a dos ruedas. No habría descensos, aunque los puntos tendrían importancia para el futuro sistema de promedios. Quilmes comenzó con un empate sin goles ante Nueva Chicago. Fuera de la cancha, esa jornada tuvo otro significado: hinchas de los dos clubes compartieron una comida, como parte de un acercamiento nacido de sus vínculos sindicales y políticos. La rivalidad que había producido enfrentamientos empezaba a dejar lugar a una relación de amistad.

En Santa Fe llegó el primer triunfo, 1–0 ante Unión. Villa convirtió y Casarino atajó un penal sobre el final. Después Quilmes empató con San Telmo y Banfield, y venció a Lanús con un gol de José Manuel Oscar Vázquez. La defensa ofrecía mayor firmeza que el año anterior y Villa volvía a distinguirse en el juego. La derrota ante Comunicaciones, en un partido en el que Quilmes desperdició dos penales, interrumpió el comienzo invicto.

La respuesta fue una serie de siete encuentros sin perder, con cinco victorias y dos empates. Quilmes goleó 4–0 a Estudiantes, ganó 4–3 a Tigre y 4–1 en Morón. También superó a Arsenal y Los Andes. Lizarraga convirtió ocho goles durante esa secuencia, cuatro de penal. La acumulación de resultados llevó al equipo al tercer puesto y devolvió a sus hinchas una expectativa que había faltado desde el descenso.

Talleres cortó la serie con un 5–4 en Remedios de Escalada. El partido tuvo cinco penales y alternativas hasta el final. Lizarraga convirtió dos desde los doce pasos, pero desvió un tercero cuando el marcador ya estaba 5–4. Quilmes había perdido, aunque seguía mostrando capacidad ofensiva y ambición. Su fortaleza principal estaba en Guido y Sarmiento, donde había empezado con dos empates antes de encadenar victorias.

La suspensión de Guido y Sarmiento y el límite de la ilusión

El encuentro del 23 de junio ante Defensores de Belgrano cambió el recorrido. Ambos perseguían al líder y el empate parecía acercarse cuando se sancionó un penal por una mano de Giardullo. Obdulio López convirtió el 1–0. Un hincha conocido como el Loco Williams ingresó al campo para festejar; después se produjo un enfrentamiento con futbolistas visitantes, al que se sumaron otras personas. La policía intervino con gases y el partido fue suspendido por falta de garantías.

La AFA suspendió Guido y Sarmiento por tres jornadas. Quilmes había ganado sus últimos seis partidos allí, incluido el de Defensores, y perdió los tres encuentros de local que debió trasladar: ante Almirante Brown en Arsenal, frente a Unión en Talleres y contra Banfield en Independiente. La sanción alteró una de las bases de su candidatura. Algunos triunfos como visitante lo mantuvieron cerca, pero la distancia con la punta creció.

El cruce con Banfield era especialmente importante. El líder tenía treinta y tres puntos; Quilmes, veintisiete. El equipo comenzó mejor, sin convertir su dominio en goles. Banfield se afirmó después y ganó 2–0. La diferencia pasó a ocho puntos y las posibilidades de alcanzar el título quedaron muy reducidas. Federico Pizarro, que había asumido durante la segunda rueda, condujo un tramo final con mejores resultados, aunque ya sin alcanzar al campeón.

Quilmes terminó tercero, con cuarenta y cinco puntos: diecisiete victorias, once empates y ocho derrotas. Convirtió cincuenta y seis goles y recibió cuarenta y dos. Carranza, Obdulio López y Lizarraga compartieron el liderazgo goleador del equipo con once tantos cada uno. El balance combinaba la recuperación deportiva con la frustración por una oportunidad que pareció mayor a mitad de año. Después de dos campañas cerca del fondo, el club había vuelto a discutir los primeros puestos.

1974: el Indio Gómez empieza a hacerse un lugar

Omar Hugo Gómez había llegado a las inferiores de Quilmes en 1967, desde Siete Estrellas. Vivía en el barrio del Monte y fue a probarse a la Bernalesa, llevado al club por Pérez Cruz. Para entrar en el equipo de la prueba se ofreció como zaguero central, el puesto que faltaba cubrir. En uno de sus primeros partidos, ante Banfield, intentó salir jugando desde atrás y su equipo quedó 0–2. Lo adelantaron al medio y convirtió los dos goles del empate. Su historia comenzaba con esa búsqueda de la pelota y de un lugar desde el que participar del juego.

El debut en el primer equipo llegó el 2 de marzo de 1974. Quilmes enfrentaba a Almirante Brown por la quinta fecha del Torneo Preparación. Oscar Aníbal Rodríguez se lesionó después de un choque con el arquero y Gómez ingresó a los treinta y siete minutos. Quilmes ganó 2–0 con goles de Richard García y Villa. Para el joven futbolista, aquella tarde fue el comienzo de una relación con la hinchada que pronto excedería el resultado de cada partido.

Empezó como volante por derecha, pero recorría distintos sectores de la cancha. Su aceleración en pocos metros y la claridad de sus intervenciones llamaban la atención. En su cuarto encuentro convirtió el primer gol, frente a Arsenal. Quilmes perdió 2–1, pero el nombre de Gómez empezó a circular entre quienes seguían al equipo. En una campaña de escaso entusiasmo, su aparición ofrecía un motivo para volver a la cancha.

La renovación convivió con otra salida importante. Carranza había sido transferido a River antes del campeonato. Villa se marchó a Atlético Tucumán después del triunfo ante San Telmo en junio, en el que convirtió el único gol. Quilmes perdía dos jugadores centrales en la recuperación de 1973. Gómez debía crecer dentro de un equipo que volvía a cambiar sus referencias.

Dos torneos difíciles y una base joven para el futuro

La organización de Primera B cambió otra vez. Los veinte equipos se dividieron en zonas Norte y Sur para disputar dos certámenes: Torneo Preparación y Copa Campeonato. En cada uno, los dos primeros de cada zona accedían a las etapas finales que decidirían los dos ascensos. No habría descensos, pero los puntos contarían para los promedios que se aplicarían después. Quilmes integró la Zona Sur y jugó dieciocho encuentros en cada torneo.

El Preparación transcurrió lejos de la clasificación. Quilmes logró victorias sobre Almirante Brown, Unión, Talleres y Dock Sud, pero no las sostuvo con una buena secuencia. Terminó noveno, con trece puntos, dieciocho goles a favor y veinticuatro en contra. Pizarro dejó la conducción y, después de un interinato de la Subcomisión de Fútbol, Antonio D’Accorso asumió en la tercera fecha de la Copa Campeonato.

El segundo torneo tampoco lo acercó a los puestos de ascenso. Hubo un triunfo llamativo, 5–1 en Remedios de Escalada ante Talleres, con dos goles de Filardo y tantos de Montenegro, Piovesanel y Gómez. Sin embargo, la campaña terminó con cuatro victorias, siete empates y siete derrotas: quince puntos y séptimo lugar de la zona. Entre ambos certámenes, Quilmes ganó ocho de sus treinta y seis partidos.

El aporte de D’Accorso empezó a verse en la continuidad de jugadores jóvenes. Chiappe, Cigogna, Filardo y Carrizo fueron ganando lugar. Héctor Cigogna, marcador central procedente de Argentino Quilmes de Rafaela, se incorporó a esa base. Para los hinchas, los resultados ofrecían pocas alegrías; con el tiempo, la importancia de esas presencias se entendería mejor. El equipo que necesitaba recomponerse empezaba a reunir jugadores que serían protagonistas del próximo ciclo.

El año tuvo también un cierre social concurrido. El 14 de diciembre, una fiesta de aniversario en la sede reunió a unas dos mil personas. Actuaron Osvaldo Pugliese y su orquesta, junto con otros artistas; Silvio Soldán fue el presentador y se sorteó un Ford Falcon. La celebración contrastaba con las tribunas poco pobladas de muchas jornadas. La vida del club continuaba mientras su fútbol buscaba recuperar la confianza.

1975: preparar el regreso desde el primer día

Después de cinco temporadas alejadas de Primera, Quilmes encontró en 1975 una combinación que había faltado: una base joven con continuidad, refuerzos que respondieron y un grupo unido alrededor de Antonio D’Accorso. La preparación comenzó el 3 de enero, en la propia ciudad. No se esperó al comienzo del campeonato para reunir el plantel. La idea era llegar con trabajo acumulado y vínculos construidos, después de años en los que las urgencias habían impuesto cambios constantes.

José María Algañaraz tuvo un papel importante en esa construcción. Conocido como el Gordo, colaboraba desde fines de los sesenta, recomendaba jugadores y ayudaba a resolver problemas cotidianos del plantel. En una visita para observar a Central Córdoba, mientras otros seguían al delantero Sullivan, se interesó por Walter Mainonis. El volante terminó incorporándose y se convirtió en una de las piezas centrales del campeón. Su llegada muestra el valor de aquella tarea de observación que ocurría lejos de los días de festejo.

Hugo Tocalli llegó a préstamo de Nueva Chicago para ocupar el arco. Desde Estudiantes de La Plata se incorporaron Pedro Timoteo Gaño y Rodolfo Fucceneco para la defensa, y Abel Coria para el ataque. Carranza regresó después de su paso por River. También llegaron Héctor López, Jorge Kaliszuk y Osvaldo Raúl González, Palín, procedente de Villa San Carlos. Cottón volvió tras sus experiencias en otros clubes y en el exterior. A ellos se sumaban Gómez, Filardo, Chiappe y Lupo, que habían comenzado a afirmarse en las temporadas difíciles.

La preparación física estuvo a cargo de Rodolfo Torrecillas. Al trabajo del cuerpo técnico se agregaba el de médicos, utileros, masajistas y colaboradores que acompañaban diariamente al grupo. Los recuerdos de los jugadores destacan ese ambiente: compañeros que se llevaban en auto, allegados que ayudaban y una relación cercana con quienes trabajaban en el club. La cohesión del plantel fue parte de la campaña, junto con los nombres y las decisiones tácticas.

El equipo y la ciudad vuelven a encontrarse

Las primeras señales aparecieron antes del torneo. En los dos primeros meses se asociaron seiscientas personas, después de años de pérdida de socios. El debut fue una victoria 1–0 ante Almirante Brown en Casanova, con un gol de Filardo, que había entrado desde el banco. La presentación en Guido y Sarmiento terminó 5–1 contra Almagro: Gómez convirtió dos goles y Palín González tres. El entusiasmo comenzó a crecer al mismo ritmo que los resultados.

La visita a Flandria fue una de las jornadas que mejor expresaron esa relación. Muchos hinchas viajaron hasta Jáuregui en trenes, micros, autos y camiones. Quilmes perdía 2–0 desde el primer tiempo. Héctor López descontó, Fucceneco empató de cabeza después de un córner de Cottón y López volvió a convertir para completar el 3–2. El equipo podía ganar también cuando debía remontar. La autoridad de Fucceneco, acompañada por la firmeza de Gaño y Lupo en los laterales, ofrecía algo más que experiencia individual.

Una semana después, Quilmes ganó 2–0 en Morón. Fucceneco y Kaliszuk marcaron, y Tocalli atajó un penal sobre el final. Las actuaciones del arquero, el desequilibrio de Gómez y la inteligencia de Cottón fueron quedando asociadas a las canciones de la tribuna. La convocatoria crecía tanto en casa como de visitante y obligaba a recibir cantidades de público poco habituales en esas canchas.

El apoyo tenía también manifestaciones fuera del estadio. Los jugadores recibían saludos, pedidos de autógrafos y regalos de comerciantes. Para el partido frente a Tigre se estrenó una bandera de más de doscientos metros, financiada con aportes de la zona y bordada a mano. El campeonato estaba lejos de terminar, pero el equipo ya se había convertido en un motivo de orgullo compartido por la ciudad.

Una primera rueda de autoridad y recursos

Quilmes ganó 3–0 a Central Córdoba y 3–1 a Los Andes, donde Gómez convirtió desde larga distancia apenas iniciado el encuentro. Después superó 1–0 a Estudiantes con un cabezazo de Mainonis. El equipo mantenía una estructura reconocible y encontraba goles de distintas maneras: la conducción del Indio, la velocidad de Palín, el juego aéreo de los defensores y las llegadas de los volantes. No dependía de un solo goleador para resolver los partidos.

La lesión de Carranza ante Central Córdoba obligó a modificar el medio. Cottón propuso retrasarse para reemplazarlo. Su experiencia permitió formar una buena sociedad con Mainonis mientras Carranza se recuperaba. Filardo, en cambio, tuvo menos continuidad de la que podía sugerir su comienzo: el servicio militar dificultaba su disponibilidad. El plantel encontraba respuestas a esas ausencias sin perder su funcionamiento.

Después del 1–1 con San Telmo, Quilmes venció 3–1 a Tigre y visitó a Talleres en Racing. El rival jugó un partido exigente, pero Héctor López lo resolvió con un remate lejano al ángulo antes del descanso. El 1–0 quedó unido al recuerdo de la multitud que ocupó la bandeja superior del Cilindro. En una campaña de tantos triunfos, algunas jugadas adquirieron un lugar propio en la memoria de quienes viajaban cada semana.

La primera derrota llegó ante Comunicaciones, en Huracán. Quilmes ganaba 2–0 y desperdició oportunidades para ampliar la ventaja. Bernabé Palacios sostuvo al rival, que descontó, empató y terminó ganando 3–2. Fue una advertencia sobre el costo de no definir un partido dominado. La reacción fue inmediata: Quilmes venció a Arsenal, empató sin goles con Chicago y cerró la primera rueda con un 2–0 a Sarmiento. Llegó a treinta y dos puntos, tres más que San Telmo.

La consagración frente a Comunicaciones

La segunda rueda tuvo algunos tropiezos, aunque Quilmes conservó la punta. Dock Sud le quitó su primer punto como local y Deportivo Italiano lo venció 1–0. El equipo respondió con victorias sobre Flandria, Morón y Central Córdoba. Más adelante ganó 3–1 a Estudiantes en Independiente y empató 2–2 con San Telmo, su perseguidor. La diferencia seguía siendo defendible, pero la consagración todavía exigía sostener el nivel.

La visita a Tigre terminó en derrota 2–1, en una jornada atravesada por amenazas y violencia. Quilmes volvió a ganar ante Talleres, esta vez actuando como local en Independiente, y después superó 2–1 a Defensores de Belgrano en Boca. Los resultados de San Telmo ampliaron la ventaja. Para el encuentro siguiente, contra Comunicaciones, ya existía la posibilidad concreta de obtener el título.

El 25 de octubre, Guido y Sarmiento recibió la definición. Fucceneco abrió el marcador, pero Comunicaciones dio vuelta el partido. El propio defensor convirtió el 2–2 antes del descanso, de cabeza tras un tiro libre de Cottón. En el segundo tiempo apareció Kaliszuk. Primero culminó una jugada que había empezado en Tocalli y pasado por Mainonis; después aprovechó un rebote para marcar su segundo gol. Quilmes ganó 4–2, aunque aún necesitaba conocer el resultado de su perseguidor.

Hubo que esperar unos minutos. Estudiantes había empatado ante San Telmo y la confirmación del 2–2 aseguró el campeonato. La gente entró al campo y llevó en andas a los jugadores. Después de cinco años, Quilmes regresaba a Primera. El festejo continuó por la ciudad y en caravanas: aquella relación entre el equipo y sus hinchas, construida durante meses, encontraba finalmente la celebración que todos esperaban.

Quedaban tres fechas. Contra Arsenal, el partido se suspendió cuando iba 1–1 por una invasión del público visitante y después se dio por perdido a Quilmes. El cierre incluyó un 5–1 a Nueva Chicago y un empate sin goles en Junín. La tabla definitiva registró veinticuatro victorias, diez empates y cuatro derrotas, con setenta goles a favor, treinta en contra y cincuenta y ocho puntos. Gómez fue el goleador del equipo con trece, seguido por Palín González con doce.

Quilmes no perdió ninguno de sus diecinueve partidos como local: ganó dieciséis y empató tres, contando también el encuentro trasladado a Independiente. El título fue consecuencia de un año sostenido, de una defensa firme, de variantes ofensivas y de un grupo que encontró confianza en su trabajo. La multitud acompañó ese proceso y lo hizo inolvidable. El club volvía a Primera con una base que permitiría afrontar nuevos desafíos.

1976: el campeón se adapta a Primera

El regreso a Primera exigió conservar lo mejor del campeón y reemplazar varias piezas importantes. Antonio D’Accorso se marchó al América de Cali y Miguel Basílico, recordado como futbolista del club, asumió la dirección técnica. Tocalli, Fucceneco y Cottón también pasaron al equipo colombiano; Héctor López fue a Millonarios. Quilmes mantuvo a Gómez, Palín González, Mainonis, Filardo, Lupo y Gaño, entre otros, pero necesitaba reconstruir posiciones decisivas.

Llegaron los arqueros Osmar Miguelucci y Bernabé Palacios. Para la defensa se incorporaron José Medina, Néstor Togneri, Heriberto Recavarren y Horacio Milozzi. Héctor Rando y René Manceda reforzaron el medio, mientras Julio Apariente y Ramón Ponce ofrecían nuevas alternativas ofensivas. Durante el comienzo del torneo se sumó también Horacio Salinas. Varios de esos nombres terminarían formando parte de una base duradera: el ascenso no sería una experiencia aislada, sino el comienzo de un ciclo competitivo.

El Metropolitano dividió a los equipos en dos zonas. Los seis primeros de cada una pasarían a una ronda final de doce participantes, disputada en canchas neutrales; los demás lucharían por evitar el descenso. Quilmes debutó con un 1–1 ante Unión en Atlanta, porque todavía arrastraba la suspensión de su estadio. Enseguida ganó 3–1 en Vélez. Gómez convirtió después de dejar atrás a defensores y arquero, en una jugada que hizo visible que su talento también podía desequilibrar en Primera.

El 4–1 a San Telmo confirmó el buen comienzo. Milozzi convirtió dos penales y empezó a establecer una relación con esa responsabilidad que se prolongaría durante años. Después llegaron empates con Temperley y Chacarita y triunfos sobre Racing y Argentinos Juniors. Mainonis resolvió este último con dos goles, incluido un remate de volea después de una pelota que Manceda recuperó junto al banderín del córner. El equipo combinaba firmeza, esfuerzo en el medio y atacantes capaces de aprovechar espacios.

El gol de Gómez a Fillol y una tarde de Mainonis

El 21 de marzo, Quilmes recibió al River bicampeón. Manceda abrió el marcador después de una intervención de Ponce por la punta. Más tarde, Mainonis dejó a Gómez frente a Ubaldo Fillol, que enfrentaba por primera vez al club donde había comenzado su carrera. El Indio lo eludió y marcó el segundo gol en el arco de Guido. River descontó, pero un penal de Milozzi estableció el 3–1. Quilmes llegó a la punta de la Zona B con trece puntos y sus hinchas disfrutaron una de las tardes más recordadas de ese regreso.

La primera derrota llegó frente a San Lorenzo. Después Newell’s ganó 4–2 en Guido y Sarmiento, en un encuentro marcado también por la grave lesión de Osvaldo Oscar Benítez. La segunda rueda tuvo resultados alternados y algunas derrotas amplias, pero Quilmes conservó una ubicación suficiente para clasificarse. Terminó tercero de la zona, con veintiséis puntos: diez victorias, seis empates y seis derrotas. El objetivo inmediato estaba cumplido y la permanencia dejaba de ser una preocupación.

La ronda final comenzó con empates ante River y San Lorenzo. En la tercera fecha, Quilmes venció 4–2 a Independiente en Huracán. Mainonis convirtió tres veces: primero de cabeza; después al culminar una acción individual; y finalmente al recibir un centro atrás de Kaliszuk. Apariente anotó el cuarto. Del otro lado, Bertoni marcó los dos goles de Independiente. Era otra confirmación de que Quilmes podía competir con los equipos de mayor trayectoria.

El cierre de esa fase fue menos brillante. Solo volvió a ganar ante Gimnasia, aunque sumó empates con Newell’s, Central, Colón y Boca. El 4–4 frente a Colón se escapó sobre la hora; el 1–1 final ante Boca permitió llegar a diez puntos y al séptimo puesto. Mainonis y Milozzi terminaron el Metropolitano con once goles cada uno. En las dos fases, Quilmes había ganado doce partidos, empatado doce y perdido nueve: un balance positivo para un recién ascendido.

Un tiro libre para ganar por primera vez en la Bombonera

El Nacional comenzó con cambios en el ataque. Palín González pasó al Rayo Vallecano y Ponce a Colo Colo. Llegaron Edgardo Paruzzo y Roberto Gramajo, mientras Carlos Raschia reforzó el medio. Quilmes integró la Zona A y mantuvo su competitividad: venció a Chacarita, Atlético Tucumán y Temperley, y derrotó 3–0 a Independiente en casa. Filardo iba recuperando continuidad después de un prolongado servicio militar y aportaba juego y gol.

El empate sin goles con Gimnasia, el 17 de octubre, incluyó el debut de Jorge Gáspari, procedente de Quilmes de Mar del Plata. Después llegaron un 1–1 en Jujuy y un 2–0 en Chacarita. Con cinco victorias, tres empates y una derrota, el equipo se preparaba para visitar a Boca. El rival había sido campeón del Metropolitano y Quilmes nunca había conseguido ganarle en su estadio.

El 7 de noviembre, Héctor Rando ejecutó un tiro libre a los diecinueve minutos. La pelota pasó por la barrera y entró baja junto al palo de Hugo Gatti. Desde entonces, Boca presionó en busca del empate. Palacios respondió en el arco y Milozzi sostuvo la defensa frente a los centros y ataques del local. Quilmes resistió y ganó 1–0. Sus hinchas permanecieron celebrando después del final: no era solamente un resultado importante en la tabla, sino una primera victoria largamente esperada en la Bombonera.

El triunfo dejó a Quilmes y Boca igualados en la punta de la zona. El equipo de Basílico volvió a ganar ante San Telmo y Atlético Tucumán, antes de caer 4–1 con Independiente. Los empates con Temperley y Gimnasia mantuvieron la definición abierta hasta la última jornada. El 1–0 a Gimnasia de Jujuy, con gol de Filardo, aseguró el pase a cuartos. Quilmes terminó con veintitrés puntos, los mismos que Boca, y dejó afuera a Independiente.

Entre los ocho mejores del Nacional

Boca y Quilmes jugaron un desempate para ordenar los dos primeros puestos de la zona. Ambos ya estaban clasificados y presentaron equipos alternativos en Racing el 14 de diciembre. Boca ganó 2–1. A Quilmes le correspondió enfrentar a River en cuartos de final, en una serie que se resolvía a un solo partido y en cancha neutral.

El encuentro se disputó dos días después en Huracán. Oscar Mas convirtió dos goles para River y Kaliszuk descontó antes del descanso. Quilmes presionó durante la segunda parte, pero no consiguió el empate. El 2–1 terminó con su participación en el Nacional. La eliminación no borraba una campaña en la que había compartido la punta, superado a rivales importantes y alcanzado los cuartos de final.

El año dejó cincuenta y un partidos: veintiuna victorias, diecisiete empates y trece derrotas. Quilmes venció a River, Boca, Racing e Independiente y consolidó una identificación con su gente que venía del ascenso. Las incorporaciones de Milozzi, Medina, Salinas, Recavarren y Gáspari ampliaron la base del plantel. La vuelta a Primera había demostrado que el equipo tenía recursos para permanecer y competir, más allá del entusiasmo del campeonato anterior.

1977: un nuevo entrenador y un comienzo alentador

Después de un regreso competitivo a Primera, Quilmes comenzó 1977 con cambios importantes. Miguel Basílico se marchó a Colombia y Néstor Togneri pasó de integrar el plantel a dirigirlo. También se fueron Walter Mainonis y Rubén Lupo, vendidos a San Lorenzo. Julio Apariente y Roberto Gramajo continuaron sus carreras en Ecuador. Entre las incorporaciones estuvieron Sergio Fortunato, procedente de Racing, Jorge Calderón, Adolfo Wenner y Héctor Petit. El equipo conservaba una base conocida, pero debía encontrar nuevas respuestas en ataque.

La preparación incluyó una gira por Chile, Colombia, Costa Rica y Honduras. Al volver lo esperaba un Metropolitano muy extenso: veintitrés equipos se enfrentarían en dos ruedas, con una fecha libre para cada club en cada mitad. Eran cuarenta y cuatro partidos y tres descensos. A diferencia del año anterior, no había una clasificación temprana que permitiera asegurar la permanencia: la regularidad a lo largo de muchos meses sería decisiva.

El debut, ante Argentinos Juniors y un joven Diego Maradona, necesitó dos días. El 20 de febrero la lluvia obligó a suspender el encuentro al terminar el primer tiempo, con empate 1–1. La continuación se jugó el 22 y Fortunato anotó el gol del 2–1. Después de empates con Unión, San Lorenzo, Vélez y Banfield, y una derrota ante River, Quilmes encadenó tres victorias que lo acercaron a los primeros puestos.

La primera fue el 3–1 sobre Estudiantes en La Plata, una cancha donde Quilmes todavía no había ganado en Primera. Fortunato, Filardo y Gómez hicieron los goles. Siguieron el 4–0 a Lanús, con dos tantos de Fortunato, y el 2–0 en Atlanta. El empate sin goles ante Independiente reunió 19.584 entradas vendidas en Guido y Sarmiento. Había entusiasmo y motivos para imaginar otra campaña tranquila.

De la ilusión a una tabla cada vez más incómoda

La continuidad desmintió aquella impresión. Quilmes perdió con Rosario Central y Colón, y entre ambas derrotas dejó escapar un partido lleno de goles ante All Boys. Kaliszuk puso el 4–3 a los 87 minutos, pero Nieto empató a los 89. Esa dificultad para sostener ventajas fue convirtiendo partidos posibles en puntos perdidos. La victoria sobre Huracán dio un alivio, aunque Boca volvió a exponer problemas defensivos con un 4–1.

El campeonato tuvo una larga interrupción y el regreso tampoco ayudó. En julio, Ferro ganó 3–2 y provocó la primera derrota de Quilmes como local en el torneo. Con el tiempo, Gómez señalaría la preparación durante el receso como una de las explicaciones del desgaste físico. El equipo todavía pudo vencer a Gimnasia, pero terminó la primera rueda con veinte puntos, en el puesto catorce y a cinco de la zona peligrosa. La distancia existía; la tendencia era preocupante.

En el comienzo de la segunda rueda, los resultados siguieron sin aparecer. Hubo un empate con Argentinos y derrotas frente a Unión y River. Después del 1–3 ante los de Núñez, Togneri dejó el cargo. Quilmes llevaba siete encuentros sin ganar y necesitaba que el cambio de entrenador tuviera un efecto inmediato. El elegido fue José Luis Yudica, que conocía el club por su paso como jugador en 1967.

Yudica y los puntos que sostuvieron a Quilmes en Primera

El estreno de Yudica fue duro: San Lorenzo ganó 4–0 el 7 de septiembre. La reacción llegó cuatro días después ante Vélez, en una tarde de lluvia, barro y apenas 504 entradas vendidas. Raschia convirtió a los 86 minutos el único gol. No resolvía la campaña, pero cortaba la racha y devolvía una victoria a un equipo que la necesitaba tanto en la tabla como en su confianza.

La recuperación se apoyó especialmente en los partidos de Guido y Sarmiento. Quilmes venció 2–0 a Atlanta, con dos penales de Fortunato, y 1–0 a Rosario Central. El 16 de octubre volvió a ganar por la mínima frente a Boca, que ya había conquistado la Copa Libertadores. Paruzzo aprovechó un rebote después de un remate de Salinas y marcó el gol decisivo. Esos triunfos no borraban las derrotas como visitante, pero permitían avanzar hacia la permanencia.

En el tramo final llegaron un empate en Ferro y victorias sobre Temperley y Platense. El 0–0 ante Chacarita dejó a Quilmes con treinta y nueve puntos antes de recibir a Racing. Ambos necesitaban sumar. Fortunato abrió el marcador con un remate desde afuera del área, su decimonoveno gol del Metropolitano, y Rubén Glaría igualó en el segundo tiempo. El 1–1 del 9 de noviembre aseguró la continuidad de Quilmes en Primera.

La última fecha, ya con una formación alternativa, terminó en derrota ante Newell’s. El balance fue de doce triunfos, dieciséis empates y dieciséis caídas, con cincuenta y un goles a favor y sesenta y cuatro en contra. Los cuarenta puntos alcanzaron para el puesto diecinueve. Había sido una temporada mucho más sufrida de lo esperado, pero la llegada de Yudica permitió enderezar el rumbo y conservar la categoría recuperada en 1975.

El regreso de Touriño y un Nacional entre dos años

El Nacional trajo el regreso de Juan Carlos Touriño, después de su recorrido por Real Madrid e Independiente Medellín. También volvió Miguel Ángel Reguera y se incorporaron Carlos Pachamé y Adrián Márquez. Con Yudica al frente, Quilmes integró una zona de ocho equipos junto a Estudiantes, Boca, Rosario Central, Los Andes de San Juan, Cipolletti, Chacarita y Central Norte de Salta. Los viajes al interior se sumaron al desgaste acumulado durante el Metropolitano.

El comienzo fue irregular: derrota ante Chacarita, empate con Boca y caída frente a Los Andes. El partido con Boca dejó además una pérdida importante. Gómez sufrió una lesión en el peroné y el tobillo que lo mantendría varios meses alejado de las canchas. Fortunato había puesto a Quilmes en ventaja y Mouzo empató; en el segundo tiempo, el delantero cervecero desvió un penal. El resultado quedó en 1–1.

Quilmes ganó 2–0 a Central Norte, pero perdió sus dos compromisos siguientes. Mejoró en la segunda rueda: venció a Chacarita y Los Andes, empató en la Bombonera y ganó en Salta. La campaña se extendió hasta enero de 1978. En esos últimos partidos igualó con Estudiantes, superó 3–2 a Cipolletti y cerró con una derrota 4–0 ante Rosario Central en cancha de Newell’s.

Terminó quinto de la zona con catorce puntos, producto de cinco triunfos, cuatro empates y cinco derrotas. Estudiantes encabezó el grupo. Entre los dos torneos, Quilmes había disputado cincuenta y ocho partidos oficiales. El año dejaba una permanencia trabajosa, un entrenador que comenzaba a afianzar su tarea y un plantel con nombres que tendrían un papel central en la siguiente temporada.

1978: las piezas de un equipo campeón

El equipo que sería campeón no comenzó el año dirigido por José Luis Yudica. Oscar Cavallero y Oscar López, dos antiguos jugadores del club que trabajaban como dupla técnica, se hicieron cargo del plantel. Quilmes mantuvo buena parte de la base formada desde el ascenso: Palacios, Milozzi, Medina, Salinas y Gómez aportaban continuidad; otros, como Gaño y Carrizo, conocían desde hacía años las exigencias de la camiseta. Esa permanencia de nombres ayudó a que las incorporaciones encontraran un grupo con vínculos ya construidos.

La salida más importante fue la de Sergio Fortunato, transferido a Estudiantes de La Plata después de sus veintitrés goles entre los dos torneos de 1977. Para reemplazarlo llegó Luis Antonio Andreuchi desde Rosario Central. También se sumaron Guillermo Zárate, Alberto Fanesi, Horacio Bianchini, Héctor Milano, Hugo Echauri y Juan Carlos Merlo. Hugo Tocalli regresó al club. Fanesi traía la experiencia de haber sido campeón con Central y Huracán; Bianchini aportaría despliegue y equilibrio, y Andreuchi terminaría superando ampliamente las expectativas con las que había llegado.

Los primeros triunfos se consiguieron sobre el final. En el Gasómetro, dos goles de Andreuchi, a los 83 y 89 minutos, dieron vuelta el partido contra San Lorenzo. Una semana después, Rando resolvió el encuentro con All Boys mediante un tiro libre a los 89. Pero la campaña perdió firmeza: llegaron derrotas ante Unión, Racing y Boca, y el 1–2 frente a Estudiantes de Buenos Aires, en cancha de Chacarita, precipitó la salida de los entrenadores. Tras nueve fechas, Quilmes tenía ocho puntos. Todavía estaba lejos de una situación desesperante, aunque el equipo no se sentía cómodo con su manera de jugar.

El regreso de Yudica y una forma de jugar

Yudica volvió para la décima fecha. Su primer rival fue Newell’s, que llegaba invicto, y Quilmes ganó 2–1 con otros dos goles de Andreuchi en el tramo final. Siguieron victorias sobre Vélez y Argentinos Juniors. El cambio no se limitó a los resultados: los futbolistas recuperaron confianza en las indicaciones que recibían y encontraron una organización que les permitía defender sin renunciar al ataque.

El equipo fue afirmando una estructura reconocible. Palacios custodiaba el arco; Zárate, Milozzi, Fanesi y Medina formaban una defensa habitual. Bianchini y Gáspari se repartían el trabajo del medio, cubrían espacios y ayudaban cuando el rival intentaba cambiar el juego de un costado al otro. Salinas daba pausa y elegía el momento de acelerar. Gómez podía aparecer como enlace o acercarse al ataque, mientras Filardo y Andreuchi aportaban velocidad y profundidad. Milano ofrecía otra alternativa por la izquierda. La presión comenzaba en campo propio y el esfuerzo de cada línea estaba relacionado con el de la siguiente.

El 3–3 ante Colón mostró la capacidad del equipo para reaccionar. Quilmes había empezado ganando, pero pasó a perder 3–1. Un tiro libre de Milozzi desde un ángulo muy cerrado y un gol de Filardo, apenas un minuto después, rescataron el empate. Luego venció a Estudiantes y empató en Independiente. Antes del receso por el Mundial, el ciclo de Yudica acumulaba cuatro victorias y dos igualdades.

Durante la interrupción, Quilmes siguió entrenándose. El desgaste sufrido después de la pausa del año anterior era un antecedente que el cuerpo técnico tenía presente. La preparación buscó sostener una campaña larga y exigente. Al reanudarse el torneo, el equipo venció a Huracán con un gol de Gómez después de combinar con Salinas. Más adelante ganó por primera vez a Banfield en Primera y derrotó 3–2 a Chacarita: cuando el rival acababa de igualar, Gáspari apareció para convertir el gol del triunfo. La primera rueda terminó con veintiséis puntos.

La pelea con Boca y los triunfos que acercaron la punta

El comienzo de la segunda rueda trajo las únicas dos derrotas consecutivas de Quilmes en el campeonato, frente a San Lorenzo y All Boys. La respuesta llegó ante Unión. Yudica adelantó a Gómez por el centro y el Indio resolvió el partido con una acción individual: superó a un defensor, dejó atrás al arquero y marcó el 1–0. Después vinieron un empate con Gimnasia, el 2–0 a Racing y dos igualdades ante River y Boca. Palacios tuvo un papel decisivo en aquel tramo al detener penales en tres encuentros consecutivos.

Boca conservaba la ventaja, pero Quilmes se mantenía cerca. Los triunfos por la mínima ante Atlanta y Estudiantes de Buenos Aires alimentaron la ilusión. La derrota en Newell’s volvió a estirar la distancia; el equipo respondió ganándole a Vélez. Un gol tardío de Maradona impidió vencer a Argentinos, aunque el punto sirvió para descontarle al líder. El triunfo sobre Colón, con un tanto de Andreuchi a los 86 minutos, dejó a Quilmes a tres puntos de Boca.

La visita a Estudiantes terminó en victoria por 2–1, con goles de Andreuchi y Filardo. Gómez fue expulsado y recibió una suspensión que lo apartaría hasta la última fecha. La ausencia obligaba a resolver el tramo decisivo con otras variantes. Frente a Independiente tampoco pudo jugar Andreuchi, por acumulación de amonestaciones. Fue entonces cuando Merlo tuvo una de las intervenciones más importantes de la campaña.

El encuentro estaba trabado y las expulsiones habían reducido a ambos equipos. Mientras tanto, las noticias de La Plata cambiaban el ánimo de los hinchas: Gimnasia estaba dando vuelta su partido con Boca. A los 87 minutos, una pelota larga de Milozzi terminó en los pies de Merlo, que venció a Pogany con un remate bajo. Quilmes ganó 1–0 y alcanzó la punta. La posibilidad del título había dejado de ser una ilusión distante.

Cuatro victorias para llegar a Rosario

La derrota ante Huracán, por 3–1, volvió a dejar a Boca solo arriba. En la jornada siguiente Quilmes quedó libre y viajó a Brasil para un amistoso. La derrota de Boca ante River mantuvo abierta la disputa: si Quilmes ganaba sus cuatro partidos restantes, tendría al menos la posibilidad de un desempate. Unión también seguía en carrera y obligaba a mirar una tabla cada vez más estrecha.

Platense empezó ganando en Guido y Sarmiento, pero Milano, Milozzi y Andreuchi construyeron el 3–1. Después llegó una visita difícil a Banfield, que luchaba por no descender. Milozzi la resolvió con un tiro libre a los 70 minutos. Su capacidad para convertir desde lejos era una parte importante de la campaña: el defensor terminaría el Metropolitano con diez goles, además de haber jugado todos los encuentros.

La suspensión de Guido y Sarmiento por los incidentes ante Platense obligó a recibir a Chacarita en Banfield. Quilmes ganó 2–1 con goles de Filardo y Andreuchi. Ese mismo día, Estudiantes de Buenos Aires empató sin goles con Boca. Quilmes quedó como único puntero, con cincuenta y dos puntos, uno más que Boca y dos más que Unión. Por primera vez en esa definición, dependía exclusivamente de su último resultado.

El plantel viajó a Rosario el viernes 27 de octubre y se alojó en el Hotel Imperio. Durante las horas previas recibió saludos, visitas y bocinazos de los hinchas que iban llegando. La movilización superó las previsiones: más de veinte mil seguidores acompañaron al equipo en Arroyito. El domingo 29, los partidos de Rosario, La Boca y Santa Fe definirían el campeonato.

29 de octubre: el zurdazo de Gáspari y la vuelta olímpica

Quilmes salió a jugar con Palacios; Zárate, Milozzi, Fanesi y Gaño; Bianchini, Gáspari y Salinas; Filardo, Andreuchi y Milano. Gómez esperaba su oportunidad después de cumplir la suspensión. El primer gol llegó a los 36 minutos, cuando Andreuchi convirtió un penal. Central empató antes del descanso mediante un cabezazo de Guillermo Trama. Como Boca ganaba su partido, la igualdad dejaba abierta la posibilidad de una definición adicional.

El comienzo del segundo tiempo concentró toda la tensión de la tarde. Félix Orte puso a Central 2–1 de penal a los 47 minutos. Apenas después, Andreuchi fue derribado tras recibir un pase de Salinas y convirtió otro penal. Quilmes había respondido enseguida. A los 52 minutos, un lateral de Zárate llegó a Bianchini; de él, la pelota pasó a Gáspari. El volante sacó un zurdazo que entró en el ángulo y puso el 3–2.

Todavía quedaba mucho por jugar. Quilmes sostuvo la ventaja procurando conservar la pelota y sin replegarse permanentemente contra su arco. Gómez ingresó por Filardo y, cerca del final, Recavarren reemplazó a Salinas. Un gesto del árbitro que anunciaba el tiempo adicional hizo creer por un instante que el partido había terminado. La celebración verdadera llegó poco después: Quilmes era campeón del Metropolitano.

La campaña terminó con veintidós victorias, diez empates y ocho derrotas, cincuenta y tres goles a favor y cuarenta y uno en contra. Los cincuenta y cuatro puntos dejaron a Boca uno por debajo y a Unión dos. Andreuchi convirtió veintiún goles; Milozzi y Salinas participaron en los cuarenta partidos. El título también se había construido con aportes menos frecuentes, como los goles decisivos de Rando ante All Boys y de Merlo frente a Independiente.

La caravana volvió a Quilmes mientras la ciudad se reunía para recibir al plantel. En Guido y Sarmiento, los hinchas escucharon los goles de la campaña y esperaron hasta la madrugada. Cerca de las dos y media del lunes llegaron los campeones. La celebración unió a quienes habían viajado a Rosario con quienes habían seguido la tarde por radio: era la culminación de un recorrido que había comenzado con incertidumbre y terminado con la vuelta olímpica.

Después de la consagración: cansancio y renovación

El Nacional comenzó apenas una semana después del título. Yudica se marchó a Newell’s y Miguel Basílico regresó para dirigir a Quilmes. Entre homenajes y festejos, el equipo tuvo muy poco margen para recuperarse. El debut en Tucumán terminó 0–0; posteriormente se le adjudicó la victoria por la inclusión indebida de un jugador de San Martín.

El 4–1 sobre San Martín de Mendoza fue una de las pocas tardes de alivio. Las derrotas amplias ante Colón, River y Atlanta hicieron visible el agotamiento. Con las posibilidades de clasificación alejándose, los dirigentes dieron descanso a buena parte de los campeones. Miguel Benito reapareció y varios juveniles encontraron lugar. En el último tramo, las fichas registran a Héctor Notaris al frente del equipo.

Quilmes terminó sexto de la Zona D con once puntos. El cierre no modificó el significado del año, pero mostró cuánto había exigido la conquista del Metropolitano. La atención empezaba a dirigirse hacia otro desafío: el título le había abierto al club las puertas de su primera participación en la Copa Libertadores.

1979: el campeón ante un desafío nuevo

El título de 1978 abrió una puerta que Quilmes nunca había cruzado: participar en la Copa Libertadores. La ilusión continental convivía con una obligación inmediata, sostenerse en Primera. El Metropolitano dividía a sus veinte participantes en dos zonas; los dos últimos de cada una tendrían que disputar una exigente definición por la permanencia. Había que preparar un equipo capaz de afrontar ambos frentes al mismo tiempo.

La preparación también alcanzó a Guido y Sarmiento. En febrero comenzaron las obras para ampliar el terreno de juego de 66 por 100 metros a 68 por 105, las dimensiones mínimas requeridas para la Copa. Hubo que desplazar la pared y el alambrado detrás del arco de la calle Guido. Se instalaron además plataformas para las cámaras de televisión. El escenario que había acompañado la conquista local debía adaptarse a una competencia internacional.

Mientras el plantel realizaba la pretemporada en Tandil, se concretó una partida especialmente sensible: Omar Gómez se marchó al fútbol de salón de Estados Unidos. No se iba solamente un creador de juego, sino uno de los futbolistas con los que más se identificaban los hinchas. Miguel Batalla llegó como una alternativa para la elaboración; también se sumaron Luis Graneros, Abel Moralejo, Daniel Godoy y otros refuerzos. La incorporación más conocida fue Oscar Mas, cuya extensa trayectoria como goleador despertaba expectativas. Miguel Ángel Basílico tuvo que acomodar esas piezas alrededor de los jugadores que seguían del equipo campeón.

La primera Libertadores: de Guido y Sarmiento a Colombia

El debut llegó el 14 de marzo, como local ante Independiente. El contraste era grande: Quilmes estrenaba su participación frente a un adversario que ya había ganado seis veces la Copa. El grupo se completaba con Deportivo Cali y Millonarios, y únicamente el primero avanzaba. La derrota por 2–1 dejó, de todos modos, un nombre en la historia del club: Miguel Batalla convirtió el primer gol cervecero en una competencia continental.

El viaje a Colombia dio otra dimensión a la experiencia. Un acuerdo con AeroPerú permitió financiar pasajes y estadía a cambio de llevar su identificación en la indumentaria. Dentro de la cancha, Quilmes encontró partidos cerrados y difíciles. En Cali estuvo dos veces arriba, con goles de Milozzi y Graneros, pero perdió 3–2. En Bogotá sostuvo el empate hasta el tramo final, cuando un penal convertido por Cordero le dio el triunfo a Millonarios. El equipo regresó sin puntos, aunque había competido en ambos encuentros.

La derrota por 2–0 en Avellaneda terminó con las posibilidades de clasificación. Después cayó 2–1 ante Millonarios en Guido y Sarmiento. Quedaba una última oportunidad de despedirse con una victoria, y Quilmes la aprovechó: el 13 de abril venció 3–1 a Deportivo Cali, con un gol de Andreuchi y dos de Bianchini. El balance fue de una victoria y cinco derrotas, siete goles a favor y once en contra. Los números explican la eliminación; los viajes, las exigencias y el estreno internacional explican por qué aquella participación conservó un lugar propio en la memoria del club.

Un buen comienzo y el desgaste del calendario

Mientras jugaba la Libertadores, Quilmes comenzó el Metropolitano con una serie de seis encuentros sin perder. La suspensión de su cancha lo obligó a recibir a Newell’s en Banfield y a River en Vélez. Entre esos partidos consiguió un valioso 2–1 como visitante ante Huracán. Contra River se adelantó con goles de Godoy y Mas, pero terminó empatando 2–2. El calendario dejaba poco margen: apenas dos días después de la visita a Millonarios volvió a jugar por el torneo local.

Uno de los mejores momentos llegó el 22 de abril, con el 3–0 sobre Argentinos Juniors. Moralejo tuvo un papel destacado en la marca de Maradona, mientras Andreuchi, Milano y Godoy concretaron la superioridad cervecera. La victoria siguiente ante Platense permitió cerrar la primera rueda con doce puntos, a uno de Argentinos. Quilmes seguía cerca de los primeros puestos pese al esfuerzo acumulado.

La segunda rueda cambió el panorama. Tras empatar en Rosario con Newell’s, llegaron tres derrotas consecutivas y la salida de Basílico. Roberto Ferreiro asumió la conducción, pero el equipo no recuperó la continuidad. A los dos torneos se habían agregado amistosos y viajes, una carga difícil de sostener con un plantel reducido. El cierre dejó una alegría contundente: 7–0 a Platense, con tres goles de Andreuchi. Quilmes terminó séptimo en su zona, con seis triunfos, cinco empates y siete derrotas, fuera tanto de la definición por el título como del cuadrangular por el descenso.

El Nacional y un cierre irregular

Para el Nacional volvieron a cambiar algunos nombres. Mas quedó libre, Milano pasó a Millonarios y Paruzzo se fue a Altos Hornos Zapla. Llegaron Jacinto Barrionuevo, Sebastián Ovelar, Roberto Monzón y Osvaldo Cristofanelli. Quilmes integró la Zona B, con dos encuentros interzonales ante Estudiantes de La Plata. Comenzó perdiendo contra Estudiantes y Huracán; el 3–2 a Newell’s dio un alivio que no alcanzó para establecer una racha.

La derrota como local ante Gimnasia y Tiro al concluir la primera rueda provocó la salida de Ferreiro. La Subcomisión de Fútbol orientó al equipo en el 4–2 sobre Estudiantes y después asumió Héctor Notaris, que trabajaba con la tercera. La campaña siguió alternando victorias aisladas con caídas. Una de las tardes más recordadas fue el 0–1 ante River: Ubaldo Fillol, que había llegado a Primera en Quilmes, sostuvo la ventaja visitante con atajadas extraordinarias frente a Milozzi y Moralejo.

La despedida llegó el 2 de diciembre en Salta. Un gol de Barrionuevo le dio el triunfo por 1–0 sobre Gimnasia y Tiro. Quilmes terminó quinto en la zona, con cuatro victorias, dos empates y ocho derrotas. El año había llevado al club a escenarios nuevos, pero también había mostrado las dificultades de renovar el equipo y sostener el esfuerzo después de la consagración.

1980: las dificultades de sostener el ciclo

El Metropolitano de 1980 encontró a Quilmes ante una competencia larga: diecinueve equipos, dos ruedas y tres descensos. El margen para acomodarse parecía amplio, pero el comienzo mostró una dificultad que acompañaría al equipo durante meses: empataba mucho y ganaba poco. Bajo la conducción de Baudilio Jáuregui, el primer triunfo recién llegó en la séptima jornada, con el 2–0 a Vélez. Hasta entonces había reunido cinco empates y una derrota.

El plantel conservaba referentes del título, aunque también atravesaba cambios. Juan Generoso Carrizo y José Medina ya no estaban. Entre los nuevos aparecieron Braulio Castro, Carlos Salguero y el boliviano Erwin Romero. Este último se ganó pronto el reconocimiento de los hinchas por su habilidad para dominar y conducir la pelota. Sus intervenciones ofrecían una cuota de creatividad en un conjunto que no conseguía transformar la resistencia defensiva en victorias frecuentes.

La sucesión de igualdades hizo que la caída en la tabla fuera gradual. El empate no era inútil en un campeonato de dos puntos por triunfo, pero tampoco alcanzaba para separarse del fondo. Rogelio Domínguez sucedió a Jáuregui y la situación siguió siendo difícil. Un ejemplo de la mezcla de reacción y preocupación fue el 2–2 con Boca: Quilmes perdía por dos y rescató el punto con goles de Filardo y Romero en los últimos minutos, sin que esa alegría resolviera el problema de la campaña.

La lucha hasta Santa Fe

La derrota por 4–2 ante Talleres llevó a Quilmes a la zona de descenso. Poco después, All Boys le quitó el invicto como local en el torneo. La fortaleza de Guido y Sarmiento había sido uno de los apoyos del equipo; perder allí ante un rival directo agravó el panorama. Tras otra caída en Santa Fe, contra Unión, terminó el ciclo de Domínguez. Una conducción provisoria precedió a la llegada de Roberto Rogel.

La reacción existió. Quilmes le ganó a Newell’s, goleó 4–1 a Tigre con tres tantos de Andreuchi y venció 1–0 a San Lorenzo, el rival al que necesitaba alcanzar para salir del descenso. Batalla convirtió el gol de esa noche y Tocalli sostuvo la ventaja. Más tarde, el 2–2 ante Argentinos y el triunfo agónico sobre Ferro mantuvieron abierta la posibilidad de salvarse. Pero los puntos perdidos durante buena parte del campeonato obligaban a depender también de los demás resultados.

La definición llegó el 24 de agosto en Santa Fe. Quilmes perdió 1–0 ante Colón y San Lorenzo derrotó a Tigre. Con una jornada todavía por jugar, el descenso quedó consumado. El empate final con Estudiantes cerró una campaña de seis victorias, dieciocho empates y doce derrotas. A menos de dos años de la vuelta olímpica en Rosario, buena parte de aquellos protagonistas vivía ahora el golpe opuesto.

El Nacional como comienzo de la reconstrucción

El descenso no puso fin inmediato al calendario de Primera: Quilmes aún debía disputar el Nacional. Héctor Notaris se hizo cargo del equipo, al que se sumaron Daniel Pavón y Miguel Osvaldo González. También aparecieron juveniles, como Máximo Pizzarulli y Enrique Aquino. La participación servía para competir, pero la mirada ya estaba puesta en preparar la siguiente temporada en la B.

Romero dejó algunas de las mejores imágenes de aquel cierre. Fue el goleador quilmeño del torneo con cinco tantos y participó en la victoria por 4–3 sobre Chaco For Ever, que cortó una larga racha sin ganar como visitante. En la despedida, el 3–1 a Central Norte, volvió a convertir después de una acción de gran habilidad. Su talento aportó momentos de disfrute dentro de un año deportivo doloroso.

José Yudica regresó a la dirección técnica desde la décima jornada. También volvió Osvaldo Raúl González después de su etapa en España. Ambos retornos daban forma a una intención: aprovechar esos meses para preparar un regreso rápido a Primera. Quilmes terminó quinto en su zona del Nacional, con cinco triunfos, un empate y ocho derrotas, y comenzó a reorganizarse para un desafío diferente.

1981: Yudica y una base que todavía tenía mucho para dar

La vuelta a la B no significó desarmar por completo el equipo. Yudica confió en la experiencia de Tocalli, Milozzi, Fanesi, Bianchini, Gáspari y otros futbolistas que conocían el club y habían respondido en campañas importantes. José Medina lo acompañó como ayudante. El objetivo era concreto: aprovechar esa base para regresar a Primera en un torneo de veintidós equipos que concedía dos ascensos.

Hubo nuevas incorporaciones y regresos. Ricardo Lupo volvió desde San Lorenzo y Ricardo Fertonani llegó para ocupar la otra banda defensiva. Hugo Nelson Lacava Schell y José Ángel Úbeda aportaron recursos para elaborar juego; César Lorea y José Artemio Luñiz se sumaron al ataque. Del equipo anterior habían partido, entre otros, Moralejo, Godoy y Romero. Palacios dejó el fútbol y Tocalli quedó como una pieza central de la defensa.

El arranque confirmó la condición de candidato: Quilmes ganó sus cinco primeros partidos, incluido el clásico ante Argentino por 1–0. No era un equipo que necesitara golear siempre para imponerse. La defensa, el conocimiento entre sus jugadores y la capacidad de resolver encuentros ajustados le permitieron sostenerse cerca de la punta durante casi toda la campaña.

Empates que se festejaron y una carrera entre candidatos

Algunos de los partidos más recordados fueron empates. En Floresta, Quilmes llegó a estar 3–0 abajo contra All Boys y alcanzó el 3–3 con una reacción extraordinaria sobre el final. Gáspari cerró la remontada con una chilena. Contra Banfield volvió a aparecer en un desenlace agónico: después de que Buttice atajara un penal de Milozzi, el volante convirtió el 2–2. Esos puntos sostenían la posición del equipo y mostraban una capacidad de respuesta que iba más allá de la calidad del juego.

La pelea se concentró alrededor de Nueva Chicago, Quilmes y Banfield. Milozzi fue decisivo desde los penales y los tiros libres, hasta terminar como goleador cervecero con doce tantos. Lorea aportó once y Batalla diez. Pero la regularidad se construyó desde atrás: Tocalli disputó los cuarenta y dos encuentros y mantuvo su arco invicto en diecinueve de ellos.

El clásico de la segunda rueda se jugó en Independiente, donde Argentino fue local. Quilmes se adelantó con un cabezazo de Luñiz, pero Angarola igualó para el Mate. Más adelante, el 1–1 con Nueva Chicago dejó a los dos candidatos bien ubicados frente a sus perseguidores. La campaña tuvo muchos empates; la diferencia fue que Quilmes perdió muy pocas veces y conservó durante meses una ventaja importante en la lucha por subir.

El fallo ante Español y la vuelta a Primera

El partido ante Deportivo Español pareció postergar la celebración. Quilmes se puso 2–0 en los primeros minutos, pero terminó perdiendo 3–2. Después se comprobó que Rubén Daniel Arbelo había sido transferido a Racing de Trelew el día anterior al encuentro y no estaba habilitado para jugar. El 19 de noviembre se conoció el fallo del Tribunal de Disciplina: triunfo de Quilmes por 2–0 y los dos puntos a su favor.

La resolución aseguró matemáticamente el ascenso cuando todavía quedaban cuatro encuentros. La alegría no dependía solamente de un expediente: había detrás una campaña que había mantenido a Quilmes entre los primeros desde el comienzo. El fallo resolvió la fecha de la consagración. El equipo ya había construido en la cancha la ventaja que le permitía obtener el regreso con anticipación.

Quedaba la posibilidad de ser campeón, pero los últimos resultados favorecieron a Nueva Chicago. Quilmes empató con Morón y El Porvenir y perdió frente a Temperley y Banfield. Terminó segundo, con cincuenta y cinco puntos. La estadía en la B había durado una sola temporada y Yudica sumaba otro logro a su vínculo con el club: después de la permanencia de 1977 y el título de 1978, ahora conducía un ascenso.

1982: otro regreso, otro equipo

El retorno a Primera coincidió con un cambio en el calendario: el Nacional se jugó al comienzo del año y el Metropolitano quedó para la segunda mitad. Roberto Rogel asumió la dirección técnica de un plantel muy renovado. Varios protagonistas del ascenso se alejaron, entre ellos Lupo, Fanesi, Batalla, Bianchini, Lacava Schell y Úbeda. La experiencia de Tocalli, Milozzi y Gáspari siguió siendo un punto de apoyo, pero había que construir nuevas asociaciones.

Entre las incorporaciones estuvieron Héctor Clide Díaz, Oscar Emilio Gizzi, Ricardo Alonso, Víctor Martínez, Miguel Converti y Daniel Acevedo. Ramón Ponce también regresó. Quilmes reunió así futbolistas de trayectoria y recursos ofensivos distintos: la potencia de Acevedo, la capacidad de Converti para sostener la pelota y el manejo de Martínez. No fue una adaptación sin sobresaltos, pero el equipo encontró respuestas y empezó a competir con confianza.

El estreno fue un 1–1 ante Instituto en Córdoba. Después llegó un 4–3 frente a Independiente Rivadavia, remontado tres veces antes del gol de la victoria. También hubo caídas contundentes, como el 0–3 en Jujuy. Esa irregularidad no impidió que Quilmes acumulara triunfos valiosos: ganó en River, venció dos veces a Instituto y cerró su grupo con ocho victorias, cuatro empates y cuatro derrotas. Terminó primero en la Zona A y pasó a las eliminatorias.

De los penales con Unión a la final

En cuartos de final apareció Unión. Ambos partidos terminaron 1–1 y el desquite en Guido y Sarmiento necesitó alargue y penales. Converti había conseguido el empate que mantuvo a Quilmes en la serie. En la definición, el equipo convirtió cuatro ejecuciones. La última de Unión, de Regenhardt, dio en un poste; Tocalli contuvo la pelota después del rebote y el estadio celebró el paso a semifinales.

Estudiantes, dirigido por Carlos Bilardo, fue el siguiente rival. La ida se jugó ante tribunas colmadas y se resolvió con dos goles de Acevedo en el segundo tiempo. El primero nació de un tiro libre preparado para aprovechar la colocación de la barrera; el segundo, de un contragolpe que inició Converti. La victoria por 2–0 daba una ventaja importante, pero todavía había que defenderla en La Plata.

Quilmes también ganó la revancha. Un penal de Milozzi puso el 1–0 y el equipo sostuvo la diferencia frente a un adversario que terminó con dos expulsados. Superar a Estudiantes en ambos encuentros confirmó que la clasificación a la final no había sido casual. Recién ascendido, Quilmes estaba otra vez a un paso de un campeonato de Primera.

El subcampeonato frente al Ferro de Griguol

La final enfrentó a Quilmes con Ferro, que venía de dos subcampeonatos en 1981 y había sostenido una campaña invicta. El conjunto de Carlos Timoteo Griguol tenía continuidad, orden y un funcionamiento consolidado. Quilmes llegaba por otro camino, apoyado en su capacidad de disputar partidos cerrados y aprovechar sus oportunidades.

La ida se jugó el 20 de junio por la mañana, en Guido y Sarmiento. La cancha estaba afectada por la lluvia y Ferro fue superior. Tocalli tuvo varias intervenciones decisivas para conservar el 0–0. Ese resultado mantuvo abierta la serie, aunque el desarrollo había mostrado la dificultad del desafío.

En Caballito, una semana después, Ferro ganó 2–0 con goles de Miguel Ángel Juárez y Juan Domingo Rocchia. Quilmes no encontró la manera de quebrar el control del rival y terminó subcampeón. La derrota cerró una campaña importante: había ganado su zona, superado dos eliminatorias y llegado a una nueva final apenas meses después de dejar la B.

Un segundo semestre que cambió el rumbo

La continuidad que podía esperarse después del subcampeonato no se produjo. Rogel se alejó y Rubén Suñé comenzó su etapa como entrenador. Llegaron Julio Pedernera, Omar Labruna y otros refuerzos; Filardo volvió a vestir la camiseta durante el receso del fútbol estadounidense. El equipo abrió el Metropolitano venciendo a Nueva Chicago, pero enseguida perdió tres partidos consecutivos. Suñé dejó el cargo y, tras una conducción provisoria de Notaris, asumió Adolfo Pedernera.

Los cambios de entrenador no resolvieron los problemas. Rogel terminó regresando y Quilmes siguió cerca de las últimas posiciones. Hubo victorias que alimentaron la esperanza, como el 2–1 en Ferro o el 3–2 a River, pero no una recuperación sostenida. El contraste con el Nacional fue fuerte: el finalista de junio pasó a disputar cada punto con la permanencia en juego.

El campeonato se extendió hasta febrero de 1983. Quilmes llegó a la última fecha obligado a ganar y venció 1–0 a Instituto, con un gol de Sanabria. Los otros resultados dejaron a Quilmes y Unión igualados en veintisiete puntos. Sarmiento descendió y quedó pendiente un segundo lugar, que debía resolverse en un desempate.

Junín: el golpe de un nuevo descenso

El desempate se disputó el 20 de febrero de 1983 en la cancha de Sarmiento de Junín. Pese a la fecha, era la última definición del Metropolitano 1982. Quilmes no pudo contar con Gáspari, lesionado durante la preparación. En un encuentro cargado de tensión, tuvo oportunidades en el primer tiempo, pero no logró superar a Trucco.

En el segundo tiempo, una infracción de Clide Díaz dentro del área dio a Unión un penal. Marcos Capocetti lo convirtió y los santafesinos administraron la ventaja. Quilmes buscó el empate con urgencia, sin conseguirlo. El 0–1 consumó el descenso.

En pocos meses, el club había pasado de disputar una final nacional a perder la categoría. La frustración no podía explicarse solamente por el desempate: el Metropolitano había dejado dieciocho derrotas en treinta y seis partidos. El esfuerzo de los referentes y algunos rendimientos individuales no alcanzó para compensar la falta de regularidad de un equipo que volvía a empezar en la B.

1983: competir entre la inestabilidad

El descenso obligó a preparar enseguida otro torneo de Primera B. Quilmes ingresó en la Zona B y, por haber disputado el desempate del Metropolitano, tuvo cuatro fechas de gracia antes de su estreno. Ricardo Trigili dirigió un plantel que recuperó a Horacio Milozzi y sumó a Craiyacich, Héctor López, Nicolás Gómez de Armas y José Tártalo.

El equipo alternó pasajes de muy buen fútbol con fragilidad defensiva. Después de la derrota ante All Boys, encadenó cinco triunfos y llegó a ser líder. Víctor Martínez se volvió una de las figuras y el 3–0 ante Banfield fue una de las mejores actuaciones de esa racha. Sin embargo, las caídas frente a Morón y Central Córdoba cortaron ese impulso y provocaron el cambio de entrenador.

Con Armando Mareque empezó una serie de doce partidos sin ganar. A los resultados se agregaron deudas salariales y la salida de Milozzi, Lorea y Gáspari en pleno torneo. El equipo se recuperó lo suficiente para terminar cuarto en la Zona B y clasificar al octogonal, donde eliminó a All Boys pero perdió la semifinal ante Los Andes. La posibilidad de un ascenso inmediato quedó postergada.

1984: una campaña sin continuidad

La Primera B de 1984 reunió a Racing, recién descendido, y a equipos con aspiraciones fuertes. Quilmes volvió a renovar gran parte del plantel. Carlos Soares fue uno de los nombres incorporados; también llegaron jugadores para una formación que perdió a Tocalli, ya en Unión de Santa Fe. El arranque dejó señales contrapuestas: después del 0–0 con Banfield, Defensores ganó 5–2 en Guido y Sarmiento.

Hubo una racha invicta de diez partidos que acercó al equipo a los puestos altos. Esa recuperación convivió con un hecho grave: el micro que trasladaba al plantel hacia Nueva Chicago sufrió un accidente y varios integrantes resultaron heridos. El encuentro debió postergarse. La campaña no volvió a estabilizarse y la segunda rueda tuvo demasiados empates y derrotas.

Quilmes terminó octavo en la Zona B, lejos de la clasificación al octogonal. El 2–0 sobre Español en la última fecha fue una de las pocas alegrías del cierre. La temporada también dejó debates institucionales y la defensa del predio de Alsina y Lora, cuya continuidad en manos del club se consolidaría al año siguiente.

1985: un equipo que pareció estar para más

La campaña de 1985 arrancó con una renovación menos masiva que la del año anterior, aunque seis futbolistas debutaron en la formación inicial. Volvieron Andreuchi y Marcelo Firpo; se incorporaron Carlos Torales y Daniel Kuchen. Tras el debut, Alberto Pascutti pasó de El Porvenir a Quilmes y se transformó rápidamente en una de las piezas más importantes del equipo.

El comienzo fue prometedor: Quilmes ganó en Campana, goleó 3–0 a Tigre y quedó arriba. La combinación de Torales y Kuchen aportaba equilibrio, mientras Pascutti conectaba el juego. Más adelante, una seguidilla de siete empates consecutivos detuvo el avance. Aun así, tres triunfos seguidos y una racha de once sin perder permitieron recuperar terreno.

Quilmes terminó segundo en la Zona B, detrás de Rosario Central, y entró al octogonal por el segundo ascenso. Superó a Los Andes en cuartos, después de un 2–2 y un 1–1. Racing fue superior en las semifinales y ganó ambos partidos. El cierre dejó una sensación ambigua: había una base competitiva, pero el rendimiento no alcanzó para volver a Primera.

1986: por qué Quilmes pasó a tercera división

Para entender la caída de 1986 hay que mirar primero cómo cambió el fútbol argentino. Hasta entonces, la Primera B era la segunda categoría para los clubes directamente afiliados a la AFA. Los equipos de las ligas del interior tenían otro recorrido: podían alcanzar los torneos Nacionales de Primera a través de sus clasificatorios regionales. La reforma reemplazó ese acceso temporal por una competencia estable y federal de segunda división: el Nacional B. La Primera B quedó un escalón por debajo de ese nuevo torneo.

El cambio también alcanzó al calendario. Los campeonatos empezaron a organizarse desde la mitad de un año hasta la mitad del siguiente. Para cubrir la transición, en el primer semestre de 1986 se disputó un Apertura de Primera B: veinte equipos, divididos en dos zonas de diez, jugaron dieciocho partidos cada uno. No era simplemente una campaña más por el ascenso. Allí se decidiría qué clubes entrarían en la nueva segunda categoría y cuáles quedarían en la tercera.

Los tres primeros de cada zona y el mejor cuarto accedían al octogonal, al que se sumaba un equipo procedente de Primera. El reducido ofrecía una plaza en la máxima categoría. El otro cuarto de zona tenía asegurado un lugar en el Nacional B. Para los doce clubes restantes, continuar en la Primera B significaba bajar un nivel: esa división sería tercera, mientras la C pasaría a cuarta y la D a quinta. El nombre de la competencia se mantenía, pero su lugar en la estructura cambiaba.

Quilmes había preparado el Apertura con aspiraciones muy distintas. Alberto Fanesi, campeón como jugador en 1978, comenzaba su carrera de entrenador y recibió refuerzos como Noremberg, Peralta, Vargas, Argota, Killer y Sperandío. A ellos se sumaban jugadores que continuaban desde 1985, entre ellos Pascutti, Silva y Anhielo. El estreno, un 1–0 sobre All Boys con gol de Killer, alimentó la expectativa de volver a Primera.

La ilusión duró poco. Después de aquel debut pasaron catorce partidos sin ganar. Fanesi dejó el puesto, Miguel Basílico tampoco pudo revertir la caída y Horacio Magalhaes condujo el tramo final, con mayor presencia de juveniles. Quilmes terminó décimo y último en la Zona B: tres victorias, cinco empates, diez derrotas y once puntos. El 3–1 ante Estudiantes de Buenos Aires en la última fecha dio una alegría tardía, pero ya no podía cambiar su ubicación.

Por eso el descenso combinó dos hechos: una reforma que creaba un nuevo segundo escalón y una campaña que dejó a Quilmes fuera de los lugares necesarios para integrarlo. El club conservó su lugar en la Primera B, pero esa competencia pasó a ser tercera división. La respuesta llegó en la temporada 1986/87: el equipo de Humberto Zuccarelli ganó el campeonato y ascendió al Nacional B, recuperando en un año el nivel que había perdido.

1986/87: el título que devolvió el ánimo

El Apertura de 1986 había dejado a Quilmes fuera de la nueva segunda categoría que creaba la AFA. La vieja Primera B pasaba a ser tercera división y el club debía reconstruirse allí, en un escenario impensado apenas ocho años después del campeonato de 1978. Humberto Zuccarelli asumió la conducción, con Carlos Trullet como ayudante y Norberto Pachamé en la preparación física.

La respuesta fue inmediata. Llegaron Daniel Leani y Omar Catalán para el ataque; Jorge Di Gregorio le dio carácter al medio; y una base formada por Cassé, Segovia, Ribichini, Neira, Kalujerovich, Mazariche, Pascutti y Sotelo sostuvo una campaña de gran regularidad. Quilmes terminó con 58 goles a favor y apenas 22 en contra. Antonio Mércuri, incorporado en el receso, mantuvo su arco invicto en ocho de sus diez actuaciones y recibió solamente cinco goles.

El final concentró toda la tensión. Tras ganar en Comunicaciones, Quilmes venció 3–0 a Estudiantes de Buenos Aires y quedó a una combinación favorable para festejar. Defensores de Belgrano empató con Almirante Brown y confirmó el título. En la última fecha, Deportivo Merlo cedió la localía en su propio estadio para jugar en la cancha de Quilmes. El campeón ganaba 2–0 cuando una invasión del campo obligó a suspender el encuentro, que luego fue adjudicado a Merlo. El ascenso directo al Nacional B cerró una revancha deportiva que el club necesitaba.

1987/88: el mérito de luchar hasta el final

El ascenso de 1987 llevó a Quilmes a un Nacional B nuevo y federal, con viajes y rivales que hasta entonces no formaban parte de su recorrido habitual. Mandiyú, Chaco For Ever, Cipolletti, Guaraní Antonio Franco, Ferro de General Pico y Atlético Tucumán aparecían en un torneo de cuarenta y dos fechas, cuya extensión obligaba a sostener el rendimiento durante muchos meses.

Humberto Zuccarelli mantuvo la base del campeón de la B Metropolitana y sumó a Gabriel Puentedura en el arco, Oscar Aguilar, Claudio Jeannoteguy y Juan Ramón Poelman. La salida de Omar Catalán a Racing modificó el ataque, pero Leani volvió a ser una referencia goleadora. El equipo se apoyó en una defensa firme y en la capacidad para obtener puntos en escenarios complejos del interior.

Quilmes terminó segundo, con 54 puntos, veinte triunfos, catorce empates y ocho derrotas. Mandiyú fue campeón tras el 0–0 de Guido y Sarmiento en un partido decisivo y cargado de tensión. El subcampeonato le dio acceso directo a las semifinales del dodecagonal por el segundo ascenso. Allí San Martín de Tucumán lo eliminó: el empate parecía suficiente por la ventaja deportiva, hasta que un gol de Miguel Rutar en el cierre cambió la historia. La frustración del final no borra una campaña que dejó a Quilmes muy cerca de dos ascensos consecutivos.

1988/89: una transición difícil

La temporada comenzó con una señal dura: Lanús ganó 5–0 en Guido y Sarmiento. Quilmes venía de una campaña que había rozado el ascenso, pero el bajo presupuesto obligó a rearmar el grupo en poco tiempo. Humberto Zuccarelli se alejó y Hugo García volvió a tomar la conducción, con un plantel que mezclaba juveniles y refuerzos de escasa experiencia en la categoría.

La salida de Daniel Leani, transferido a Mandiyú después de 49 goles en 74 partidos, dejó un vacío difícil de cubrir. Llegaron Jorge Raffo, Ariel Palumbo, Gustavo González, Julio Pavón y Ricardo Bramuglia; Mario Gómez intentó aportar juego cerca del área. Kalujerovich, Neira, Ribichini, Kergaravat y Mulet representaban la continuidad de las campañas anteriores.

Quilmes tuvo resultados aislados que mostraron sus posibilidades, pero no logró sostenerlos. Terminó decimoquinto, con doce victorias, trece empates, diecisiete derrotas, 42 goles a favor y 58 en contra. La segunda rueda fue especialmente adversa y el cambio a Héctor Notaris no alcanzó para modificar la tendencia. Fuera de la cancha, la temporada coincidió con pasos iniciales de la obra que daría lugar al Estadio Centenario: una perspectiva de futuro en medio de un año deportivo difícil.

1989/90: una delantera para volver a pelear

Después del retroceso de 1988/89, Quilmes armó uno de sus equipos más atractivos de aquellos años. Hugo Tocalli dirigió una formación que reunió a Abel Blasón, Luis Sosa Tieri y Marcelo Rufini en el ataque, acompañados por Gáspari, Almandoz, Kalujerovich y el arquero Castagneto. El equipo volvió a jugar con ambición y se instaló entre los candidatos.

Quilmes llegó a la recta decisiva como protagonista de una lucha directa con Huracán. El encuentro entre ambos en Guido y Sarmiento inclinó la pelea: el visitante ganó 1–0. Más adelante, la derrota con Italiano terminó de alejar el título. Huracán fue campeón y Quilmes quedó segundo con 53 puntos: diecinueve triunfos, quince empates, ocho derrotas, 65 goles a favor y 43 en contra.

Antes del dodecagonal, Tocalli renunció y Hugo García regresó para conducir las eliminatorias. Quilmes ingresó directamente en semifinales y enfrentó a Deportivo Italiano: empató 1–1 en Caseros y ganó 2–0 la revancha, con tantos de Omar Gómez y Blasón. Lanús, que había superado a Belgrano, fue el rival de la final.

Lanús ganó 2–1 la ida. En Guido y Sarmiento, un gol de Gáspari le dio a Quilmes el triunfo por 1–0 y dejó la serie igualada 2–2. No había ventaja deportiva en esa instancia: se jugó un alargue y, sin nuevos goles, llegaron los penales. Lanús convirtió sus cuatro remates; Quilmes solamente el primero, de Blasón. El 4–1 de la definición le dio el ascenso al Granate.

La frustración convivió con el recuerdo de una delantera muy productiva. Incluidas las eliminatorias, Blasón marcó 21 goles y Rufini 18. Fueron las referencias de una campaña que devolvió al club su capacidad de disputar el ascenso, aunque la resolución volvió a dejarlo a un paso de Primera.

1990/91: el equipo que consiguió volver

La derrota por penales ante Lanús había dejado a Quilmes a un paso de Primera. Para el campeonato siguiente, la dirigencia confirmó a Hugo García y renovó buena parte del plantel. Rufini siguió como referencia del ataque, al que llegaron Pedrazzi y Scime. Se sumaron también Juárez, Gioffré, Acosta y Espíndola, entre otros. Había que construir un equipo nuevo y, al mismo tiempo, recuperar la confianza después de una frustración muy reciente.

El poco descanso entre ambas temporadas llevó a postergar las tres primeras fechas de Quilmes. Por eso, aunque el calendario comienza con Cipolletti, el debut efectivo fue el 26 de agosto de 1990: un empate sin goles como visitante de Atlético Tucumán. Después llegaron los triunfos ante Defensa y Justicia y Talleres de Escalada. La derrota en el pendiente con Cipolletti, el empate con Douglas Haig y otra caída frente a Villa Dálmine mostraron que todavía faltaba encontrar regularidad.

El partido con Deportivo Morón marcó un impulso importante. El visitante llegaba como puntero e invicto, pero Quilmes ganó 2–0. Rufini abrió el marcador y Leonardo Colombo, que ingresó en los minutos finales, convirtió el segundo con una definición por encima del arquero. El volante, llegado de Cañuelas, empezó a hacerse un lugar por su capacidad para crear juego y llegar al gol. La goleada 4–0 en cancha de Atlanta y la victoria 2–1 en el pendiente con Rafaela prolongaron la recuperación.

El último de aquellos partidos postergados se disputó en Córdoba. El encuentro con Racing fue suspendido a los 24 minutos, cuando estaban 0–0, por una agresión desde la tribuna a Kalujerovich. El Tribunal resolvió darlo por ganado a Quilmes por 1–0. La fecha de ese partido y su resultado administrativo forman parte del recorrido del campeonato: el marcador no corresponde a un gol convertido durante el juego.

Con el paso de las fechas, García encontró un equipo equilibrado. Mulet dio seguridad en el arco; Escalante y Juárez sostuvieron la defensa, acompañados por Grelak y Montenegro. Acosta y Alberto Rodríguez aportaron recuperación y despliegue en el medio. Mario Gómez y Colombo sumaron claridad y una zurda decisiva, mientras Scime, Pedrazzi y Rufini ofrecían distintas respuestas en el ataque. Rufini terminó como goleador del equipo con catorce tantos; Colombo hizo once.

La fortaleza de Guido y Sarmiento y la capacidad para sumar como visitante sostuvieron la candidatura. En la parte decisiva, Quilmes le ganó 3–0 a Maipú, empató sin goles con Instituto, venció 1–0 a Colón y volvió a igualar 0–0 en Tucumán ante San Martín. El triunfo 1–0 contra Tigre en Victoria lo acercó todavía más al objetivo. No necesitaba resolver todos los partidos con amplitud: su defensa y su regularidad le permitían conservar la ventaja sobre los perseguidores.

El empate 0–0 con Belgrano dejó a Quilmes al frente antes de visitar a Italiano. Mulet llegó a ese encuentro con una prolongada serie sin recibir goles, pero la racha terminó a los cuatro minutos y quedó en 612. Italiano ganó 4–2 en cancha de Español. La derrota cortó catorce fechas invictas y volvió a despertar el temor de perder un ascenso que parecía cercano. Aun así, Quilmes seguía primero y dependía de sus propios resultados.

La respuesta fue un 4–0 a Central Córdoba de Santiago del Estero, con dos goles de Mario Gómez, uno de Colombo y otro de Di Diego. Después, miles de hinchas acompañaron al equipo a Banfield. Rufini empató inmediatamente el primer gol local; en el segundo tiempo, Juárez puso a Quilmes en ventaja, pero Banfield igualó enseguida. El 2–2 postergó la definición hasta la última fecha. La cuenta era clara: ganándole a Almirante Brown, Quilmes sería campeón.

El 1 de junio de 1991, Guido y Sarmiento se llenó pese al mal tiempo. El primer tiempo pasó entre nervios y pocas situaciones. A los cincuenta minutos, Mario Gómez ejecutó un tiro libre desde las inmediaciones del área: la pelota superó la barrera y entró junto al palo. Quilmes sostuvo el 1–0 con el orden que había distinguido su campaña. Cuando terminó el partido, el público entró al campo para abrazar a los jugadores y celebrar el regreso a Primera, después de casi nueve años.

El campeón terminó con 54 puntos, producto de diecinueve victorias, dieciséis empates y siete derrotas en 42 partidos. Marcó 53 goles y recibió 28. Atlético Tucumán y Belgrano quedaron dos puntos atrás. Para Hugo García, formado en el club y entrenador de sus divisiones inferiores antes de dirigir al primer equipo, el título cerró un largo recorrido. Para Quilmes, transformó la espera y los ascensos que se habían escapado en una nueva vuelta olímpica.

1991/92: un regreso que no pudo sostenerse

El ascenso de junio había devuelto a Quilmes a Primera después de una larga espera. Sin embargo, preparar el regreso fue más difícil que prolongar los festejos. Hugo García siguió al frente del equipo y buscó experiencia para acompañar a los campeones del Nacional B. Las limitaciones económicas, las negociaciones que no prosperaron y la demora en completar el plantel complicaron la preparación. Llegaron, entre otros, Ingrao, Commisso, Vanemerak, Tavares Almeida, Silva Vullén, Merlo, Benítez y Delfino. La cantidad de incorporaciones no garantizaba que el equipo encontrara rápidamente una forma de jugar.

La temporada se organizaba en dos torneos de diecinueve fechas: Apertura y Clausura. La permanencia se definía por la tabla de promedios. Para un recién ascendido como Quilmes, sin campañas anteriores en Primera que amortiguaran un mal comienzo, cada resultado tenía un peso inmediato. El calendario señalaba a Newell's como primer rival, pero la postergación de esa jornada hizo que el regreso efectivo se produjera el 1 de septiembre de 1991, en Avellaneda. Independiente ganó 2–0. Nueve días después, Quilmes perdió 1–0 con Newell's en Guido y Sarmiento.

En aquel encuentro con Newell's debutó Nelson Vivas. El lateral llegado de San Nicolás fue una de las apariciones más alentadoras de una campaña difícil. El equipo, en cambio, no conseguía transformar la expectativa en resultados. Después de seis partidos tenía dos puntos y apenas un gol a favor, el de Delfino contra Talleres en Córdoba. Tras la derrota ante Argentinos Juniors, Hugo García se alejó. La conducción quedó transitoriamente a cargo de la Subcomisión de Fútbol.

La primera victoria llegó ante Platense y necesitó de un episodio particular. Colombo se anticipó a un pase hacia el arquero Serrano y fue derribado dentro del área. El penal terminó también en expulsión. Como Platense había realizado sus cambios, Orellano tuvo que ocupar el arco. Merlo convirtió y Quilmes ganó 1–0. El alivio llegó antes de enfrentar a Boca, un partido que se jugó en cancha de Independiente por razones de seguridad. Ingrao consiguió el empate transitorio, pero dos goles de Latorre le dieron al visitante el triunfo por 2–1.

José Manuel Ramos Delgado asumió después de ese encuentro. Su debut fue un empate sin goles con Unión en Santa Fe, al que siguieron otras cuatro igualdades. Quilmes había conseguido cierta resistencia, aunque todavía le costaba convertir y ganar. Contra Vélez se fue al descanso arriba por un gol de Merlo, pero el visitante dio vuelta el resultado. Las derrotas posteriores volvieron a agravar la situación. El 5–1 ante River, en la última fecha, cerró un Apertura con una victoria, ocho empates, diez caídas y sólo nueve goles a favor. Quilmes terminó último, con diez puntos.

Para el Clausura cambió la orientación del trabajo. Se alejaron numerosos refuerzos y llegó Carlos Trullet, con la idea de dar lugar a futbolistas del club y construir una recuperación más larga. Las incorporaciones paraguayas de Víctor Hugo Ávalos Acosta y Juan Esteban Peralta acompañaron esa renovación. El comienzo fue una derrota con Newell's, pero enseguida llegó una actuación que renovó la ilusión: Quilmes venció 2–0 a Independiente. Peralta abrió el marcador con un remate desde afuera del área y Kalujerovich aumentó de penal.

La mejoría no alcanzó para sostener una campaña de permanencia. Una semana después del triunfo ante Independiente, Estudiantes ganó 5–1 en La Plata. Quilmes sumó otras tres victorias en el Clausura, contra Talleres, Unión y Mandiyú, todas en Guido y Sarmiento. Como visitante perdió los diez partidos que disputó. Incluso cuando estuvo cerca de sumar, como en la Bombonera, no pudo concretarlo: una ocasión muy clara de Peralta quedó sin definición y Latorre marcó el único gol del encuentro.

El 17 de mayo de 1992, el empate 0–0 con Belgrano consumó el descenso al Nacional B. La temporada siguió, pero ya con el regreso al ascenso confirmado. Contra Ferro, una agresión a Víctor Molina desde la tribuna provocó la suspensión a los 84 minutos. Los minutos restantes se jugaron el 24 de junio y el marcador continuó 0–0. Quilmes recibió además un descuento de dos puntos. Esa sanción no modificó el resultado del partido: redujo los once puntos obtenidos en el Clausura a nueve en la tabla.

La despedida fue el 5 de julio frente a River. Colombo puso a Quilmes en ventaja a los nueve minutos, pero el visitante terminó ganando 3–1. El balance conjunto dejó cinco triunfos, once empates y veintidós derrotas, con 23 goles a favor y 57 en contra. Después del ascenso tan esperado, la estadía en Primera había durado una sola temporada. Quedaban la aparición de Vivas, las oportunidades para nuevos jugadores y el desafío de reconstruir un equipo capaz de volver a competir por el regreso.

1992/93: reconstruir entre cambios y empates

Después del descenso, Carlos Trullet continuó al frente de Quilmes. La intención era sostener un proyecto con jugadores del club y acompañarlos con refuerzos. Sin embargo, la salida de Colombo a Platense y la llegada de numerosas incorporaciones volvieron a cambiar el equipo. Regresó Daniel Leani y se sumaron Marabotto, Alegre, Paredes, Cantero, Héctor González y Pablo Rojas. El desafío era recuperar competitividad sin abandonar a los jóvenes que habían comenzado a jugar en Primera.

El debut trajo una alegría: Quilmes venció 3–2 a Defensa y Justicia, con goles de Alegre, Vivas y Leani. Fue el único ganador de la primera fecha y quedó solo en la punta. Ese comienzo no tuvo continuidad. Los empates y las derrotas ante Laferrere e Italiano debilitaron el proyecto. Trullet renunció después de siete partidos y comenzaron los interinatos. La victoria contra Ituzaingó, en cancha de Platense, precedió a la llegada de Ángel Celoria.

Celoria debutó con una derrota 1–3 ante Arsenal. El equipo consiguió un importante 4–2 en Pergamino frente a Douglas Haig, pero los empates como local frenaban cualquier recuperación sostenida. Su ciclo duró cinco encuentros. Después de nuevas conducciones transitorias, Humberto Zuccarelli asumió frente a Banfield. El empate sin goles con el puntero abrió una etapa de mayor orden. Quilmes cerró la primera rueda con un triunfo en Salta ante Gimnasia y Tiro y 21 puntos en la tabla.

Alegre, que había marcado siete goles en veinte presentaciones, se fue al Atlas mexicano antes de la segunda rueda. La irregularidad continuó durante varias fechas. El triunfo 2–1 sobre Central Córdoba de Rosario cortó una larga espera de victorias en Guido y Sarmiento: Alberto Rodríguez igualó con un remate desde afuera y un gol en contra de Giovagnoli completó la remontada. Ante Italiano, en Atlanta, Mario Gómez ingresó y enseguida resolvió el partido con un tiro libre. Pero una semana más tarde Quilmes perdió en casa frente a Chaco For Ever.

Desde la fecha treinta, Quilmes no volvió a perder en la liga. El equipo ganó solidez y Mauricio López se afirmó como una de sus principales armas ofensivas. La victoria 1–0 en cancha de Banfield fue el momento más celebrado de esa recuperación. Gómez simuló un remate de tiro libre y levantó la pelota por encima de la barrera para López, que definió al primer palo. Cristian Bernadas, que reemplazaba al lesionado Mulet, sostuvo la seguridad del arco.

El cierre incluyó tres empates, ante Instituto, Morón y Gimnasia y Tiro. Quilmes terminó séptimo con 45 puntos: once victorias, veintitrés empates y ocho derrotas, 43 goles a favor y 37 en contra. La serie invicta le permitió acceder a los cuartos de final por el segundo ascenso, aunque la cantidad de igualdades mostraba cuánto le costaba convertir su orden en triunfos.

Italiano fue el rival de la eliminatoria. La ida en Quilmes terminó 0–0. En la revancha, jugada en Atlanta, el empate favorecía al equipo mejor ubicado en la liga. Quilmes necesitaba ganar, pero no encontró claridad para quebrar a su adversario. Un gol de Porcel a los 89 minutos le dio a Italiano el triunfo por 1–0 y dejó al Cervecero afuera. La temporada había mostrado una recuperación, pero el regreso inmediato a Primera volvió a quedar pendiente.

1993/94: una candidatura que llegó hasta el final

Humberto Zuccarelli continuó al frente de Quilmes y reunió un plantel con nombres que despertaban expectativas. Llegaron Dante Fernández, Luis Sosa, Juan Alfiere Lugo, Adrián Czornomaz y Pedro Monzón. Alfredo Llane regresó al club y Colombo volvió a ser una referencia para crear juego. La intención era dar un paso más que en la temporada anterior y disputar seriamente el regreso a Primera.

El comienzo no fue sencillo. Quilmes perdió con Talleres de Escalada, ganó ante All Boys y volvió a caer frente a Sarmiento. Los empates con San Martín de Tucumán y Chaco For Ever todavía no permitían reconocer a un candidato firme. La victoria 2–0 sobre Colón abrió una etapa distinta: desde ese encuentro hasta el triunfo frente a Douglas Haig, el equipo encadenó ocho victorias. La goleada 4–1 ante Talleres en Córdoba y el 3–2 en Mataderos mostraron que también podía imponerse en escenarios difíciles.

Dante Fernández fue una pieza central de aquella levantada. Su potencia, su cabezazo y su capacidad para aparecer dentro del área encontraron un socio en Mauricio López, que desbordaba y preparaba situaciones de gol. Colombo, Llane y Sosa daban variantes al mediocampo. Cuando Fernández faltó por suspensión ante Douglas Haig, Roberto González abrió el marcador y Colombo completó el 2–0. La racha de ocho triunfos consecutivos consolidó a Quilmes como perseguidor de Gimnasia de Jujuy.

La derrota con Atlético Tucumán cortó la serie, pero el equipo siguió cerca de la punta. En Jujuy, Gustavo Brandt debutó con una jugada inolvidable: avanzó desde su sector, superó rivales y convirtió el empate 1–1. Quilmes terminó resistiendo con nueve jugadores y se llevó un punto importante. Después goleó a Unión, aunque los empates con Morón y Laferrere y la caída ante Instituto demoraron el asalto al primer puesto.

Mientras se jugaba el campeonato, el Centenario empezaba a convertirse en un lugar que los hinchas podían recorrer. El 19 de diciembre de 1993 se realizó una fiesta familiar de preinauguración, con un encuentro entre antiguas figuras del club. Era una apertura festiva de la obra, distinta de la inauguración definitiva que llegaría más adelante. El estadio nuevo representaba una expectativa de crecimiento que acompañaba la ilusión deportiva.

En la segunda rueda, Quilmes volvió a ganar con amplitud. El 5–0 frente a Talleres de Escalada y los triunfos ante All Boys, San Martín y Chaco For Ever lo mantuvieron en la lucha. Contra Colón levantó un 0–2 con goles de De Felippe y González. Vivas, en su partido número cien, convirtió de cabeza el único tanto ante Ituzaingó. El equipo compartía la punta con Gimnasia, pero la derrota 1–3 ante Almirante Brown volvió a dejarlo como escolta.

Quilmes respondió con una victoria sufrida sobre Talleres de Córdoba, aun después de las expulsiones de Vivas y Colombo. Ganó también ante Arsenal y goleó 4–1 a Douglas Haig, con tres tantos de Fernández. Los resultados lo llevaron al cruce directo con Gimnasia en Guido y Sarmiento con la posibilidad de pasar al frente. Fernández abrió el marcador; los jujeños lo dieron vuelta antes del descanso. Un remate de Mauricio López, que pegó en el travesaño y entró, fijó el 2–2. La definición seguía abierta.

Después del empate con Unión llegó el partido con Morón. Estaba previsto para el 28 de mayo, pero una agresión con pirotecnia desde la tribuna a Cuenca Zaldívar obligó a postergarlo antes de que comenzara. No hubo descuento de puntos y el encuentro se disputó el 4 de junio. Morón se adelantó, López y Fernández dieron vuelta el marcador y el visitante volvió a empatar. Colombo tuvo un penal para recuperar la ventaja, pero Monasterio lo atajó. El gol de Martín Méndez selló el 3–2 para Morón y dejó a Quilmes golpeado en el tramo decisivo.

Con el tiempo, aquella definición quedó asociada a la leyenda de una supuesta maldición. El relato sobre una mujer contratada para intervenir en la suerte del equipo pasó a formar parte del folclore del club. Esa historia debe distinguirse de los hechos deportivos: la agresión, la postergación, el penal atajado y la derrota fueron episodios concretos; una intervención sobrenatural no explica los resultados del campeonato.

Quilmes terminó segundo con 55 puntos, tres menos que Gimnasia de Jujuy. Ganó veinte partidos, empató quince y perdió siete, con 71 goles a favor y 41 en contra. Todavía quedaba el octogonal por el segundo ascenso. En cuartos de final superó a Chacarita: ganó 1–0 la ida y empató 1–1 la revancha, ambos encuentros en Vélez. La serie con Instituto resultó más difícil. Perdió 3–0 en Córdoba y, pese a ponerse 3–2 en la vuelta, terminó igualando 3–3 en Quilmes. El 6–3 global cerró otra campaña que había acercado mucho el regreso a Primera, sin poder concretarlo.

1994/95: reconstruir el equipo, preparar la mudanza

Después de haber peleado el ascenso hasta las últimas fechas, Quilmes debió empezar de nuevo. Nelson Vivas pasó a Boca, Dante Fernández a Mandiyú y Mauricio López a Rosario Central. Sus salidas obligaban a reemplazar tres funciones decisivas: la proyección por el lateral, la presencia goleadora en el área y el desequilibrio por los costados. Rodolfo Motta, exjugador del club, asumió la conducción de un plantel con numerosos refuerzos.

Entre los recién llegados estaban Horacio Grecco, José Alejandro Villarreal y Horacio García, procedentes de Nueva Chicago; Julio Ceballos, de Rafaela; Germán Cáceres, surgido en Lanús; y Fernando Castro, un delantero veloz que había pasado por River, Gimnasia y Racing. También se incorporaron Claut, Osvaldo Rodríguez, Mariano De la Fuente y Hugo Lamadrid. La cantidad de nombres no garantizaba un funcionamiento inmediato: había que convertir esa renovación en un equipo.

La primera fecha, ante Nueva Chicago, quedó postergada hasta noviembre. El debut efectivo fue un empate sin goles con Chacarita, el 4 de septiembre. Después llegaron derrotas frente a Laferrere y Atlético Tucumán. Ante los tucumanos se presentó el colombiano Jorge Cruz Cruz y convirtió el gol de Quilmes; esa misma tarde debutó Pablo Quatrocchi, un defensor de inferiores que ingresó desde el banco. Motta dejó el cargo después de ese comienzo adverso.

Hugo Tocalli volvió para dirigir dos encuentros: el empate en Santa Fe con Colón y el triunfo 2–1 frente a Talleres de Escalada. Un gol de Cáceres cerca del final cortó una larga espera sin victorias como local. La continuidad del entrenador, sin embargo, quedó interrumpida por una oportunidad diferente: José Pekerman lo convocó para trabajar en las selecciones juveniles. Fernando Donaires tomó el equipo desde la séptima fecha y permaneció hasta el cierre de la campaña.

El conjunto alternó buenos partidos con retrocesos. Ganó en Rosario ante Central Córdoba y goleó 3–0 a All Boys, pero perdió con Estudiantes, Douglas Haig y Gimnasia y Tiro. Desde el 2–1 ante San Martín de Tucumán, el 19 de noviembre, encadenó diecisiete encuentros sin perder, contando en su orden real el pendiente con Chicago. Fueron siete triunfos y diez empates. Esa recuperación permitió salir de la parte baja y pensar nuevamente en la clasificación al reducido.

Durante el receso se achicó el plantel. Se alejaron varios jugadores que habían tenido poca participación, mientras Julio Villa asumió como responsable del fútbol profesional y Omar Larrosa se incorporó al trabajo de inferiores. La segunda rueda dio lugar a juveniles como Emiliano Rey y Matías Neto. Cáceres terminó siendo el principal goleador de la temporada, con catorce tantos, y Colombo mantuvo un papel importante en la elaboración y la pelota detenida.

La mejor secuencia llegó entre febrero y marzo: Quilmes venció a Laferrere y Atlético Tucumán por 2–0, y luego a Colón, Talleres y Godoy Cruz por 1–0. Cinco victorias seguidas reforzaron la candidatura al octogonal. Tras empatar con Central Córdoba, visitó al Estudiantes que encaminaba el título. Bajo la lluvia, Vallejos puso el 1–1 de cabeza; cuando el local había recuperado la ventaja, otro cabezazo, de Horacio García, selló el 2–2 cerca del final. Fue una de las noches más celebradas de aquel campeonato.

La derrota 2–3 con Morón, el 15 de abril, terminó con el invicto. El calendario requiere una aclaración: la fecha 32 se jugó después de la 33, y el encuentro de la 31 ante Douglas Haig recién se disputó en mayo. La numeración del torneo, por lo tanto, no coincide siempre con el orden en que Quilmes salió a la cancha. Entre esos partidos hubo una goleada 4–0 a Almirante Brown, pocos días antes de la inauguración del nuevo estadio.

El Centenario abre sus puertas

El 25 de abril de 1995 llegó la inauguración del Estadio Centenario. La jornada tuvo un sentido que excedía el resultado: el club celebraba la posibilidad de instalar su fútbol en una nueva casa. La fiesta de preinauguración de diciembre de 1993 había permitido conocer la obra; esta vez, el centro de la celebración fue un amistoso frente a Nacional de Montevideo, ante una multitud que el relato de la época sitúa en unas veintidós mil personas.

José Yudica dirigió a Quilmes en ese encuentro especial. Junto a futbolistas del plantel participaron invitados como Nelson Vivas, Oscar Ruggeri, Esteban González, Alberto Carranza y el mexicano Jorge Campos. La formación y el entrenador de la fiesta no deben confundirse con los del Nacional B: Donaires siguió al frente de la campaña oficial.

Colombo hizo de tiro libre el primer gol del nuevo estadio, a los 38 minutos. Fabián O’Neill empató para Nacional con un gol olímpico. Después se produjo una de las escenas más recordadas de la noche: Néstor Merlo entró por Mauricio López y ocupó el arco, mientras Campos pasó a jugar de delantero. El mexicano aprovechó un rechazo del arquero Javier Zeoli y convirtió el tanto del 2–1 definitivo.

La inauguración no significó una mudanza inmediata del campeonato. Quilmes terminó la temporada en Guido y Sarmiento y reservó el estreno oficial del Centenario para el torneo siguiente. Durante unas semanas convivieron la alegría por la nueva cancha y la despedida de la anterior, que todavía debía albergar partidos importantes.

Los últimos domingos en Guido y Sarmiento

El 13 de mayo, Quilmes ganó 2–1 a Unión con goles de Castro y Colombo. Fue su última victoria en Guido y Sarmiento. Una semana después obtuvo un triunfo decisivo en Lomas de Zamora: Castro marcó el 1–0 a Los Andes y Merlo sostuvo la ventaja al atajarle un penal a Esteban Fuertes. Sobre el final ingresó el arquero juvenil Gerardo Fazio, que hizo su debut en el primer equipo.

El cierre volvió a mostrar dificultades. Arsenal ganó en Quilmes con un gol de Grondona a los noventa minutos; Rafaela se impuso 2–0, e Instituto se llevó un empate sin goles. La clasificación quedó para la última fecha, ante Italiano en la cancha de All Boys. Colombo convirtió de tiro libre el 1–1 cerca del final. Ese gol aseguró la entrada de Quilmes al octogonal y, para el rival, significó el descenso a la B Metropolitana.

Quilmes terminó séptimo con 45 puntos: trece victorias, diecinueve empates y diez derrotas, con 48 goles a favor y 40 en contra. Estudiantes fue campeón y consiguió el ascenso directo. El segundo lugar en Primera se resolvería mediante el octogonal, en el que la mejor ubicación en la tabla otorgaba ventaja deportiva si una serie quedaba igualada.

El rival de cuartos fue Godoy Cruz. La ida, disputada el 25 de junio, resultó el último partido oficial en Guido y Sarmiento. Colombo abrió el marcador a los ocho minutos y Lillo empató antes del descanso. El 1–1 obligaba a Quilmes a ganar en Mendoza porque Godoy Cruz había terminado cuarto. La revancha del 1 de julio acabó 0–0: no hubo derrota en la serie ni definición por penales, sino eliminación por la ventaja deportiva del rival.

Así terminó una campaña que combinó renovación, una extensa recuperación y un cierre sin ascenso. Los cuarenta y cuatro partidos oficiales dejaron una base de jugadores experimentados y juveniles que empezaban a hacerse lugar. La expectativa para el torneo siguiente tenía, además, una dirección nueva: el Centenario esperaba su primer campeonato, mientras Guido y Sarmiento pasaba definitivamente a la memoria del club.

1995/96: un campeonato en la nueva casa

El 12 de agosto de 1995, el Centenario recibió por primera vez un partido oficial de Quilmes. La inauguración festiva de abril ya había quedado atrás; ahora llegaban el campeonato, los puntos y la rutina de una cancha nueva. Unos quinientos hinchas acompañaron ese cambio con una caminata desde Guido y Sarmiento hasta Vicente López y Esquiú. En el barrio de la antigua cancha, el retiro de los tablones y las estructuras comenzaba a transformar un paisaje que había acompañado a varias generaciones.

La expectativa también se apoyaba en una nueva renovación del plantel. Ricardo Villa asumió como entrenador y llegaron dos futbolistas de amplia trayectoria: Rubén Darío Insúa y Juan Manuel Llop. Regresaron Mauricio López, Carlos Silva y Luis Velázquez. A ellos se sumaron Sergio Recalde, Héctor Franco, Alberto Naveda, Marcelo Caviglia, Alfredo Romero y Francisco Girardoni. En la defensa, Eduardo Tuzzio, cedido por San Lorenzo, comenzó a destacarse desde su debut en la segunda fecha.

El Nacional B cambió su organización. En lugar de una única competencia de cuarenta y dos fechas, se jugaron un Apertura y un Clausura de veintiuna jornadas cada uno. Sus ganadores disputarían la final por el título y el primer ascenso; si un mismo equipo ganaba ambos torneos, ascendería directamente. La tabla acumulada servía para determinar el acceso al reducido por el segundo ascenso. También se permitió realizar tres cambios por partido y se adoptaron los tres puntos por victoria, manteniendo uno por empate. Desde entonces, ganar un encuentro y perder el siguiente rendía más que empatar los dos.

El estreno ante Douglas Haig terminó 0–0. La derrota posterior en la cancha de Chacarita aumentó las dudas sobre el equipo de Villa. La primera gran alegría llegó contra Almirante Brown, el 26 de agosto: Mauricio López hizo a los seis minutos el primer gol oficial de Quilmes en el Centenario. Después de un primer tiempo igualado, el equipo convirtió cinco tantos en el segundo y ganó 6–1. Insúa y Caviglia marcaron dos cada uno, y Naveda completó la goleada.

Aquel resultado no abrió una marcha sostenida. Quilmes volvió a empatar sin goles con Atlanta, aunque en su cancha superó 3–2 a Atlético Tucumán y 2–0 a Morón. Ambos triunfos tuvieron protagonistas que recién aparecían: Roberto Galarza convirtió el gol decisivo ante los tucumanos al ingresar por Colombo, y Fernando Navas marcó contra Morón en su debut. Los buenos momentos individuales convivían con un equipo que todavía buscaba continuidad.

Un Apertura entre la ilusión y la irregularidad

Los empates ante Chicago, Rafaela y Godoy Cruz mantuvieron a Quilmes a distancia de los primeros puestos. Después del triunfo sobre Gimnasia y Tiro llegó una visita difícil a Talleres de Córdoba. Caviglia convirtió dos veces, pero el local terminó ganando 3–2. Sobre el final fueron expulsados Silva y Albornoz; Aragón, que había entrado en el segundo tiempo, debió ocupar el arco. Fue el último partido de Villa como entrenador: en once fechas había utilizado veintidós jugadores sin encontrar una formación estable.

Fernando Donaires regresó para dirigir desde la duodécima jornada. Cambió buena parte del equipo y debutó con un 2–0 frente a Central Córdoba, con goles de Roberto Galarza y Colombo. Rafael Luongo se incorporó a la defensa. El triunfo siguiente, 1–0 contra Tigre con un tanto de Caviglia cerca del final, volvió a acercar a Quilmes a la pelea. La derrota ante Arsenal frenó esa recuperación y tuvo una particularidad: el conjunto de Sarandí, que había sido el último en ganar en Guido y Sarmiento, también fue el primero en vencer al Cervecero en el Centenario.

Quilmes ganó como visitante ante San Martín de Tucumán y All Boys, pero los empates en casa con Los Andes y Unión impidieron sostener el avance. En la penúltima fecha recibió a Huracán de Corrientes, que ya había asegurado el Apertura. Lo venció 3–1 con dos goles de Alfredo Romero y otro de Albornoz. Fue una actuación que renovó la esperanza para el torneo siguiente, aunque la caída 4–0 en Córdoba ante Instituto dejó un cierre amargo.

El Apertura terminó con Quilmes quinto: nueve victorias, siete empates y cinco derrotas, treinta goles a favor y veintiuno en contra. Sus 34 puntos quedaban a ocho del campeón. El Clausura ofrecía una nueva oportunidad de pelear el primer puesto, mientras lo acumulado en ambos torneos mantendría abierta la posibilidad del reducido.

El Clausura, la camiseta cervecera y la llegada de Alfaro

El comienzo de 1996 fue adverso. Quilmes perdió sus tres primeras presentaciones, ante Douglas Haig, Chacarita y Almirante Brown. Héctor Varisco se hizo cargo del arco y el plantel volvió a cambiar: varios de los refuerzos del invierno anterior ya no estaban. La falta de resultados abrió espacio para juveniles como Ángel Galarza y Norberto Martín Morello, que debutaron en la cuarta fecha.

El 10 de febrero se produjo un estreno muy esperado fuera del campo: la cerveza Quilmes apareció como auspiciante en la camiseta, reemplazando a Cristem. Esa tarde el equipo ganó 3–0 a Atlanta. Quatrocchi hizo el primer gol con la nueva publicidad; Aragón y Caviglia completaron el marcador. Varisco también fue decisivo al atajar un penal. Por un momento coincidieron el entusiasmo por un símbolo de la ciudad y el alivio de cortar la serie de derrotas.

La recuperación duró poco. Hubo un empate en Tucumán, una derrota con Morón y una victoria frente a Chicago, pero el 0–1 en Rafaela provocó la salida de Donaires. La Subcomisión de Fútbol se hizo cargo ante Godoy Cruz y después dirigió Jorge Mallo durante cuatro encuentros. La derrota 0–3 con Talleres resultó especialmente frustrante: López desvió un penal y el arquero rival le atajó otro a Colombo. La clasificación al reducido se alejaba.

Gustavo Alfaro llegó cuando faltaban ocho fechas. Su primer encuentro fue el 2–2 ante Arsenal, el 6 de abril. Ángel Galarza marcó el primer empate y Colombo convirtió el segundo cerca del final, en una jugada protestada por los locales por una mano previa. A partir de allí, el equipo encadenó victorias sobre San Martín de Tucumán, Los Andes y All Boys. En Lomas de Zamora levantó un 0–1 y terminó ganando 3–1 con goles en el tramo final de Alfredo Romero, Emiliano Rey y Colombo.

La derrota en Santa Fe ante Unión frenó esa serie. Quilmes todavía venció 3–2 a San Martín de San Juan, pero cayó en Corrientes y llegó al cierre con posibilidades cada vez más reducidas. Contra Instituto empató 1–1. La tarde dejó otra oportunidad desperdiciada desde los doce pasos: esta vez ejecutó Varisco y Pablo Del Vecchio atajó su remate. El empate dejó a Quilmes sin lugar en el reducido.

El Clausura terminó con siete victorias, cuatro empates y diez derrotas: 25 puntos y el decimoquinto puesto. La temporada reunió 42 partidos oficiales, con dieciséis triunfos, once empates y quince caídas. Huracán de Corrientes consiguió el título y el primer ascenso al superar a Talleres en la final; Unión ganó el segundo. Para Quilmes, el primer campeonato del Centenario había resultado muy distinto del imaginado. La llegada de Alfaro abrió una nueva etapa, aunque la reacción de las últimas semanas no alcanzó para cambiar el desenlace.

1996/97: una nueva organización y la continuidad de Alfaro

Gustavo Alfaro continuó al frente del equipo después de la reacción del campeonato anterior. La continuidad del entrenador convivió con otra renovación importante del plantel. Llegaron Galvagni y Vallejos para la defensa, los arqueros Fazio y Gaona, y futbolistas como Marini, Cristian Torres y Esteban González. El equipo debía encontrar sus sociedades dentro de un Nacional B que volvía a cambiar de formato.

Los treinta y dos participantes comenzaron repartidos en cuatro zonas: dos del interior y dos metropolitanas. Quilmes integró la Metropolitana 3, con encuentros de ida y vuelta y dos cruces interzonales frente a Argentinos Juniors. El primer objetivo era superar esa fase para acceder a la Zona Campeonato, donde se definirían el título y los lugares en la pelea por el segundo ascenso.

El comienzo fue difícil: empate con Temperley y derrota 3–0 ante All Boys. En ese segundo partido debutó Adrián Giampietri, que ingresó por Esteban González. El triunfo 2–0 sobre Arsenal permitió acomodarse, con goles de Marini y Ángel Galarza. Después llegaron victorias ajustadas y varios empates. No fue una campaña de dominio sostenido, pero los puntos alcanzaron: Quilmes terminó segundo en su zona, con 25 unidades, seis triunfos, siete empates y tres derrotas.

La Zona Campeonato: grandes tardes y oportunidades perdidas

La nueva fase reunió a catorce equipos. Quilmes comenzó con un 2–0 a Gimnasia y Tiro y un empate sin goles en Rafaela. Las victorias sobre Olimpo, Los Andes y San Martín de San Juan alimentaron la expectativa. Diego Romero ganó protagonismo en el mediocampo y Cristian Torres se consolidó como una referencia ofensiva. Después del receso se incorporó Mario Grana.

La visita a Godoy Cruz dejó una actuación singular de Julio César Gaona: atajó dos penales, pero el equipo perdió 1–0. La respuesta llegó con un 6–0 a Central Córdoba en el Centenario. Torres convirtió dos veces; Sosa, López, Marini y Lupidio completaron la goleada. Era una muestra de lo que podía producir el equipo cuando encontraba espacios y precisión.

Sin embargo, aquel resultado fue seguido por derrotas ante All Boys, Talleres y Belgrano. Quilmes no conseguía transformar sus mejores tardes en una marcha regular. Volvió a ganar frente a Almagro, con dos tantos de Esteban González, y más adelante enlazó triunfos ante Rafaela, Olimpo y Los Andes. Todavía tenía posibilidades de entrar al reducido, pero cada tropiezo reducía el margen para el final.

Un gol de diferencia dejó a Quilmes fuera del reducido

El cierre resultó decisivo. En las últimas cinco fechas Quilmes perdió cuatro partidos seguidos, frente a Talleres, Belgrano, Almagro y Argentinos Juniors. La última jornada lo encontró obligado a ganar y a mirar lo que ocurría en otra cancha. Venció 3–0 a Morón con dos goles de Torres y uno de López, pero Belgrano goleó 7–1 a Olimpo.

Ambos terminaron con 40 puntos. Belgrano quedó quinto con una diferencia de gol de +12; Quilmes, sexto con +11. Ese único gol separó al Cervecero del reducido. La campaña de la Zona Campeonato terminó con doce victorias, cuatro empates y diez derrotas, 45 goles a favor y 34 en contra. Argentinos Juniors obtuvo el título y Gimnasia y Tiro consiguió el otro ascenso.

La temporada también dejó nombres que empezaban a afirmarse. Torres marcó dieciséis goles entre las dos fases y Marini, diez. Diego Romero aportó seis y Lupidio se destacó por su salida desde el fondo. El debut de Giampietri abrió otra historia dentro del club. Esas apariciones convivieron con la frustración colectiva: Quilmes había mostrado capacidad para competir, pero la irregularidad y la caída del tramo final lo dejaron sin una nueva oportunidad de ascenso.

1997/98: el regreso de Yudica y una ilusión renovada

José Yudica volvió a Quilmes con un lugar especial en la memoria del club. Había dirigido al campeón de 1978 y al equipo del ascenso de 1981. Su regreso, después de diecisiete años, despertó la expectativa de recuperar un fútbol asociado al buen trato de la pelota. A esa esperanza se sumó una renovación amplia del plantel, con Fabricio Fuentes, Damián Terés, Juan José Rossi, Ariel Knutsen, Néstor Lorenzo y Gustavo Dezotti, entre otros refuerzos.

También llegaron Mauro Gerk, Lorenzo Frutos y Rafael Dudamel. El arquero venezolano debutó en la tercera fecha, en el triunfo 2–0 sobre San Miguel, con dos goles de Gerk. Dos jornadas después dejó otra escena para recordar: convirtió de penal en el 4–1 frente a Italiano. Era un gol poco habitual, que enlazaba su nombre con los antecedentes de un arquero goleador del club, Aranda, en 1940.

El comienzo mantuvo a Quilmes invicto durante ocho partidos, aunque la cantidad de empates mostraba las dificultades para imponer su juego. Contra Morón, Gerk convirtió tres goles y Dezotti completó un 4–2 que se resolvió sobre el final. La primera derrota llegó en Lomas de Zamora: Los Andes ganó 3–2 con un penal en los últimos minutos. Desde entonces se hicieron más frecuentes las actuaciones flojas y los resultados adversos.

La caída ante Italiano, que dio vuelta el encuentro y ganó 2–1, precipitó la salida de Yudica. El equipo se había alejado de los primeros puestos. Alberto Fanesi dirigió el último partido antes del receso, un 2–0 frente a Nueva Chicago con goles de Colombo y Giampietri. La victoria dejó una posibilidad de reconstrucción para la segunda parte del campeonato.

Trullet y el crecimiento de los juveniles

Carlos Trullet asumió para la reanudación del torneo. Se incorporaron los hermanos Fernando y Patricio D’Amico, pero el cambio no se limitó a los refuerzos. El entrenador dio participación a jóvenes como Fazio, Nis y Cenci, y el equipo ganó velocidad y agresividad. Quilmes comenzó su ciclo con cuatro triunfos consecutivos: Central Córdoba, Morón, Los Andes y Estudiantes de Buenos Aires.

Arsenal cortó esa serie al ganar 2–1 en el Centenario. Después hubo nuevos tropiezos y empates, por lo que la clasificación debió asegurarse en la última jornada de la primera fase. Quilmes venció 1–0 a Defensa y Justicia, con gol de Velázquez, y terminó cuarto con 48 puntos: trece victorias, nueve empates y ocho derrotas. El nuevo objetivo era la Zona Campeonato A, cuyo ganador disputaría la final por el título frente al vencedor de la otra zona.

Los primeros tres encuentros de esa etapa dejaron dos empates y una derrota, pero el equipo volvió a crecer. La victoria 4–2 sobre Estudiantes en Caseros tuvo a Mauricio López como gran figura, con tres goles. Después llegaron el 2–0 a San Martín de Tucumán y un triunfo especialmente festejado en la cancha de Chacarita. Quilmes se repuso a la desventaja inicial con dos tantos de Giampietri y otro de Braña para ganar 3–1.

La recuperación lo llevó a pelear arriba. El equipo mostró una combinación de experiencia y apariciones jóvenes que había faltado en el comienzo del año. López se afirmó como principal goleador; Giampietri, Cenci y Braña empezaban a ocupar un lugar cada vez más visible. La posibilidad de llegar a la final por el título seguía abierta al acercarse la visita a Talleres.

Una jornada de duelo y el final ante Aldosivi

El viaje a Córdoba quedó marcado por una tragedia. La camioneta en la que viajaban integrantes de medios de Quilmes sufrió un accidente en el que murió Gustavo Di Blasi, hermano del relator Adrián Di Blasi, junto con otra persona que viajaba en el vehículo. Hubo también heridos. La noticia atravesó a quienes acompañaban al club y dejó el partido en un segundo plano. Talleres ganó 5–1 en una jornada recordada, ante todo, por aquellas pérdidas.

Quilmes cerró la Zona Campeonato con una victoria sobre Estudiantes y terminó segundo, con 26 puntos, a uno de Talleres. Debió continuar por el reducido del segundo ascenso. En cuartos de final superó a Almagro: ganó 2–1 como visitante y 2–0 en el Centenario. La semifinal lo cruzó con Aldosivi, y el empate sin goles de la ida en Mar del Plata dejó la serie abierta.

La revancha se disputó en la mañana del 12 de julio, el mismo día de la final del Mundial de Francia. Quilmes buscó el gol, pero no encontró claridad. Velázquez tuvo una oportunidad ante Néstor Merlo y un cabezazo de López dio en el poste. Cuando el partido parecía encaminarse al alargue, Martín Ruiz convirtió para Aldosivi. Enseguida, Marcelo Ríos marcó el segundo de contragolpe. La eliminación llegó en los minutos finales, después de una campaña que había recuperado el entusiasmo.

La temporada terminó con 48 partidos oficiales: treinta de la fase metropolitana, catorce de la Zona Campeonato y cuatro del reducido. Quilmes ganó veintidós, empató quince y perdió once, con 71 goles a favor y 54 en contra. El ascenso volvió a quedar pendiente, aunque el crecimiento de varios juveniles había cambiado la perspectiva respecto del difícil cierre de 1997.

1998/99: sostener el proyecto después de las partidas

La continuidad de Carlos Trullet parecía una consecuencia natural del crecimiento del campeonato anterior. Sin embargo, el equipo debía reconstruirse. Fabricio Fuentes regresó a Newell’s, Mauricio López pasó al Badajoz y también se fueron los hermanos D’Amico. Cristian Lupidio continuó su carrera en Salamanca y Rodrigo Braña en Mallorca B. La renovación afectaba puestos que habían sido importantes en la recuperación de Quilmes.

Llegaron Hernán Meske, Nicolás Tagliani, Sergio Catán, Juan Carlos Bermegui y el arquero Gustavo Lema, entre otros. Regresaron Cristian Torres y Ornaldo Claut. La idea era que los refuerzos acompañaran a los futbolistas surgidos del club, pero sostener la dinámica anterior resultó difícil. All Boys ganó 3–1 en el Centenario en la primera fecha, y Quilmes tardó en encontrar una respuesta regular.

El campeonato reunió a treinta y tres equipos, distribuidos entre las zonas Metropolitana e Interior. Los dos primeros de cada zona competirían por el título; para los demás clasificados quedaría una extensa serie de eliminatorias por el segundo ascenso. Quilmes disputó treinta y dos partidos de liga y tuvo dos jornadas libres. La primera victoria como local recién llegó ante Tigre: un 4–0 con dos goles de Torres y tantos de Morello y Cenci.

El Centenario completó sus cabeceras

Mientras el equipo buscaba estabilidad, el estadio vivía otro momento importante. El 11 de noviembre de 1998 se inauguraron oficialmente las cabeceras superiores con un amistoso frente a Independiente. Quilmes ganó 1–0 con gol de Matías Cenci. La obra acercaba a su realización el proyecto de una cancha íntegramente de cemento, iniciado una década antes.

Las tribunas ya habían tenido una ocupación anticipada. Durante el empate 2–2 con Nueva Chicago, el 17 de octubre, hinchas de ambos equipos subieron a los sectores todavía no inaugurados. La fiesta de noviembre formalizó aquel estreno y permitió celebrar un avance que trascendía los resultados de la temporada.

En el torneo, el 2–1 a Chacarita fue una de las alegrías más intensas: Cenci abrió el marcador y Nicastro convirtió el tanto decisivo. Pero las derrotas frente a Atlanta y All Boys volvieron a mostrar las dificultades. El receso no cambió de inmediato el panorama. Hubo un 3–0 a Almagro, seguido por actuaciones que alejaron al equipo de la pelea por los primeros lugares.

Fanesi, nuevos juveniles y otro final ajustado

El triunfo 4–3 sobre Banfield tuvo un desarrollo cambiante. Quilmes llegó a estar 3–0, con protagonismo de Giampietri y Bermegui, pero la visita empató aun jugando con diez. Bermegui volvió a convertir y aseguró la victoria. Aquella mañana debutaron Gustavo Sever y Luciano Mazzina. La temporada también abrió espacio a Alejandro Domínguez, que se presentó ante Los Andes, y al colombiano Johnnier Montaño.

La derrota 3–1 en San Miguel provocó la salida de Trullet. Alberto Fanesi asumió y dirigió hasta el cierre. En esa etapa apareció Matías Horacio Milozzi, hijo del defensor del equipo campeón de 1978. Marcó en el 3–1 frente a Chicago y volvió a convertir en la goleada 5–0 a Atlanta que cerró la liga. Quilmes terminó cuarto, con 47 puntos: doce victorias, once empates y nueve derrotas.

Las eliminatorias comenzaron ante Almagro. Quilmes ganó ambos partidos por 1–0, con goles de Milozzi, y avanzó a la ronda siguiente. Allí lo esperaba Atlético de Rafaela, dirigido por Gustavo Alfaro. En la ida, Quilmes sufrió las expulsiones de Nicastro y Milozzi y llegó a perder 2–0. El descuento de Giampietri mantuvo abierta la serie: con la ventaja deportiva, una victoria ajustada en la revancha podía alcanzar.

En el Centenario, Giampietri marcó dos veces de penal y Bermegui hizo el tercero. Quilmes llegó al descanso con una ventaja que alimentaba la clasificación, pero desperdició oportunidades de ampliar el marcador. Rafaela descontó y Alejandro Castro convirtió el 3–3 sobre el final. El empate eliminó al Cervecero. Una vez más, la ilusión terminó en su cancha frente a un equipo del interior; esta vez quedaba también el reconocimiento a un plantel que había incorporado a numerosos jugadores de las inferiores.

1999/2000: los goles de Czornomaz y una nueva ilusión

La temporada comenzó con una renovación amplia del plantel y la continuidad de Alberto Fanesi. Adrián Czornomaz regresó después de su breve paso de 1993, esta vez con una trayectoria goleadora importante en el ascenso. Llegaron también Walter Paz, Alejandro Baigorria, Maximiliano Castano, Jorge Balanda, Ceferino Díaz, Marcos Barlatay y Antonio Váttimos. El objetivo era dar un salto respecto de la campaña anterior.

El debut fue una derrota 2–1 ante Banfield, pero Quilmes respondió con cinco triunfos consecutivos. La visita a All Boys fue especialmente recordada: perdía 2–1 hasta los últimos minutos, cuando Castano empató y Mazzina convirtió el 3–2. Czornomaz marcó en las primeras seis presentaciones y el equipo llegó a encabezar su zona. Los goles del delantero daban eficacia a un conjunto que todavía estaba buscando su mejor funcionamiento.

La derrota 4–1 frente a Almagro frenó aquella marcha. Después llegaron una caída con Español y un empate ante San Miguel. Fanesi dejó el cargo; Omar Gómez y Carlos Senia dirigieron frente a Temperley, antes de la llegada de Ricardo Rezza. La sucesión de entrenadores no borraba los puntos sumados, pero mostraba que la campaña todavía estaba lejos de consolidarse.

La recuperación y el empate que abrió la primera final

Con Rezza, Quilmes buscó mayor equilibrio. En el receso se incorporaron Fabio Lenguita y Hernán Biasotto. Lenguita compartió el control del mediocampo con Ceferino Díaz, mientras Walter Paz tuvo más participación en la creación. Los triunfos de la segunda rueda, entre ellos las goleadas a All Boys y Nueva Chicago, mantuvieron al equipo en la pelea por los puestos de clasificación.

La última fecha de la Zona Metropolitana enfrentó a Quilmes con Los Andes. Huracán ya había asegurado uno de los dos lugares para las eliminatorias por el título; el otro se definiría en el Centenario. A Quilmes le alcanzaba con empatar por su mejor diferencia de gol. Sin embargo, Ferrer convirtió dos veces en los primeros dieciocho minutos. Quiñónez descontó, pero un tercer tanto de Ferrer volvió a poner al visitante dos goles arriba.

El desenlace cambió en los instantes finales. Czornomaz descontó a los 89 minutos y, enseguida, Quiñónez alcanzó un envío al área para marcar el 3–3. El empate permitió a Quilmes terminar segundo con 63 puntos, igualado con Los Andes pero con mejor diferencia de gol. La liga dejó diecisiete victorias, doce empates y cinco derrotas, con 62 goles a favor y 42 en contra.

El nuevo sistema ofrecía varios caminos. Quilmes comenzó el primero ante Rafaela: ganó 2–0 en su cancha, con goles de Czornomaz y Milozzi, y empató sin goles en la revancha. Había llegado a la final por el título, donde lo esperaba Huracán.

Huracán, Los Andes y Belgrano: tres oportunidades de ascenso

Huracán ganó 1–0 en el Centenario. En la revancha, Quilmes debió jugar con diez por la expulsión de Lenguita, pero Alejandro Domínguez abrió el marcador al comenzar el segundo tiempo. La posibilidad de alcanzar el ascenso volvió a sentirse cercana. La expulsión del propio Domínguez y el empate de Di Carlo terminaron de inclinar la serie para Huracán, que obtuvo el título y el primer ascenso.

Quilmes tuvo una segunda oportunidad. Volvió a enfrentar a Rafaela, ahora en las semifinales del torneo por el otro ascenso. Empató 1–1 como visitante y 0–0 de local; la ventaja deportiva le permitió avanzar. La nueva final fue contra Los Andes. Esta vez, el rival ganó 2–0 en Lomas. En la vuelta, Czornomaz puso a Quilmes en ventaja de penal, pero el empate de Fabio Pieters, cerca del cierre, dejó la serie resuelta a favor de Los Andes.

Todavía quedaba la Promoción, una serie frente a Belgrano, que buscaba conservar su lugar en Primera. Quilmes ganó la ida 3–1: Giampietri, un gol en contra de Luiz Fernando y Domínguez construyeron una ventaja de tres tantos, antes del descuento cordobés. Después de dos finales perdidas, el equipo llegaba a la última revancha con una diferencia que podía sostener.

En Córdoba, Artime abrió el marcador y Milozzi empató con un cabezazo. Belgrano sufrió la expulsión de Villarreal y Quilmes conservaba dos goles de ventaja en el global. Pero el encuentro volvió a cambiar: un gol en contra de Váttimos y un tiro libre de Luis Sosa dejaron el resultado 3–1 para el local. El global terminó 4–4 y la ventaja deportiva de Belgrano, por pertenecer a Primera, decidió la permanencia. Quilmes había disputado 44 partidos y tres instancias decisivas sin alcanzar el ascenso.

Czornomaz terminó con veinticinco goles en el Nacional B y fue una de las figuras centrales de la campaña. También crecieron las apariciones de Domínguez, Giampietri y Braña. Esos rendimientos convivieron con el dolor de los desenlaces: una temporada que había recuperado grandes expectativas terminó con otra reconstrucción por delante.

2000/01: una nueva base para volver a intentarlo

Después de las tres oportunidades de ascenso perdidas en 2000, Quilmes comenzó otra reconstrucción. Héctor Rivoira llegó desde Chacarita para conducir el equipo. La apuesta del grupo Exxel combinó incorporaciones con futbolistas que ya conocían el club: Braña, Giampietri y Domínguez seguían ofreciendo una base de juego y una identificación con la camiseta, mientras Ceferino Díaz aportaba continuidad en el mediocampo.

Entre los refuerzos estuvieron Fabio Schiavi, Hernán Pagés, Agustín Alayes y Lautaro Trullet para la defensa; Fernando Clementz y Pablo Corti también se sumaron al proyecto. Marcelo Elizaga ocupó el arco, con Nilton Pardal como alternativa. Arriba llegó Gabriel Bordi, cuya habilitación se resolvió poco antes del comienzo del campeonato. Alex Rodríguez y los brasileños Elvis y Paulo Ivo ampliaron las opciones del plantel.

El Nacional B mantenía una división entre equipos metropolitanos y del interior. Quilmes integró una zona de trece clubes, de modo que cada rueda tenía una fecha libre. La primera parte del camino consistía en disputar veinticuatro partidos y conseguir un lugar en las definiciones. Ganar la zona no significaba ascender: todavía habría que superar las series decisivas.

Un comienzo goleador y el primer puesto de la zona

El debut ante Banfield terminó 3–0 y permitió empezar con una victoria que Quilmes no conseguía en una apertura de temporada desde 1992/93. Después de empatar con Central Córdoba, llegaron dos tardes de gran producción ofensiva: 6–0 a All Boys y 5–2 a Defensa y Justicia. Contra All Boys, bajo la lluvia, Domínguez convirtió uno de sus goles desde la mitad de la cancha. Giampietri encontraba espacios para crear, Bordi aportaba definición y el equipo también hacía daño con la pelota detenida.

La campaña no fue una sucesión ininterrumpida de goleadas. Hubo empates sin goles ante San Miguel y Tigre, y derrotas como las sufridas frente a Chicago y Estudiantes de Caseros. Sin embargo, Quilmes sostuvo su lugar entre los protagonistas y aprendió a ganar partidos más cerrados. Al terminar el año, el 1–0 ante Defensa y Justicia, con un gol de Domínguez sobre el final, lo dejó con 34 puntos y una diferencia de seis sobre Arsenal.

En febrero, Domínguez regresó de disputar el Sudamericano juvenil con Argentina. Ante San Miguel ingresó en el segundo tiempo, hizo dos goles y abrió un partido que terminó 3–0, con otro tanto de Elvis. La segunda rueda también incluyó victorias frente a Tigre, Chicago y Ferro. El 5–0 a Estudiantes de Caseros mostró nuevamente la variedad de recursos: Pagés marcó dos veces en los primeros minutos, Alex Rodríguez añadió otros dos goles y Giampietri completó el resultado.

Quilmes terminó primero con 50 puntos, uno más que Banfield. Ganó quince partidos, empató cinco y perdió cuatro; convirtió 46 goles y recibió 18. El rendimiento de toda la etapa regular le daba una posición favorable para las eliminatorias. Pero la experiencia del año anterior recordaba que una buena tabla era apenas el punto de partida de otra competencia, mucho más breve y difícil de corregir después de un error.

Banfield, Chicago y otra Promoción con Belgrano

La primera eliminatoria fue ante Gimnasia de Concepción del Uruguay. Bordi marcó el gol del triunfo 1–0 como visitante. En el Centenario, Quilmes perdió por el mismo resultado, pero avanzó por la ventaja deportiva. Del otro lado, Banfield eliminó a Instituto. La final enfrentaría a los dos primeros de la Zona Metropolitana y Quilmes tendría la revancha en su cancha.

Banfield ganó la ida 2–1. Los goles de Leeb y Forestello lo habían puesto dos tantos arriba, hasta que Clementz descontó de tiro libre. Ese gol conservó una posibilidad concreta para la vuelta, aunque el desarrollo había mostrado las dificultades de Quilmes para controlar el ataque rival. En el Centenario, Giampietri empató dos veces durante el primer tiempo. Al convertir el segundo sufrió una grave lesión de rodilla y debió dejar la cancha, una pérdida que afectó tanto esa mañana como las siguientes definiciones.

El segundo tiempo terminó de inclinar la final. Quilmes sufrió la expulsión de Braña y Banfield volvió a ponerse en ventaja con Del Río, antes del cuarto gol de Forestello. El partido se suspendió a dos minutos del final por incidentes. El 4–2 consagró al visitante y dejó a Quilmes ante la necesidad de recomponerse rápidamente para otra oportunidad de ascenso.

En las semifinales por el segundo ascenso esperaba Nueva Chicago. Quilmes perdió 1–0 en la ida, disputada en la cancha de Ferro. La revancha terminó sin goles, bajo la lluvia y sobre un campo con mucha agua. Un cabezazo de Alayes en el travesaño estuvo cerca de cambiar la serie, pero el gol necesario no llegó. Chicago avanzó y luego consiguió el ascenso frente a Instituto.

La última posibilidad fue nuevamente una Promoción contra Belgrano. En la ida, Quilmes ganó 1–0 con un cabezazo de Alayes. Schiavi había desperdiciado un penal y Domínguez terminó expulsado. La diferencia era mínima: para ascender, Quilmes necesitaba conservar la ventaja global, porque una igualdad favorecía al equipo de Primera División.

La revancha se jugó en Barrio Alberdi. Quilmes sostuvo el empate durante gran parte del encuentro, pero la expulsión de Braña lo dejó con diez en el tramo final. A los 86 minutos, Mugnaini aprovechó un rebote después de un córner y marcó el único gol. El global quedó 1–1 y Belgrano conservó su categoría por ventaja deportiva. La temporada cerró con 32 partidos y otra campaña de protagonismo que no alcanzó para volver a Primera: el primer puesto de la zona y los buenos momentos de juego convivían con una nueva sucesión de desenlaces adversos.

2001/02: el fin del gerenciamiento y otro formato de torneo

Quilmes comenzó la temporada con Héctor Rivoira, pero en un escenario distinto al del año anterior. El grupo Exxel había anunciado su salida del gerenciamiento y el presupuesto del fútbol se redujo. La desvinculación dejó un balance complejo: se había reducido la deuda del club, pero el acuerdo también permitió al grupo quedarse con derechos sobre numerosos jugadores, entre profesionales y juveniles. La reconstrucción deportiva coincidía así con un cambio importante en la administración del fútbol.

El plantel recuperó varios nombres conocidos: Mauricio López, Cristian Lupidio, Hernán Biasotto y Cristian Aragón. También llegaron Marcelo Couceiro, Lucas Sparapani, Claudio Filosa, Luciano Ábalos y Eduardo Bennett. El delantero hondureño se convertiría en la principal referencia goleadora. Mientras tanto, Giampietri y Domínguez atravesaban recuperaciones de lesiones y no estuvieron disponibles para el arranque.

La organización del Nacional B volvió a cambiar. Los veinticinco participantes disputaron un Apertura a una rueda, cuyo ganador obtenía el título y el ascenso. Los veinticuatro restantes jugarían después un Clausura dividido en tres zonas de ocho equipos. Sus ganadores y otros cinco clasificados por la tabla general accederían al reducido por el segundo ascenso. Para Quilmes, esto significaba empezar con veinticuatro partidos y una fecha libre, sin la anterior separación entre metropolitanos y equipos del interior.

La pelea con Olimpo y un diciembre que cambió el país

Las victorias ante Atlético Tucumán, Rafaela y Villa Mitre dieron un comienzo ideal. Pero las derrotas frente a Huracán de Tres Arroyos y Gimnasia de Concepción del Uruguay interrumpieron rápidamente aquella ilusión. Rivoira dejó el cargo después de la quinta fecha y José María Bianco debutó con un 2–0 a Instituto. El nuevo entrenador recibió un equipo que tenía recursos, aunque todavía no encontraba continuidad.

El 3–0 a Los Andes inició una recuperación sostenida. Después llegaron el empate con Platense y tres triunfos consecutivos. En Bahía Blanca, Quilmes se adelantó frente a Olimpo con un gol de Bennett, pero la expulsión de Schiavi lo obligó a defender la ventaja con diez. Delorte empató cerca del final. Algo parecido ocurrió en Mendoza: Couceiro puso en ventaja a Quilmes y un penal de Raggio dejó el encuentro 1–1. Aquellos puntos perdidos ante competidores directos tendrían mucho peso en la definición.

El equipo alternó buenos resultados, como el 4–2 a Juventud Antoniana, con empates y tropiezos que impedían consolidarse en la punta. Bennett aparecía cada vez más en el marcador. Ante Tigre, en la penúltima fecha, Quilmes empezó perdiendo y lo dio vuelta con goles del hondureño y Biasotto, este último sobre el cierre. La derrota de Olimpo dejó al Cervecero a un solo punto del líder, con una jornada por disputar.

La definición quedó atravesada por la crisis de diciembre de 2001. Las protestas, la represión y la renuncia del presidente Fernando de la Rúa alteraron la vida del país y provocaron la postergación de los partidos decisivos. Finalmente, los tres encuentros que podían determinar al campeón del Nacional B se jugaron el 27 de diciembre. Quilmes debía ganarle a El Porvenir y esperar que Olimpo no venciera a Instituto.

Sparapani abrió el marcador a los cuatro minutos en el Centenario, después de recoger el rebote de un cabezazo de Bennett. Sin embargo, las noticias de Bahía Blanca fueron apagando la expectativa: Olimpo tomó una ventaja temprana y terminó ganando 4–0. Quilmes cumplió con el 1–0, pero cerró segundo, con 45 puntos contra 46 del campeón. El Apertura dejó trece victorias, seis empates y cinco derrotas, 36 goles a favor y 24 en contra. Domínguez volvió a jugar en esa última tarde, aunque su regreso quedó opacado por otra oportunidad de ascenso que se escapaba.

Gareca, los tres penales de López y el cruce con Rafaela

Quilmes compartió la Zona A del Clausura con siete rivales a los que había vencido en el Apertura. Esa referencia invitaba al optimismo, pero el nuevo torneo comenzó con una derrota ante Tigre. Además, una sanción por el comportamiento de sus hinchas le descontó tres puntos en la tabla general; la quita no se aplicó a la clasificación de su zona. Las victorias sobre Juventud Antoniana y Los Andes no alcanzaron para estabilizar el rendimiento. Después de perder en casa ante Central Córdoba, Bianco dejó el cargo.

Ricardo Gareca asumió y debutó con un triunfo 1–0 sobre Arsenal, con gol de Bennett. Después llegaron un empate con Brown de Arrecifes, una victoria frente a Tigre y una derrota contra Juventud Antoniana. El equipo seguía alternando resultados, sin convertir los buenos pasajes en una marcha sostenida hacia la punta.

La visita a Los Andes dejó uno de los partidos más particulares del año. Quilmes se puso 2–0, el local igualó y la definición terminó favoreciendo al Cervecero por 4–3. Mauricio López convirtió tres penales; Giampietri hizo el otro gol. Fue una victoria importante y un registro poco habitual para el Mudo, pero tampoco se transformó en el comienzo de una recuperación definitiva.

Quilmes terminó cuarto en su zona con veinte puntos. La derrota 3–0 ante Brown de Arrecifes en la última fecha empeoró su ubicación para las eliminatorias. En los cuartos del reducido volvió a encontrarse con Rafaela, un rival frecuente en las definiciones de esos años. La ida terminó 2–0 para el conjunto santafesino y dejó una revancha exigente en el Centenario.

En la vuelta, un gol en contra de Zanabria y otro de Bennett pusieron a Quilmes 2–0 y renovaron la posibilidad de avanzar. Pero Castro Boglione descontó pocos minutos después. Quilmes insistió y encontró en el arquero Ezequiel Medrán un obstáculo decisivo; sobre el final, un remate lejano del debutante Edgardo Gamarra estuvo cerca del tercer gol. El 2–1 no alcanzó: Rafaela ganó la serie 3–2. La temporada terminó con cuarenta encuentros y dieciséis goles de Bennett, pero sin ascenso y con otra renovación por delante.

2002/03: Alfaro vuelve para buscar la revancha

Gustavo Alfaro volvió a Quilmes con una cuenta pendiente. Había dirigido al club en 1996/97 sin conseguir el ascenso y ahora regresaba después de llevar a Olimpo a Primera. Su llegada abrió otra reconstrucción amplia del plantel. Desde Bahía Blanca lo acompañaron Leandro Desábato, Luciano Ceballos y Darío Fernández; Cristian Torres retornó después de jugar en México. El entrenador y el delantero conocían tanto la expectativa de los hinchas como el peso de las frustraciones anteriores.

Santiago Raymonda, Danilo Gerlo, Silvio Iuvale y Diego Torres llegaron desde Central Córdoba. Estudiantes aportó a Israel Damonte, Lucas Nardi y Leandro Benítez. También se incorporaron Raúl Saavedra, Javier Lavallén, Carlos Chacana y Mauricio Verón, entre otros. Con tantos nombres nuevos, el desafío no consistía solamente en reunir buenos futbolistas: había que construir un equipo que pudiera sostenerse durante todo el campeonato.

La competencia volvió a cambiar. Veinte clubes disputarían Apertura y Clausura. Si un mismo equipo ganaba ambos torneos, ascendería directamente y el segundo ascenso se definiría entre los dos siguientes de la tabla general. Si había ganadores diferentes, primero se enfrentarían por el título y luego el perdedor tendría otra final contra el mejor ubicado de la acumulada. Por eso cada punto de las dos ruedas podía seguir teniendo valor, incluso cuando la punta de un torneo quedara lejos.

Buenos comienzos, retrocesos y los goles del Bocón

Quilmes empató 1–1 con Godoy Cruz en el debut y después encadenó tres victorias: 1–0 a El Porvenir, 4–1 a Huracán de Tres Arroyos y 3–0 a Los Andes. Sergio Marclay se ganó un lugar con goles y el equipo mostró pasajes de buen fútbol. La goleada a Los Andes, especialmente, transmitió la sensación de que había recursos para jugar y no solamente para competir desde la urgencia.

Las visitas al interior trajeron las primeras dudas. Quilmes perdió con Juventud Antoniana y San Martín de San Juan. El empate sin goles ante Argentinos y la derrota 3–0 frente a Instituto mostraron que la campaña estaba lejos de consolidarse. Tampoco ayudaban las expulsiones y la necesidad de modificar las formaciones. La ilusión del arranque convivía con partidos en los que el equipo no conseguía imponer su juego.

La segunda parte del Apertura permitió recuperar terreno. Hubo triunfos sobre los dos Gimnasia y Brown de Arrecifes, y un contundente 6–0 ante Deportivo Español. Cristian Torres se convirtió en la referencia ofensiva de la campaña: participaba del juego y sostenía al equipo con su capacidad para definir. Sin embargo, la derrota como local frente a Defensores de Belgrano cerró las posibilidades de alcanzar la punta.

Quilmes terminó tercero con 33 puntos, detrás de Rafaela y Argentinos. Había ganado nueve partidos, empatado seis y perdido cuatro, con 34 goles a favor y 17 en contra. El cierre con una victoria sobre Belgrano permitía conservar una posición útil en la tabla general. Todavía quedaba otra rueda y el objetivo de llegar a una definición seguía abierto.

La formación encuentra su equilibrio

El Clausura comenzó con nuevas dificultades. Quilmes alternó remontadas, como el 3–2 a El Porvenir, con derrotas ante Huracán de Tres Arroyos y Los Andes. Tampoco logró sostener ventajas frente a Juventud Antoniana y Almagro. La caída 3–0 ante San Martín de San Juan profundizó las dudas. El equipo seguía cerca de los puestos importantes en la acumulada, pero necesitaba mejorar para llegar con posibilidades reales al final.

La incorporación de Héctor Aguilar ayudó a darle equilibrio al mediocampo. Junto a Rodrigo Braña formó una pareja de recuperación que permitió ordenar al conjunto. Gustavo Raggio ganó importancia en la defensa, mientras Gerlo, Desábato y Saavedra fueron afirmándose alrededor suyo. Daniel Cigogna Antelo apareció con goles decisivos y Juan Alejandro Abaurre se sumó para ofrecer otra alternativa en ataque.

El triunfo 2–1 ante Defensa y Justicia fue uno de los puntos de inflexión. Abaurre abrió el marcador, el visitante empató cerca del final y Cigogna respondió enseguida con el gol de la victoria. Después del empate sin goles en Jujuy llegó una serie que cambió el ánimo: 5–1 a Gimnasia de Concepción del Uruguay, 3–1 a Brown de Arrecifes, 2–1 a Español y 1–0 a Defensores. El equipo empezó a sostener una formación reconocible y una seguridad que antes aparecía solamente por momentos.

La última fecha terminó con un 0–0 frente a Belgrano. Quilmes cerró séptimo en el Clausura, con 31 puntos, pero tercero en la general, con 64. Rafaela ganó también el segundo torneo y consiguió el ascenso directo. De ese modo quedó definida la otra final: Argentinos Juniors, segundo en la acumulada, contra Quilmes. El conjunto de Alfaro llegaba con siete partidos sin perder y en su mejor momento del año.

El cabezazo de Alayes y el regreso a Primera

La primera final se jugó el 28 de junio en el Centenario. Agustín Alayes ingresó por Raggio y, a los 57 minutos, convirtió de cabeza después de un centro de Leandro Benítez. El 1–0 dio a Quilmes una diferencia para defender en la revancha. Después de tantas series que habían terminado mal, la victoria recuperó una ilusión enorme, aunque todavía faltaban noventa minutos.

La vuelta se disputó el 5 de julio en la cancha de Ferro, donde Argentinos actuaba como local. Miles de hinchas de Quilmes acompañaron al equipo. La formación inicial fue Elizaga; Gerlo, Raggio, Desábato y Saavedra; Braña, Aguilar, Benítez y Fernández; Abaurre y Cigogna. Alfaro apostó por el grupo que había ganado solidez en las últimas fechas y Quilmes sostuvo el partido sin encerrarse desde el comienzo.

Argentinos tuvo algunas oportunidades, pero no consiguió someter de manera continua al visitante. Elizaga respondió cuando fue necesario y el equipo defendió con orden. Cristian Torres ingresó por Abaurre y Raymonda reemplazó a Cigogna. Alayes reforzó la defensa en el tramo final. Una pelota de Norberto Testa dio en el palo y la expulsión de Aguilar obligó a terminar con diez, pero el resultado no cambió.

El 0–0 completó el triunfo global por 1–0. Quilmes volvía a Primera después de once temporadas. La celebración empezó en Caballito, continuó en el regreso hacia el sur y se trasladó al Centenario, que abrió sus puertas para recibir a los protagonistas y a la gente. El ascenso cerró una larga sucesión de finales perdidas y dio otro significado a nombres como Braña, que habían atravesado varios de esos golpes.

La campaña dejó cuarenta partidos, dieciocho victorias, catorce empates y ocho derrotas. Cristian Torres terminó con diecisiete goles. El cabezazo de Alayes quedó como la imagen decisiva, pero el regreso se había construido durante semanas: con el equilibrio del mediocampo, una defensa cada vez más firme y un equipo que llegó a la final convencido de sus posibilidades.

2003/04: el regreso que superó las expectativas

Quilmes volvió a Primera con Gustavo Alfaro y con el desafío de transformar la alegría del ascenso en una campaña que asegurara la permanencia. Llegaron Marcelo Pontiroli para el arco, Juan Manuel Herbella para la defensa y Rodrigo Meléndez para el mediocampo, entre otros refuerzos. La base conservó protagonistas del ascenso, pero el equipo debía adaptarse a rivales y exigencias diferentes.

El estreno fue el 3 de agosto ante Rafaela. El Centenario recibió por primera vez un encuentro de Primera División y Quilmes ganó 3–1 con goles de Diego Ceballos, Cigogna y Benítez. Después llegó el 2–0 como visitante frente a Nueva Chicago, resuelto con tantos de Garnier y Ceballos en los minutos finales. La victoria cortó una larga serie sin triunfos fuera de casa en la máxima categoría y confirmó que el equipo había vuelto dispuesto a competir.

El empate con Estudiantes y la derrota ante Newell’s moderaron el entusiasmo inicial, pero no alteraron la identidad que se estaba formando. Pontiroli transmitía seguridad; Herbella, Gerlo y Alayes daban firmeza atrás; Braña y Meléndez sostenían la recuperación en el medio. El despliegue de Garnier y la calidad de Benítez ayudaban a que el esfuerzo defensivo tuviera continuidad con la pelota.

El equipo se hace respetar y la gente vuelve a las grandes canchas

El 2–2 en el Monumental fue una demostración de carácter. Quilmes llegó a estar dos goles arriba y sostuvo el empate pese a terminar con varios expulsados. La campaña continuó con triunfos sobre Arsenal, Olimpo, Colón, San Lorenzo y Gimnasia. Gerlo, además de su trabajo defensivo, apareció en el área contraria con goles importantes. El equipo sumaba puntos y empezaba a mirar la tabla con una tranquilidad poco habitual para un recién ascendido.

El regreso también se vivía en las tribunas. Miles de hinchas acompañaron a Quilmes a la cancha de San Lorenzo y, más adelante, a la Bombonera. Frente a Boca, que se encaminaba al título, el equipo empató 0–0 y tuvo una ocasión muy clara con un remate de Benítez que dio en el ángulo. Para quienes habían pasado once temporadas recorriendo el ascenso, volver a esos estadios tenía un valor que excedía cada resultado.

Quilmes terminó cuarto en el Apertura con 31 puntos: ocho victorias, siete empates y cuatro derrotas. Convirtió veinte goles y recibió solamente trece. La campaña había superado las expectativas del comienzo, pero todavía faltaba repetir el esfuerzo en el Clausura. La permanencia debía consolidarse con otro semestre competitivo.

River, Boca y la campaña de los sesenta puntos

El Clausura empezó con dificultades. Quilmes no ganó en las primeras cinco fechas y recibió ocho goles, después de haber terminado el Apertura con apenas trece en contra. Los empates ante Rafaela, Chicago y Newell’s se combinaron con derrotas frente a Estudiantes e Independiente. La llegada de Silvio Carrario aportó una nueva referencia ofensiva, pero el conjunto necesitaba recuperar el equilibrio del semestre anterior.

El triunfo 2–1 frente a River cambió el ánimo. López abrió el marcador, Montenegro empató y Alayes convirtió el gol decisivo al comenzar el segundo tiempo. El Centenario vivió una tarde de gran intensidad y Quilmes volvió a demostrar que podía competir con los equipos de mayor presupuesto. Una semana después, un gol de Carrario permitió vencer a Banfield.

El recorrido siguió teniendo obstáculos, pero la recta final fue muy productiva. Quilmes venció a Gimnasia, Rosario Central y Vélez, antes de recibir a Boca. Bajo la lluvia y con una multitud en las tribunas, ganó 2–0 con un gol de Gerlo y otro en contra de Barbosa. Después de tantos años esperando el regreso, la gente disfrutaba de un equipo que además de permanecer en Primera podía ganar partidos de enorme significado.

La goleada 3–0 a Racing, con dos tantos de Alayes y uno de Ceballos, fue otra de las grandes tardes del cierre. Los empates sin goles ante Lanús y Talleres completaron una temporada de sesenta puntos. Quilmes quedó sexto en el Clausura con 29 unidades y terminó el año con quince victorias, quince empates y apenas ocho derrotas.

La despedida ante Talleres fue una celebración del vínculo entre el plantel y sus hinchas. El objetivo inicial de la permanencia había quedado ampliamente superado: la posición en la tabla acumulada abrió el camino a la Copa Sudamericana y a la fase previa de la Libertadores. El regreso a Primera, que había empezado con la cautela de un recién ascendido, terminó con Quilmes preparado para volver a competir internacionalmente.

2004/05: una temporada entre el campeonato y las copas

La campaña de los sesenta puntos había abierto una expectativa nueva: Quilmes volvería a disputar competiciones internacionales. Sin embargo, la continuidad deportiva no fue sencilla. Varios jugadores importantes dejaron el plantel y Gustavo Alfaro debió reconstruir posiciones que habían funcionado bien. El regreso de Nelson Vivas fue una de las incorporaciones más esperadas; también llegaron Miguel Caneo, Andrés Pérez y otros futbolistas llamados a sostener el nuevo calendario.

El Apertura comenzó con un triunfo sobre Independiente, pero la goleada sufrida ante Vélez mostró pronto que el equipo todavía estaba en formación. La Sudamericana se superpuso con esas primeras fechas. San Lorenzo ganó 2–0 en el Centenario y el empate sin goles de la revancha dejó a Quilmes eliminado. La primera experiencia internacional de esta etapa resultó breve.

En el torneo local hubo buenos momentos, como los triunfos sobre Instituto y Arsenal, pero faltó la regularidad del año anterior. El equipo terminó decimocuarto con 24 puntos: seis victorias, seis empates y siete derrotas. La atención empezó a desplazarse hacia la Libertadores, donde debía superar a Colo Colo para ingresar a la fase de grupos.

La clasificación en Santiago y las noches del Centenario

La ida frente a Colo Colo terminó 0–0 en Quilmes. El resultado obligaba a buscar la clasificación en Santiago, aunque los goles de visitante ofrecían una posibilidad: un empate con tantos podía alcanzar. La revancha comenzó mal, con el gol de Donoso. Diego Torres igualó, pero la expulsión de Desábato y el penal convertido por Aceval devolvieron la ventaja al conjunto chileno.

Con diez jugadores, Quilmes encontró recursos para seguir en partido. Benítez entró para aprovechar el costado izquierdo, Caneo ayudó a conservar la pelota y Osorio sostuvo el ataque. Un gol en contra de Riffo dejó el marcador 2–2. Quedaba media hora y el equipo defendió la igualdad con orden y esfuerzo. El empate global, unido a los tantos conseguidos fuera de casa, clasificó a Quilmes a la fase de grupos.

Los rivales fueron Universidad de Chile, The Strongest y São Paulo. En Santiago, Quilmes perdió 3–2 ante la Universidad después de competir de igual a igual. En el Centenario venció 1–0 a The Strongest y luego empató 2–2 con São Paulo. Osorio abrió el marcador y Caneo convirtió el empate después de que los brasileños dieran vuelta el resultado. Esas presentaciones permitían imaginar un recorrido más largo en la Copa.

La caída del equipo y el final del ciclo de Alfaro

El Clausura también había ofrecido motivos para ilusionarse. Quilmes ganó a Vélez, Huracán de Tres Arroyos, Banfield y Argentinos. El gol de Saavedra en La Paternal dejó una de las tardes más celebradas de ese tramo. Pero el calendario exigente y las dificultades del plantel terminaron afectando una campaña que, en pocas semanas, cambió de rumbo.

La derrota 3–1 ante São Paulo y el 2–1 sufrido en La Paz frente a The Strongest dejaron sin posibilidades de clasificación a Quilmes. El último encuentro del grupo, un 1–1 con Universidad de Chile, cerró la participación internacional. En el torneo local se acumulaban también las caídas: Instituto, River, Estudiantes y Arsenal vencieron al equipo en una secuencia que profundizó la preocupación.

El triunfo ante Newell’s fue un alivio aislado. Después llegaron las derrotas contra Racing y Almagro. Las dificultades deportivas convivían con reclamos salariales y un clima cada vez más tenso. Tras el encuentro en José Ingenieros terminó el ciclo de Alfaro, el entrenador del ascenso y de la gran campaña del regreso a Primera. Humberto Zuccarelli tomó la conducción para las últimas cinco fechas.

Quilmes no volvió a ganar en ese cierre. Sumó cuatro empates y una derrota y terminó decimoctavo en el Clausura, con veinte puntos. La temporada dejó 44 unidades en la liga, muy lejos de las sesenta del año anterior. Las noches de Copa y la clasificación en Chile conservaron su lugar en la memoria, pero el final obligaba a pensar otra vez en la reconstrucción del plantel y en la necesidad de proteger la permanencia.

2005/06: una reconstrucción con menos recursos

La temporada comenzó con dificultades económicas que condicionaron la formación del plantel. Los reclamos salariales del año anterior habían deteriorado la imagen del club y las negociaciones por refuerzos se volvieron más complicadas. Después de las copas internacionales, Quilmes debía concentrarse otra vez en sostener su lugar en Primera, con un equipo ampliamente renovado y un presupuesto más limitado.

Carlos Aimar asumió como entrenador. Entre los nuevos nombres estuvieron el arquero José Fabián Ramírez, Pablo Barzola, Lucas Alessandria, Juan Martín Pietravallo, Gonzalo Choy González e Ignacio Risso Thomasset. La continuidad de Desábato y Caneo ofrecía algunas referencias, pero la cantidad de incorporaciones obligaba a construir vínculos y funcionamiento casi desde el comienzo.

El promedio todavía incluía los sesenta puntos de 2003/04. Ese respaldo daba cierto margen, aunque no era permanente: al terminar la temporada, aquella gran campaña dejaría de entrar en el cálculo. Por eso los puntos de este año tenían un doble valor, para conservar la categoría en el presente y para evitar empezar el siguiente campeonato en una posición difícil.

Un comienzo prometedor que no pudo sostenerse

Los primeros resultados permitieron imaginar una adaptación más rápida. Quilmes empató con Newell’s y Banfield, venció 4–2 a Colón y ganó 3–1 en la cancha de Arsenal. Choy González y Risso aportaron goles en esos triunfos, mientras Caneo ofrecía elaboración y llegada. Después de cuatro fechas, el equipo estaba invicto y había sumado ocho puntos.

La recuperación se detuvo pronto. Llegaron empates y derrotas, entre ellas el 0–4 frente a Boca. Quilmes perdió continuidad en el juego y sufrió para volver a ganar. Los triunfos ante San Lorenzo y Argentinos, en noviembre, dieron un alivio: Turdó marcó dos veces frente al Ciclón y Caneo hizo los dos goles de la victoria en La Paternal.

El encuentro con Gimnasia de La Plata fue especialmente doloroso. Quilmes terminó jugando con dos hombres más por las expulsiones de Goux y Licht, pero perdió 1–0 por un penal convertido por Lucas Lobos cerca del final. La derrota volvió a afectar a un conjunto que no conseguía afirmarse. En las cuatro fechas restantes apenas sumó dos empates.

Aimar dejó el cargo después de la caída ante Tiro Federal. Ramón Mántaras dirigió el último partido, el 1–1 con River en el Monumental. El Apertura terminó con diecinueve puntos y el decimoséptimo puesto. Caneo convirtió siete goles y fue uno de los pocos rendimientos destacados de un semestre que había empezado bastante mejor de lo que terminó.

Sosa, los puntos en casa y las dificultades como visitante

Osvaldo Sosa tomó la conducción para el Clausura. Volvió Silvio Carrario y se incorporaron Diego Capria, Juan José Serrizuela y José Chatruc. La experiencia de esos jugadores debía ayudar a ordenar al equipo, aunque el campeonato mostró pronto una diferencia marcada entre los partidos de local y las salidas.

Quilmes perdió en Rosario ante Newell’s, pero reaccionó en el Centenario con un 3–1 a Banfield. Carrario empató y Caneo convirtió dos penales para dar vuelta el resultado. Después ganó en casa frente a Arsenal y Estudiantes, mientras volvía a caer como visitante ante Colón y Vélez. El empate con Independiente en Avellaneda ofreció un pasaje de mejor funcionamiento, pero no se transformó en una recuperación sostenida.

Los triunfos 3–1 sobre Instituto y 2–1 ante Argentinos fueron importantes para tomar distancia de la Promoción. Carrario aportó goles y Pedro Cardona comenzó a aparecer como una alternativa joven. Sin embargo, las derrotas posteriores, especialmente el 0–4 contra Gimnasia y el 0–3 frente a Racing, devolvieron la preocupación. En Jujuy, Quilmes empezó ganando y terminó perdiendo 2–1 con un gol sobre el cierre.

La permanencia quedó asegurada antes de la visita a Tiro Federal, cuando Banfield venció a Argentinos. Quilmes empató 1–1 en Rosario: Carrario lo había puesto en ventaja, pero Sáez igualó sobre el final. El equipo cerraría el torneo sin conseguir una victoria como visitante.

El cierre ante River y un promedio que perdía su respaldo

La última fecha enfrentó a Quilmes con River en el Centenario. Carrario abrió el marcador de penal, pero Gallardo y Gerlo dieron vuelta el encuentro. Con River ganando 3–1, los incidentes en la tribuna local provocaron la suspensión a los 67 minutos. La resolución posterior dio por perdido el partido 0–3; por eso el gol de Carrario no forma parte de las estadísticas oficiales de la campaña.

Quilmes terminó decimoséptimo también en el Clausura, con veinte puntos. El total anual fue de 39: nueve victorias, doce empates y diecisiete derrotas. La categoría estaba conservada, pero el margen para el año siguiente se había reducido considerablemente.

Al salir del promedio la temporada de los sesenta puntos, quedaban como base los 44 de 2004/05 y los 39 de 2005/06. Esos 83 puntos en dos años explicaban la urgencia que acompañaría la siguiente reconstrucción. El problema ya no era solamente encontrar un equipo más competitivo: Quilmes necesitaba sumar con continuidad para evitar que las dificultades deportivas y económicas terminaran comprometiendo su permanencia.

2006/07: una crisis que terminó en descenso

La temporada comenzó con problemas que excedían a la cancha. A fines de mayo de 2006, las renuncias del presidente Razzetto y de numerosos integrantes de la Comisión Directiva dejaron a Quilmes sin conducción, en medio de una situación económica delicada. José Luis Meiszner asumió la presidencia y se conformó una nueva comisión. El equipo, mientras tanto, necesitaba reconstruirse y sumar: la buena campaña de 2003/04 dejaba de integrar el promedio, y los resultados de los dos años siguientes ofrecían un respaldo mucho menor.

El plantel incorporó numerosos jugadores, entre ellos Héctor Vidal Sosa, Julio César Moreyra, Fernando Crosa, Pablo Ricchetti, Martín Romagnoli y Pablo Giménez. Roberto Mario Gómez estuvo al frente del equipo al comenzar el Apertura. El estreno fue una derrota por 1–0 ante Estudiantes en el Centenario, el mismo rival que terminaría levantando el trofeo. Después llegó un 2–3 contra Gimnasia: Quilmes se había adelantado dos veces, pero recibió dos goles en el tramo final. Era un anticipo de una dificultad que se repetiría: conseguir una ventaja no garantizaba poder sostenerla.

La primera victoria se hizo esperar hasta la duodécima fecha. Antes hubo empates con Godoy Cruz y Argentinos Juniors, pero también derrotas que fueron desgastando al equipo. José María Martínez dirigió frente a Newell’s, después de la salida de Gómez, y Esteban Pogany tomó el puesto desde el encuentro con Racing. Eduardo Bustos Montoya se incorporó con el torneo ya iniciado y comenzó a tener participación en el ataque. El 22 de octubre, los goles de Sebastián Rusculleda y Diego Torres permitieron vencer 2–0 a Gimnasia de Jujuy en el Centenario.

Ese triunfo no alcanzó para cambiar la campaña. Quilmes volvió a perder cinco partidos seguidos después del empate con Colón y llegó a la última jornada con apenas seis puntos. La despedida del Apertura, sin embargo, dejó una alegría inesperada: con Martínez nuevamente como entrenador, el equipo remontó dos goles de desventaja y derrotó 4–2 a San Lorenzo como visitante. Sosa convirtió dos veces, y Esteban García y Damián Musto completaron la recuperación. Fue un cierre alentador para varios jóvenes que empezaban a ganar espacio, aunque la tabla dejó al club último, con nueve puntos y 38 goles recibidos.

Para el Clausura llegó Alberto Fanesi. Entre los refuerzos estuvieron Walter García, Luciano Palos y Pablo Batalla, además del regreso de Pablo Galdames. Batalla aportó una alternativa para la creación de juego, pero el margen para equivocarse era cada vez menor. En el sistema de promedios se dividían los puntos por los partidos disputados durante las temporadas computables. Para los recién ascendidos, cada victoria modificaba su coeficiente con mayor rapidez; Quilmes, con tres campañas en el cálculo, necesitaba una recuperación sostenida. No bastaba con mirar solamente la tabla del Clausura.

La victoria 1–0 sobre Nueva Chicago, con gol de Torres, fue la única de las primeras doce jornadas del Clausura. Hubo partidos en los que el equipo estuvo cerca de sumar más, como la derrota por la mínima ante River, definida en el final, o el 2–2 con Newell’s después de haberse puesto dos goles arriba. Las suspensiones también alteraron el calendario: Racing se jugó en cancha de Arsenal el 2 de mayo, y el encuentro con Lanús, interrumpido por un corte de luz a los nueve minutos del 21 de abril, recién continuó el 23 de mayo. Quilmes salió a esa continuación con una formación diferente, también registrada en el archivo.

El 2–1 sobre Colón del 5 de mayo mantuvo una esperanza que dependía cada vez más de otros resultados. El descenso quedó confirmado el 26 de mayo, cuando Nueva Chicago le ganó 2–1 a Lanús. Al día siguiente, ya sin posibilidades de conservar la categoría, Quilmes venció 3–2 a Banfield como visitante, con dos goles de Carlos Luna y otro de Fernando Saavedra. El acompañamiento de los hinchas dio a esa tarde un valor especial: el equipo ganó cuando la consecuencia deportiva de toda la temporada ya estaba decidida.

El campeonato terminó con derrotas ante Rosario Central, Independiente y San Lorenzo. Quilmes reunió doce puntos en el Clausura y veintiuno en la temporada completa: cinco victorias, seis empates y veintisiete derrotas, con 41 goles a favor y 74 en contra. Carlos Luna convirtió ocho tantos entre ambos torneos. Después de cuatro temporadas consecutivas en Primera, el club regresó a la B Nacional con la necesidad de reconstruir tanto su equipo como la estabilidad que había perdido en los últimos años.

2007/08: la vuelta al Nacional y una oportunidad cercana

El regreso de Quilmes a la segunda división coincidió con un cambio de formato: el campeonato volvió a jugarse como un torneo anual, de 38 fechas. Había que sostener el rendimiento durante dos ruedas completas. Quilmes terminó sexto con 55 puntos, a una unidad de los equipos que ocuparon los puestos de Promoción.

Alberto Fanesi siguió al frente del equipo, pero la derrota por 4–0 ante Aldosivi en el Centenario terminó con su ciclo. José María Martínez asumió para el encuentro siguiente, contra Talleres. La búsqueda de una recuperación continuó con Alberto Pascutti, que llegó para las últimas cinco jornadas.

Ese cierre renovó la ilusión: Quilmes ganó los dos primeros partidos del nuevo ciclo, empató los dos siguientes y terminó venciendo a Unión. La mejoría llegó tarde para alcanzar la Promoción, aunque permitió cerrar el año con una expectativa diferente. El retorno inmediato a Primera quedaba pendiente.

2008/09: los goles de Morales y la búsqueda de continuidad

La segunda temporada consecutiva en la B Nacional comenzó con Alberto Pascutti como entrenador. El campeonato mantuvo las dos ruedas y las 38 fechas: los dos primeros ascendían directamente, mientras que el tercero y el cuarto disputaban la Promoción. Quilmes necesitaba transformar los buenos resultados aislados en una campaña sostenida para acercarse a esos lugares.

El arranque tuvo dos empates sin goles, frente a Platense y San Martín de San Juan, y otro empate con Almagro. Juan José Morales apareció desde las primeras fechas como la principal referencia de gol. Sus tantos fueron decisivos en las victorias sobre All Boys, Instituto y Los Andes. También hubo resultados amplios, como el 4–0 contra Ferro, pero las derrotas intercaladas impidieron consolidar una posición entre los primeros.

Después del receso, el triunfo por la mínima ante Platense ofreció un buen comienzo. No se convirtió, sin embargo, en una racha duradera: el equipo volvió a alternar victorias con caídas y empates. Pascutti dejó su cargo durante la segunda rueda. Ricardo Kergaravat y Guillermo Escalante condujeron el interinato, y José María Bianco asumió para las ocho fechas finales.

El último tramo dejó cinco partidos sin derrotas: dos empates y tres victorias. Quilmes se despidió con un 3–0 como visitante ante Olimpo, con goles de Claudio Corvalán, Morales y Maximiliano Planté. El balance fue de 51 puntos, 13 triunfos, 12 empates y 13 derrotas, con 39 goles a favor y 41 en contra. El octavo puesto dejó al club fuera de las instancias de ascenso y abrió otro período de preparación para intentar regresar a Primera.

2009/10: el regreso a Primera

Después de dos campañas en la B Nacional, Quilmes volvió a encontrar el camino del ascenso. El campeonato exigía disputar 38 fechas y terminar entre los dos primeros para subir directamente. La campaña comenzó con José María Bianco y continuó con Jorge Luis Ghiso. El resultado fue un segundo puesto con 64 puntos: 17 victorias, 13 empates y ocho derrotas.

El equipo no necesitó una gran cantidad de goles para construir esa posición. Convirtió 39 y recibió 31; los empates también fueron parte importante de la cosecha. En un torneo largo, esa capacidad para sumar mantuvo abierta la posibilidad de regresar a Primera hasta la jornada final.

La definición llegó el 15 de mayo de 2010, en el Centenario, frente a Belgrano de Córdoba. El empate sin goles cerró la campaña y confirmó el ascenso. Después del descenso de 2007 y de los intentos de las dos temporadas anteriores, Quilmes recuperaba su lugar en la máxima categoría.

2010/11: un regreso que no logró sostenerse

Volver a Primera significaba afrontar otra exigencia. La temporada se dividía en Apertura y Clausura, de 19 fechas cada uno, pero la permanencia se decidía mediante los promedios. Para un recién ascendido, cada punto de esa primera campaña incidía directamente en su coeficiente: Quilmes no contaba con temporadas anteriores en la categoría que amortiguaran un mal resultado.

El Apertura dejó cuatro triunfos, siete empates y ocho derrotas. Los 19 puntos reflejaban las dificultades para ganar con continuidad: el equipo convirtió 14 goles y recibió 23. Durante el año pasaron por la conducción Hugo Tocalli, Leonardo Madelón y Ricardo Caruso Lombardi, en una búsqueda de respuestas que acompañó la urgencia deportiva.

En el Clausura hubo una mejora en la producción ofensiva: Quilmes marcó 24 goles y consiguió cinco victorias. Sin embargo, los 20 puntos de esa segunda mitad apenas superaron lo hecho en el Apertura. La suma anual de 39 no alcanzó para evitar el descenso por promedios. El club debía volver a preparar una campaña en la B Nacional, esta vez después de una sola temporada en Primera.

2011/12: una defensa firme y otro ascenso

La B Nacional de 2011/12 volvió a ofrecer dos ascensos directos. Quilmes afrontó las 38 fechas con la intención de recuperar enseguida el lugar perdido. Ricardo Caruso Lombardi condujo la primera parte del recorrido y Omar De Felippe continuó el trabajo. El equipo terminó segundo, con 72 puntos, fruto de 20 victorias y 12 empates; perdió solamente seis veces.

La campaña combinó capacidad ofensiva con una defensa sólida: 62 goles a favor y apenas 21 en contra. Esa diferencia explica por qué Quilmes pudo sostenerse en la pelea durante un campeonato completo. Miguel Caneo y Martín Cauteruccio aparecen repetidamente en los registros de gol de una formación que llegó con posibilidades concretas a las últimas fechas.

Después de empatar con Gimnasia de La Plata y Atlanta, el cierre fue decisivo. Quilmes venció 2–0 a Instituto con dos goles de Cauteruccio y luego goleó 4–0 a Gimnasia de Jujuy, con tantos de Caneo, Claudio Corvalán, Ezequiel Rescaldani y Sebastián Romero. El 23 de junio, en Puerto Madryn, otros dos goles de Cauteruccio sellaron el 2–0 ante Guillermo Brown. Las tres victorias finales acompañaron el regreso directo a Primera.

La temporada también incluyó la Copa Argentina. Quilmes superó a Deportivo Riestra por penales, avanzó ante Atlanta y quedó eliminado frente a River, que le ganó 2–1 el 11 de abril. Ese recorrido se distingue del campeonato de liga: sus resultados no forman parte de los 72 puntos del ascenso.

2012/13: construir la permanencia

Omar De Felippe siguió al frente de Quilmes para el regreso a Primera. Los torneos pasaron a llamarse Inicial y Final, aunque cada uno mantuvo sus 19 jornadas. El primer semestre fue trabajoso: tres triunfos, diez empates y seis derrotas dieron un total de 19 puntos. El equipo conseguía evitar caídas en muchos encuentros, pero necesitaba convertir parte de esos empates en victorias.

El Final cambió el balance. Quilmes ganó ocho partidos, empató siete y perdió cuatro; sumó 31 puntos y terminó quinto. También mejoró su ataque, que pasó de 16 goles en el Inicial a 28 en el Final. La segunda mitad permitió cerrar el año con 50 puntos y sostener la permanencia, un objetivo que el regreso anterior no había logrado.

En la Copa Argentina, Quilmes avanzó ante Midland y Unión de Villa Krause. El recorrido terminó frente a Estudiantes de La Plata en octavos de final. Liga y copa ofrecieron así dos recorridos distintos dentro de una temporada cuyo cambio más importante fue la continuidad en Primera.

2013/14: otra lucha por quedarse

La continuidad en Primera no eliminó la preocupación por el promedio. Quilmes volvió a transitar una temporada exigente, con Nelson Vivas, Blas Giunta y Ricardo Caruso Lombardi como entrenadores en distintas etapas. En el Inicial consiguió 21 puntos y en el Final reunió 24: la suma de 45 permitió prolongar su presencia en la categoría.

El tramo final incluyó una secuencia valiosa de tres victorias. Quilmes le ganó 1–0 a Racing y repitió el resultado frente a Argentinos Juniors, en ambos casos con goles de Gonzalo Ríos. Luego venció 2–0 a Gimnasia de La Plata, con un gol en contra de Fernando Monetti y otro de Lucas Pérez Godoy. Fueron nueve puntos consecutivos en el momento más apremiante del calendario.

La liga se cerró con una derrota por 5–0 ante River. Más adelante, la participación en la edición 2013/14 de la Copa Argentina terminó con un 4–0 en contra frente a Banfield, jugado en agosto de 2014. El encuentro corresponde a esa edición de la copa aunque su fecha sea posterior al cierre del campeonato de liga.

2014: la transición a un campeonato más grande

El segundo semestre de 2014 tuvo un torneo de transición de 19 fechas, previo a la ampliación de Primera a 30 equipos. Para Quilmes fue un período difícil, con Pablo Quatrocchi y Marcelo Pontiroli en la conducción durante sus distintas etapas. El equipo terminó último, con 12 puntos.

Dos victorias y seis empates fueron insuficientes para modificar el rumbo de la campaña. Quilmes convirtió 17 goles y recibió 31, con once derrotas. La transición del fútbol argentino ofrecía un nuevo calendario para el año siguiente, pero el club debía encontrar una mejora deportiva para aprovecharlo.

2015: una recuperación y la oportunidad continental

El campeonato de 2015 reunió a 30 equipos y se extendió durante el año. Quilmes comenzó con Julio César Falcioni como entrenador y continuó con Facundo Sava. Al terminar las 30 fechas había conseguido 45 puntos, con 13 triunfos, seis empates y once derrotas. El undécimo puesto marcó una recuperación respecto de la transición anterior.

La posición final abrió la posibilidad de buscar una plaza internacional mediante la Liguilla Pre-Sudamericana. Quilmes recibió a Olimpo en el Centenario el 23 de noviembre, pero perdió 1–0 y quedó eliminado. La campaña, por lo tanto, permitió disputar esa instancia sin alcanzar la clasificación a la copa.

En la Copa Argentina hubo otro recorrido hasta octavos de final. Quilmes dejó atrás a Sportivo Belgrano e Independiente Rivadavia antes de enfrentar a Estudiantes de La Plata. El empate se resolvió por penales a favor del conjunto platense. La tanda decidió la clasificación y se conserva separada del marcador del partido.

2016: un torneo corto, dividido en zonas

El nuevo torneo de transición organizó a los equipos en dos zonas. Quilmes, dirigido por Alfredo Grelak, integró la Zona 1 y jugó 16 partidos. El calendario incluyó encuentros interzonales frente a Temperley, de modo que el formato era distinto al campeonato largo disputado el año anterior.

Quilmes terminó con 15 puntos: tres victorias, seis empates y siete derrotas. Los 21 goles convertidos no alcanzaron para compensar los 32 recibidos. La brevedad del torneo dejaba poco margen para recuperarse de una mala secuencia de resultados.

La presentación en la Copa Argentina fue ante Unión Aconquija, en julio. Quilmes empató 2–2 y quedó eliminado por penales. Después de ese primer semestre, el siguiente campeonato volvería a extenderse entre dos años y pondría nuevamente la permanencia en el centro de la campaña.

2016/17: el final de cinco años en Primera

La temporada 2016/17 cerró el ciclo en Primera que había comenzado con el ascenso de 2012. Quilmes disputó 30 fechas y reunió 25 puntos, con seis victorias, siete empates y diecisiete derrotas. Alfredo Grelak y Cristian Díaz condujeron al equipo en distintos momentos de una campaña marcada por la necesidad de mejorar el promedio.

El tramo final muestra la dificultad para revertir la situación. En las últimas cinco jornadas hubo empates con Vélez, Atlético de Rafaela y Arsenal, y derrotas ante Patronato y Estudiantes de La Plata. Los puntos acumulados no alcanzaron para sostener la categoría y Quilmes descendió a la B Nacional.

La Copa Argentina también terminó en la primera presentación, frente a Gimnasia de Mendoza. El descenso abrió otro período de reconstrucción: después de cinco temporadas consecutivas en Primera, el calendario siguiente volvería a tener a los rivales del ascenso.

2017/18: volver a empezar en la B Nacional

El descenso llevó a Quilmes a una B Nacional de 25 participantes. Cada equipo debía enfrentar una vez a los otros 24 y tener una jornada libre. El campeón ascendía directamente y el segundo ascenso se definía en un Reducido. Era un calendario más corto que el de las anteriores campañas de Quilmes en la categoría.

Lucas Nardi comenzó la temporada; Leonardo Lemos y Mario Sciacqua también estuvieron al frente del equipo durante el recorrido. La campaña terminó con un balance exactamente repartido: ocho triunfos, ocho empates y ocho derrotas. Los 32 puntos ubicaron a Quilmes duodécimo y fuera del Reducido.

El cierre ofreció una recuperación. Después de empatar con Mitre, Quilmes venció 2–1 a Deportivo Morón con dos penales, convertidos por Jonathan Torres y Felipe Cadenazzi. Luego ganó 2–0 en Rafaela con dos goles de Leandro González y se despidió con un empate ante Boca Unidos. Esos resultados permitieron mejorar la cosecha final, aunque el regreso inmediato a Primera quedó pendiente.

2018/19: la permanencia como urgencia

La segunda campaña consecutiva en la B Nacional volvió a tener 24 partidos para Quilmes. Marcelo Fuentes y Leonardo Lemos dirigieron al equipo en sus distintas etapas. La posibilidad de pelear por el ascenso fue cediendo lugar a la necesidad de sumar para conservar la categoría.

Quilmes empató once veces, ganó cinco partidos y perdió ocho. El balance de 26 puntos, con 24 goles a favor y 27 en contra, lo dejó en el puesto 18. La frecuencia de los empates muestra una de las dificultades de la temporada: muchos encuentros cerrados no llegaron a convertirse en victorias.

En el tramo final hubo un 3–2 frente a Nueva Chicago, con dos goles de Federico Anselmo y uno de Brandon Obregón. Tras perder en Puerto Madryn, Quilmes cerró el torneo venciendo 3–1 a Olimpo en el Centenario. Mauro Bellone, Anselmo y Brian Lluy marcaron en esa última jornada. El club mantuvo su lugar en la segunda división, pero debía preparar otro intento desde una posición alejada de los primeros puestos.

2019/20: un campeonato interrumpido por la pandemia

La categoría pasó a llamarse Primera Nacional y se organizó en dos zonas. Quilmes integró la Zona B. Leonardo Lemos, el interinato de Maximiliano Serafinovich y la llegada de Facundo Sava formaron parte de la conducción durante una temporada que no tendría un cierre deportivo habitual.

Al momento de la interrupción, Quilmes había disputado 21 partidos y reunido 24 puntos. El registro era de cinco victorias, nueve empates y siete derrotas, con 19 goles convertidos y 24 recibidos. El último encuentro fue el 15 de marzo de 2020: un triunfo por 1–0 ante Gimnasia de Jujuy, con gol de Leandro González.

La pandemia de COVID-19 detuvo el campeonato, que después fue cancelado. Por eso los 21 encuentros constituyen el recorrido efectivamente jugado, no una campaña regular terminada. Los partidos restantes del programa no reciben resultados ni se cuentan como derrotas o empates.

La vuelta del fútbol se organizó mediante un torneo de transición distinto, iniciado a fines de 2020. Sus puntos y sus instancias de clasificación deben leerse por separado: no fueron la continuación de la tabla que había quedado interrumpida en marzo.

2020/21: la vuelta del fútbol y la definición en Rosario

El regreso del fútbol después de la interrupción por la pandemia tuvo un formato excepcional. Los clubes de la Primera Nacional se repartieron en distintas instancias según su situación en el campeonato cancelado. Quilmes, dirigido por Facundo Sava, comenzó en la Zona B de la fase por el segundo ascenso. Los puntos del torneo anterior no se trasladaron a este nuevo recorrido.

La primera etapa tuvo siete encuentros. Quilmes sumó 13 puntos, con cuatro triunfos, un empate y dos derrotas, y ganó su zona. Después llegaron los cruces eliminatorios a partido único en cancha neutral. Un gol de Mariano Pavone permitió superar a Agropecuario; en la ronda siguiente, el equipo volvió a ganar por la mínima, esta vez frente a Defensores de Belgrano.

El camino terminó el 24 de enero de 2021, en Rosario. Quilmes y Atlético de Rafaela empataron 2–2 y debieron ejecutar una larga tanda de penales. Rafaela se impuso 10–9. La eliminación cerró el torneo de transición y dejó abierto el trabajo para el campeonato regular que comenzaría pocas semanas después.

2021: a una definición del ascenso

Con Facundo Sava al frente, Quilmes afrontó la Zona A de la Primera Nacional. Cada equipo disputó 32 partidos, con jornadas libres por la cantidad impar de participantes. La campaña reunió 59 puntos: 17 victorias, ocho empates y siete derrotas. El segundo puesto permitió entrar al Reducido por el otro ascenso.

El primer cruce fue contra Deportivo Morón. Los empates 2–2 y 1–1 llevaron la serie a los penales, donde Quilmes ganó 5–4. En semifinales enfrentó a Ferro: empató 1–1 en Caballito y venció 1–0 en el Centenario. Esa victoria lo llevó al partido que decidiría el regreso a Primera.

La final se jugó el 21 de diciembre en cancha de Racing, ante Barracas Central. El encuentro terminó sin goles y el ascenso se resolvió por penales. Barracas ganó 5–4. Quilmes cerró así una de sus campañas más cercanas al retorno a la máxima categoría, después de haber superado dos series y llegado a la última definición.

2022: una liga irregular y un largo recorrido en la copa

La Primera Nacional volvió a cambiar de formato: un campeonato de 37 participantes, a una sola rueda, con una fecha libre para cada club. Quilmes disputó 36 encuentros. La conducción pasó de Leandro Benítez a Walter Coyette, pero la campaña no consiguió la continuidad del año anterior. El balance de once victorias, trece empates y doce derrotas dejó 46 puntos y el puesto 19.

La Copa Argentina ofreció otro recorrido. Quilmes venció 2–0 a San Martín de Tucumán y después avanzó mediante dos tandas de penales: 4–2 contra Rosario Central y 4–1 ante Deportivo Madryn, tras empatar ambos partidos 1–1.

En cuartos de final llegó el encuentro con Boca Juniors. Quilmes perdió 3–2 y quedó eliminado. La campaña copera terminó allí, con cuatro presentaciones que se registran separadas de la liga: las tandas decidieron clasificaciones, pero no sumaron goles a los marcadores ni puntos al campeonato.

2023: el regreso al Reducido y un partido interrumpido

Quilmes integró la Zona B de la Primera Nacional y terminó cuarto con 53 puntos en 34 fechas. Mario Sciacqua comenzó el año y Ariel Fuscaldo condujo el tramo final. La posición permitió disputar nuevamente el Reducido por el segundo ascenso.

El primer rival fue Gimnasia de Mendoza. El encuentro del 28 de octubre, en el Centenario, se suspendió en el entretiempo cuando estaba 0–0, después de la agresión al arquero visitante. Se completó el 4 de noviembre en cancha de Platense: Quilmes ganó 1–0, con gol de Martín Río. Ambas jornadas pertenecen al mismo partido y se contabilizan una sola vez.

En cuartos de final, Quilmes empató 1–1 como visitante ante Deportivo Riestra y perdió 1–0 la vuelta. Esa serie cerró su participación. La sanción por los incidentes del encuentro con Gimnasia también tendría consecuencias en el campeonato siguiente: Quilmes comenzaría con tres puntos descontados.

2024: sesenta puntos y otra búsqueda en el Reducido

Quilmes afrontó la Zona A con una sanción de tres puntos pendiente del año anterior. Darío Franco inició la campaña; después del interinato de Ian Romano, Sergio Rondina asumió la conducción. En las 38 fechas el equipo obtuvo 17 victorias y doce empates, equivalentes a 63 puntos ganados en la cancha. El descuento dejó la tabla oficial en 60 y lo ubicó tercero de su zona.

En la primera ronda del Reducido, Quilmes venció 2–0 a Defensores de Belgrano. Luego se enfrentó con Nueva Chicago. La ida en el Centenario terminó 0–0 y la vuelta en Mataderos fue victoria del local por 1–0. La eliminación volvió a producirse en cuartos de final.

La Copa Argentina había terminado antes, con la derrota 3–1 ante Central Córdoba de Santiago del Estero. El balance anual distingue esa presentación de la liga y del Reducido, y mantiene visible el descuento de puntos para que la tabla pueda entenderse a partir de los resultados.

2025: cambios de entrenador y una campaña sin Reducido

La Zona A volvió a tener 34 partidos para Quilmes. La temporada atravesó los ciclos de Sergio Rondina, Aldo Duscher y Alfredo Grelak, además de los interinatos de Ricardo Vendakis. Los cambios no alcanzaron para construir una campaña sostenida entre los primeros puestos.

Quilmes terminó con ocho victorias, catorce empates y doce derrotas. Los 38 puntos lo dejaron en el puesto 15 de la zona, fuera del Reducido. La cantidad de empates y los 30 goles convertidos reflejan las dificultades para transformar partidos equilibrados en triunfos.

En la Copa Argentina superó 1–0 a Central Córdoba de Santiago del Estero. La segunda presentación fue ante San Lorenzo: el empate sin goles llevó a una tanda que terminó 4–3 a favor del rival. El cierre del año volvió a dejar como tarea la preparación de un nuevo intento en la Primera Nacional.

2026: una historia que sigue en juego

El archivo llega hasta el 12 de septiembre de 2026, con la temporada todavía en marcha. Alfredo Grelak inició el campeonato y Leandro Gracián continuó al frente del equipo. Los partidos postergados se conservan con su número de fecha original y con el día en que efectivamente se jugaron.

En los 29 encuentros registrados hasta ese corte, Quilmes consiguió nueve victorias, ocho empates y doce derrotas: 35 puntos, con 28 goles a favor y 24 en contra. El último resultado incorporado es el triunfo por 1–0 ante San Martín de San Juan, en el Centenario.

Estas cifras describen un tramo de la campaña, no una posición final. Los encuentros que siguen en el calendario se incorporarán cuando se disputen, para que la historia reciente mantenga la misma distinción entre hechos confirmados y resultados todavía abiertos.